Gloria y glorieta de los ferroviarios
Ruegos y preguntas
Renault cambió la faz de San Jerónimo, revolución industrial en un haz de huertas. A un lado del cementerio, carteles electorales; al otro, rutina lacerante de las chabolas del Vacie.
ANTES todo eran huertas salvo el edificio de la Sevillana y el cementerio de San Fernando. Eso era lo que había entre San Jerónimo y Sevilla. Lo cuenta Luis Miguel Solís, que no trabajó "ni un día, ni quiero", en Fasa Renault, pero lleva 32 años en el grupo de empresa que la fábrica de automóviles tiene en la calle Cataluña, frente la parroquia de San Jerónimo, una auténtica iglesia multiusos que acoge en los edificios anexos la escuela de rugby que celebra sus bodas de oro y el centro de la tercera edad que en marzo de 2007 inauguró Alfredo Sánchez Monteseirín.
David Guevara (Buenos Aires, 1975) llegó a Sevilla en 1999, con 23 años, justo el año que Monteseirín inició el primero de sus tres mandatos. Sus padres, Juan y Paqui, sevillanos de San Jerónimo, emigraron a Argentina. Su progenitor se colocó en una multinacional alemana de bombas de agua. Allí nacieron sus cuatro hijos. David fue el primero en volver a la tierra de sus padres. Se trajo de Argentina una vocación política adquirida en la Unión Cívica Radical de Raúl Alfonsín y la afición al San Lorenzo de Almagro, el equipo de fútbol del papa Francisco. Entró como concejal socialista del Ayuntamiento en lugar de Susana López, va de número once en la lista de Espadas y ayer repartía propaganda en la confluencia de las calles Cataluña y Navarra. Como fueron huertas, vino a dar un mitin Diego Cañamero, tal vez en pos de jornaleros último modelo.
Este antiguo compendio de huertas debe parte de su configuración urbana e industrial al empeño de dos pioneros inmortalizados en la avenida principal que une los dos tanatorios: la calle Medina y Galnares, en la que los carteles de Daniel González Rojas (IU) dejan paso a los de Juan Espadas (PSOE) a la altura de la Glorieta de los Ferroviarios. Fernando Medina Benjumea y Francisco Galnares Sagastizábal, hermanos respectivos de conocidos arquitectos -la sede regional del PSOE está en la casa de José Galnares Sagastizábal; Rodrigo y Felipe Medina Benjumea fueron coautores de la estación de autobuses del Prado-, adquirieron en 1938 estos terrenos para talleres de la Hispano y para ISA (Industrias Subsidiarias de Aviación). El 29 de abril de 1959, Medina y Galnares, que ahora se pronuncian como Daoíz y Velarde de los emprendedores, fueron dos de las 28 víctimas mortales de un accidente aéreo en la sierra de Cuenca al estrellarse un avión entre cuyos pasajeros figuraba el ginmnasta Joaquín Blume.
Manuel Martínez Pérez y Pedro Martínez Perea suman 64 años de vida laboral en Fasa Renault, en San Jerónimo desde 1966. Pasan todos los días por el centro de la Tercera Edad. Ven esta campaña más animada que las anteriores. Con un elemento para la discordia, el proyecto de un tercer tanatorio. "El PP eligió este barrio porque saca muy pocos votos y es donde menos perjuicios electorales puede tener", dice Evaristo Troya, secretario general de la agrupación socialista de San Jerónimo. "El PP aquí es la cuarta fuerza". La casa parroquial da a la plaza Manuel Mallofret, párroco de leyenda de este barrio que ha dado buenos jugadores de rugby y una miss España, Teresa Sánchez. Y presume de la historia de un monasterio donde se celebró el convite nupcial de Paquirri e Isabel Pantoja.
El Vacie también pertenece al distrito Norte, pero forma parte de Pino Montano. Allí no hay carteles. Se oyen nítidos los cantos de los gallos en el núcleo chabolista más antiguo de Europa. En noviembre se cumplen cuarenta años del fallecimiento de Francisco Franco, que figura en la nómina de quienes lo visitaron. "Aquí seguimos", dicen Pepa y Manolita, gitanas que llegaron a este núcleo desde Chapina. El poblado donde Samantha Villar buscaba figurantes para la televisión y Pepa Gamboa actrices para La casa de Bernarda Alba.
Como una rutina, desde allí se ve el goteo incesante de sepelios. Tus nietos no te olvidan, se lee en una de las coronas. Casi un centenar de niños del Vacie se duchan en unos módulos construidos junto a las chabolas. Del mantenimiento se ocupa José Luis Marín, que firmaba Kint sus trabajos como reportero gráfico y cámara de televisión hasta que una minusvalía le obligó a abandonar una trayectoria profesional en la que incluye sus trabajos para el pabellón de Canadá en la Expo 92. "Además de duchas para los niños, aquí meriendan cuando vuelven del colegio y sus madres dan talleres de cocina, costura y de matemáticas relacionadas con el precio de las cosas". Entra un furgón policial precedido por un coche oscuro conducido por una mujer rubia. "Debe ser la secretaria del juzgado", dice el antiguo reportero gráfico.
No hay carteles en el Vacie ni anuncios de mítines. El único pregón es el canto de los gallos, metáfora de tantas negaciones en tanto tiempo, y la jerga de las gitanas portuguesas que se reparten el aparcamiento del tanatorio. Enfrente, los bloques del Polígono Norte, que pertenece al distrito Macarena. El distrito Norte tiene como límite convencional la SE-30 en su confluencia con la avenida Manuel del Valle, el alcalde que preparó la ciudad para la Expo 92. La ciudad consiguió la Expo, el Maestranza, el Metro, el Metrocentro, el Mundial 82, la torre Pelli, el Metropol Parasol, pero ahí siguen las chabolas del Vacie y Alejandra, nueve años, preguntando al periodista por qué pregunta tanto.
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