Palabra del año 2025

Síndrome expresivo 99

Letras del Scrabble.
Letras del Scrabble. / Christopher Walkey (Pixabay)

Como cada año, el último artículo de la serie lo dedicamos a analizar las palabras que han marcado nuestra existencia diaria en diversas facetas: el barriobajero debate político, la siempre inestable economía, las novedades culturales o la sorprendente crónica de los sucesos de sociedad. Unos signos lingüísticos de apariencia curiosa y, al mismo tiempo, llenos de reflexión para todo usuario de la lengua con algún interés por lo que sucede alrededor de su Iphone.

En la arena política hispánica, no abandonamos nuestra milenaria costumbre de la forración, definido como “el procedimiento para reforzar y llenar los bolsillos de los representantes públicos mediante el cobro de comisiones, la exigencia de mordidas en los concursos oficiales o el lucrativo juego de las puertas giratorias”. Todo muy español a derecha e izquierda, mientras que los paganinis de toda la vida se levantan cada mañana para lograr algún día disfrutar de las migajas de la jubilaunción: “En la España del siglo XXI, ley social que consiste en el reconocimiento por el Estado del derecho a una pensión económica a todos aquellos trabajadores que, por razón de vejez física o decrepitud mental, cesan su actividad laboral justo antes de morir”.

España y los españoles. A nosotros los ibéricos nos pone el geniocidio, “tradición hispánica caracterizada por la eliminación sistemática del talento de un grupo humano por motivo de envidia, imbecilidad, vacío mental o simple dejadez”. En nuestra escena pública o en la barra del bar, ensalzamos la incultura y el silencio cómplice con el poder. Aquí, afilamos el colmillo para sostener entre todos la columna vertebral de un país de mediocres y practicamos (siempre para obtener un miserable rédito personal) el arte de la narrarquía para contarles a nuestros colegas y seguidores en redes sociales una colección de historias variopintas para manipular los sentimientos del receptor y, por supuesto, lograr un beneficio particular. Bienvenidos, un año más, a la república independiente de mi casa.

Y, claro está, si de individualismo hipócrita va el asunto, me viene a la mente la palabra gespitar, cuyo significado nos remite a la nueva pandemia en el mundo educativo desde la más tierna infancia hasta los honorables estudiantes de másteres del universo. El término nace de la fusión de los verbos gepetear (el empleo del chat GPT) y despistar. Ahora, lo que le gusta a la peña es esta técnica de copiado de contenido ajeno o creado por inteligencia artificial generativa para colarlo como propio a través de otras aplicaciones que borran o diluyen las huellas del plagio descarado. Profe, ¿le puedo hacer un trabajo para que me apruebe? Profe, ¿no le gustan las doscientas páginas que he copiado (y no he leído) del Chat GPT? Profe, ¿cómo se ha dado cuenta de que he utilizado la Inteligencia Artificial? ¡Te como la cara, miarma!

Pues sí, querido lector, a estas historias semánticas dedico mi tiempo libre. Si les soy sincero, no sé qué trágico episodio pudo torcer mi vida. Tal vez la causa de mi desorientación vital fue un mal golpe en la cabeza o una intoxicación lingüística mal curada. Pero, hablando de ocio y de curiosidades léxicas en la creación de palabras, me viene a la mente el maravilloso (y egoísta) estilo made in Spain de acamplayar o “desembarcar en las arenas de la playa con todo tipo de artilugios para la ocupación del espacio público: sombrillas de diámetro kilométrico, estructuras de acampada, neveras XXL y un bazar completo de juguetes y elementos neumáticos”. Sería una versión veraniega y actualizada de la machadiana España de charanga y pandereta.

Y, ya puestos a analizar las costumbres de sociedad, no podemos olvidarnos del término que remite a un personaje social imprescindible en cualquier concentración festiva en Andalucía como, por ejemplo, la Semana Santa o la cabalgata de sus majestades los Reyes Magos. En este caso, nos referimos al neologismo fumabullas o “adicto al tabaco con la costumbre de fumar en plena aglomeración de personas o celebración popular multitudinaria”. Debemos aclarar que, tras la publicación del significado, varias asociaciones de lingüistas han expresado en público una crítica a esta definición por la ausencia del adjetivo “imbécil” en la redacción definitiva.

Consejo final

Como obliga la tradición, a finales de diciembre cada lector elegirá su palabra del año 2025 por diferentes razones. Unos optarán por los términos clásicos llenos de esperanzas o los relacionados con proyectos personales y comunitarios. Otros, en cambio, denunciarán con amargura la descarnada realidad provocada por los seres humanos. Por mi parte, solo un deseo para el próximo año en forma de reflexión: los medios de comunicación, los jefes supremos de las aplicaciones digitales, los asesores políticos, los profetas de la eterna juventud y los sabios de la nada retuercen y manipulan las palabras para lograr un beneficio particular. Nada es gratis ni inocente. Ni las palabras. Feliz 2026. Vale.

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