La luz y el color como identidad de la ciudad

  • La arquitecta Lola Robador hace un repaso de la historia de la arquitectura de Sevilla y sus jardines

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"La luz es la clave de todo el color de la ciudad y su paisaje". La arquitecta Lola Robador, destacada profesional responsable de importantes obras de restauración, como las realizadas en las Casas Consistoriales, advirtió ayer la importancia que tiene conocer la historia de la ciudad, y sus colores, para que no se convierta en un decorado de cartón sin identidad alguna. La profesora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Sevilla pronunció en la tarde de ayer la conferencia Ciudad del paraíso. Luz y color en los jardines sevillanos, en la que repasó la evolución arquitectónica de Sevilla, los colores de sus estaciones a través de las plantas y los pájaros y se deleitó en los jardines del Real Alcázar en los que la arquitectura y los jardines son indisolubles.

El salón de actos de la Fundación Valentín de Madariaga se llenó para asistir a esta charla organizada por la Asociación de amigos de los jardines y del paisaje. Robador insistió en una idea clara que hay que transmitir hasta a los más pequeños: "Saber contemplar y mirar para no perder la identidad de la ciudad en el mundo contemporáneo". La clave de la percepción de la ciudad son sus colores y cómo reflejan la luz única de Sevilla: el blanco, "que refleja la calma y la paz"; el almagra, "que simboliza la fuerza, la potencia, la energía o la calidez", y el amarillo, "la reflexión, la alegría, la conciencia". En todos ellos está la ciudad.

La casa patio es una seña de identidad de la ciudad de Sevilla en el que el agua, la arquitectura y la naturaleza se funden. Exponentes máximos son la Casa de Pilatos, el Hospital de los Venerables o la Casa de los Pinelo. "Son lugares de recreo y contemplación. Los corrales y las casas señoriales. La jardinería ha sido el punto den unión entre la gente. Siempre se ha cuidado mucho". Las plantas son también fruto de la luz de Sevilla: "La naturaleza despliega aquí toda su riqueza enriquecida con especies traídas de todo el mundo". Y las macetas, como un elemento que se está perdiendo y hay que recuperar: "La tradición de adornar los balcones. Son una seña de identidad".

Lola Robador realizó una exposición muy y detallada de los colores de las estaciones reflejados en las plantas. Como el blanco del azahar, de los melocotoneros o del mirto, en primavera; el rosa violáceo del Árbol de Júpiter, en verano; las rojas, violáceas y blancas buganvillas, o la lantana con sus flores amarillas, en otoño; o las naranjas, en invierno.

Y es en el Real Alcázar donde todo se sublima y se experimenta con todos los sentidos. El albero, "otro don que la naturaleza ha concedido a Sevilla"; la cal, "consustancial a Sevilla y que vuelve a aparecer hoy consiguiendo incontables, bellos estables y luminosos colores"; o el azulejo, "que llega a su máximo esplendor en el Alcázar", también forman parte de la identidad que hay que cuidar. "Nuestro ánimo es que sepamos apreciar, conservar y transmitir a las nuevas generaciones la esencia de la riqueza histórica de la arquitectura en Sevilla. En la concepción y en la ejecución de los proyectos de restauración y en la nueva arquitectura, sin renunciar al espíritu de nuestro tiempo, se requiere un gran caudal de conocimientos, capacidad, sensibilidad, cultura, gran respeto y amor por esta ciudad".

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