Shirley | Estreno en Filmin Vampirismo literario, distorsión 'arty'

Avalada por Martin Scorsese, producida por Christine Vachon, cómplice habitual de Todd Haynes, y dirigida por Josephine Decker (Madeline’s Madeline), Shirley se adentra en la vida excéntrica y decadente, la psique trastornada y los esfuerzos creativos de la escritora Shirley Jackson (1916-1965), autora de culto que se granjeó prestigio gracias a sus relatos de terror (La lotería) y a novelas como La maldición de Hill House, obra de referencia del género para autores como Stephen King.

Precisamente la última de sus novelas, Siempre hemos vivido en el castillo (1962), y la biografía sobre la autora de Susan Scarf Merrell, parecen ser los pilares esenciales para este retrato de la escritora en su vida de encierro en North Bennington, Vermont, junto a su marido, el profesor y crítico literario Stanley Hyman, un retrato en el que la pareja se desdobla en otra más joven a la que acogen en su casa en un doble proceso de promoción y vampirización en el que no es difícil ver el trasunto de ellos mismos años atrás.

Marcada por el preciosismo fotográfico y la meticulosa reconstrucción de época (años 50-60), Shirley flirtea demasiado con las formas de ese cine arty en el que los estragos del proceso creativo, marcado aquí por la agorafobia, las adicciones y las obsesiones enfermizas del personaje, se materializan en una serie de secuencias oníricas, distorsiones y demás efectos expresionistas que entorpecen más de lo que sugieren. Se trata aquí, en definitiva, de trasladar a imágenes ese doble universo de la vida en pareja marcada por la rivalidad, los celos y el mundo de Academia y la crisis interior de un personaje inestable cuyos bloqueos creativos sólo pueden liberarse a través del vampirismo y la fantasía.

Elisabeth Moss, también productora del filme, compone uno de esos personajes intensos a los que nos tiene acostumbrados y aguanta el plano corto y angular en busca de expresiones, angustias y estallidos que confieran credibilidad a su desagradable criatura. A su lado, Michael Stuhlbarg, en el papel del marido, y Odessa Young, como la joven ayudante y víctima, resisten el envite y el duelo entre salidas y entradas, manipulaciones, infidelidades y pequeños juegos detectivescos. A la postre, como tantas otras películas de esta era, Shirley deja entrever bajo su retrato hipertrofiado de una escritora en crisis y un mundo cerrado, un nuevo alegato feminista para las nuevas generaciones.