La lombriz, nueva savia agrícola

Un emprendedor de Hinojos se lanza a la aventura de producir abono orgánico a partir de invertebrados El objetivo es llegar a exportar humus de primera calidad fuera de la provincia

La lombriz, nueva savia agrícola
La lombriz, nueva savia agrícola
Carlos López Rociana (Huelva)

18 de agosto 2013 - 05:04

Aristóteles definió a las lombrices como "los intestinos de la tierra". Siglos más tarde la ciencia corroboraría sus palabras demostrando su capacidad para procesar enormes cantidades de restos orgánicos, constituyendo así el mejor fertilizante natural. A pesar de semejante currículo y de ser Huelva una provincial líder en producción ecológica, en la comarca del Condado no existían empresas que comercializaran este abono orgánico, el único autorizado para la agricultura ecológica.

Álvaro Pichardo es un emprendedor hinojero que, después de casi una década de ensayos y trabajo experimental, pretende ocupar este nicho de mercado. En la actualidad su meta se centra en la producción de un humus de primera calidad e ir distribuyendo primeramente a las provincias de Huelva, Sevilla y parte de Cádiz.

Este capataz forestal y trabajador del Infoca explica que siempre ha mantenido una inquietud por las taras que para el medio ambiente tiene el uso indiscriminado de fertilizantes químicos y plaguicidas, lo que le llevó a indagar en alternativas de producción de fertilizantes orgánicos, dados los múltiples beneficios que tienen para la tierra, así como la ausencia de contraindicaciones. Explica que él mismo quedó sorprendido por los "milagrosos resultados del humus de lombriz", con cuyo uso se logra salvaguardar la salud alimentaria, pudiendo ser aplicado indistintamente en jardines, huertas o grandes explotaciones.

Con este fin inició una profunda formación en este campo, visitó diferentes empresas nacionales y trazó sus estudios de mercado para corroborar que la demanda de humus actualmente no se encuentra cubierta por empresas de la zona. Fue así como conoció que a nivel físico, químico y biológico los beneficios de las deyecciones de la lombriz para la tierra son innumerables, amén de no existir ningún cultivo agrícola en el que su uso esté contraindicado, ni hay riesgo de sobredosis.

Pichardo explica que para alimentar a estos invertebrados se decantó por el estiércol de caballo, debido a la enorme cabaña equina que existe en la zona, lo que le garantizaba la materia prima para su producción. Pero no fue este el único elemento definitorio. "La alimentación de estos animales es mucho más sana que la del ganado aviar o vacuno", sentencia. En cualquier caso, el joven pretende utilizar además los residuos vegetales que genere el municipio.

El empresario explica que durante el proceso productivo del abono se llevan a cabo tres fermentaciones que duran un total de nueve meses. En la primera de ellas tiene un origen anaeróbica; para lo cual se amontona el estiércol durante siete días a una altura no inferior a un metro. El siguiente proceso es regarlo para mantener la humedad y removerlo para obtener un proceso uniforme, en este 'hábitat', a unos 70 grados de temperatura, los microorganismos realizan el trabajo de descomposición.

Tras esta esterilización entran en escena las lombrices rojas californianas, encargadas de digerir este alimento y transformar todos los nutrientes en el preciado abono orgánico. Después de pasar por el filtro de sus estómagos, sus deyecciones se convertirán en el preciado abono. Dado que estos animales carecen de dentadura, se hace necesario regar el producto varias veces para mantener la humedad y preservar su hábitat. Este proceso suele tardar casi dos meses, ya que es necesario renovar capas del estiércol esterilizado tras comprobar que las lombrices suben a la superficie en demanda de más alimento.

Tras este paso el producto pasa a la zona de secado, donde se produce una tercera y última fermentación de la que se obtiene el humus final: un fertilizante que contiene miles de microorganismos esenciales para la planta, de aplicación y asimilación directa.

En contra de lo que pudiera parecer, la parte más ingrata del trabajo no es trabajar con estiércol si no toda la burocracia que conlleva montar un negocio que como Álvaro Pichardo afirma ha llevado a cabo "sin subvenciones de ningún tipo ni por parte del Gobierno central con los programas del área de influencia de los Parques Nacionales ni por parte de IDEA de la Junta de Andalucía".

Sólo con sus recursos y los de las entidades de crédito ha podido reunir la inversión de 20.000 euros para la puesta en marcha del negocio y el alquiler de una extinta nave de pollos de 1.200 metros cuadrados. Dentro de esta burocracia también está pendiente la prueba de una Declaración Ambiental Unificada, que de las tres figuras medioambientales es de aplicación una de la más dura, a pesar de que su actividad es inocua para el medio ambiente.

A la espera, Pichardo explica que es normal que este celo medioambiental se lleve a cabo con quienes trabajan con estiércol de gallina, que desprende líquidos y, en consecuencia, genera riesgos de filtraciones en el suelo incrementado los riesgos por las hormonas y medicinas que se les dan a estas aves. Sin embargo, explica que al ser de caballo todo es más limpio, aunque "se nos mide por el mismo rasero".

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