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Andalucía

Los apóstoles de la buena nueva salen del Gobierno

  • Antonio Fernández, Martín Soler y Cinta Castillo, a quien Luis Pizarro les encargó hacer campaña por Griñán, se caen del cartel

"¡Al suelo que vienen los míos!". Lo aseguró ese ministro, dinosaurio de la política, que se llamó Pío Cabanillas. Algo así podrían gritar -ya sin mucho éxito- los que un día fueron llamados los apóstoles de Griñán, porque fueron los encargados de difundir la buena nueva de que el actual presidente, entonces vicepresidente económico, era la mejor opción para sustituir a Manuel Chaves después de sus 19 años al frente de la Junta. Sin embargo, los apóstoles o los pulpones -en referencia a Pulpón, representante de artistas- de Griñán han sido los grandes perdedores de la remodelación del Gobierno, los consejeros a los que Luis Pizarro pidió que hicieran campaña interna en el PSOE y sus aledaños en favor del nuevo presidente. Ni Antonio Fernández sigue en Empleo ni Martín Soler en Innovación ni Cinta Castillo en Medio Ambiente, y ni Luis Pizarro consiguió mantener su peso en el partido, aunque se quedará al frente de Gobernación.

Las razones de sus destituciones, sin embargo, no cabe achacarlas al apoyo que prestaron a José Antonio Griñán -ésas sólo las sabe el presidente-, pero lo cierto es que los hombres de Pizarro y de Manuel Chaves, éste último de viaje ayer en Brasil por razones de su vicepresidencia, han sido los perdedores de la transición que comenzó hace un año en la Junta. El malestar que ello ha provocado quedó patente por el hecho de que trascendiera que Martín Soler rechazó las dos consejerías que Griñán le propuso después de comunicarle que saldría de Innovación. Eran las de Medio Ambiente y las de Empleo, las de Cinta Castillo y Antonio Fernández. Martín Soler fue una de las estrellas del primer Gobierno de Griñán. Nombrado consejero de Agricultura por Chaves, Griñán decidió destituir a Francisco Vallejo de Innovación para colocarlo, pero su mandato sólo ha durado un año. Soler presentaba una buena gestión, terminó de solventar el problema de la aeronáutica Alestis, puso en marcha varios programas y restableció relaciones con sindicatos y patronal. Además tuvo que lidiar con los coletazos del caso Matsa.

El caso de Fernández es curioso. Griñán llegó a decir de él que ocupaba mejor ese espacio que el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, pero desde hace unos meses le reprochaba que no hubiera realizado cambios en el seno de su departamento. Fernández había alcanzado una interlocución de bastante intensidad con la CEA, UGT y CCOO, lo que le sirvió para lidiar con problemas laborales tan complejos como el de los astilleros de Huelva y Sevilla.

Por su parte, Pizarro se queda en una posición muy difícil, la apuesta que realizó por Griñán se le ha venido abajo, aunque en el congreso de hace dos semanas le dijo que no se arrepentía de lo hecho y que seguía pensando que era el mejor candidato a suceder a Chaves. También es cierto que buena parte de los cachorros que forman parte de la nueva Ejecutiva salieron de sus tiempos de mandato en el PSOE, lo que se tradujo ayer en cierta confusión en la sede del PSOE andaluz en la sevillana calle de San Vicente.

Y una de las salidas que más ha llamado la atención ha sido la de la consejera de Justicia, Begoña Álvarez, una militante socialista del mundo jurídico, a la que le ha pesado el objetivo de reducir el número de consejerías y el hecho de que, si ella no hubiera sido destituida, Granada contaría hasta con tres consejeros: en Justicia, Agricultura y Educación.

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