puerta de los palos

La letanía de la Esperanza

  • Hasta el primero de junio está abierta en el patio de la sede de la Fundación Cajasol, en la Plaza de San Francisco, la exposición de fotografías a gran tamaño de Arturo Candau del Cid

EN Sevilla da gusto encontrarse a determinadas personas por la calle porque te dan el parte preciso sobre el estado de sus devociones. Fernando Morillo, el vestidor de la Esperanza de Triana, hablaba de la Virgen como de una persona misma cuando volvía a su taller de joyería de la calle Pureza. Y mientras echaba la tranca de la puerta para atender a una clienta a deshoras soltaba sin saberlo un verdadero pregón: "Ella hoy está disgustada, otros días está más contenta". De Antonio Ríos ya hemos referido cómo le lleva al Señor las peticiones de tantas amistades que le siguen pidiendo como si fuera aún el prioste oficial. Y allí que va don Antonio en el autobús de los viernes desde la parada de Felipe II al tranvía, con estación en San Onofre, y después a pie hasta la basílica cargado de oraciones ajenas para dejárselas al Señor con la misma delicadeza que le ajusta el cíngulo en esas noches de intimidad. Sevillanos que llevan dentro un poeta sin saberlo, que saben escoger las palabras más bonitas para describir lo cotidiano. Hay gente que sólo te habla de muertos, que disfruta dándole pábulo a la guadaña, y gente que te da la misma vida al dibujarte con la palabra una trincherilla sobre cómo está el Señor o la Señora -con mayúsculas- de los amaneceres y de los ocasos de sus días.

Así ocurre con Arturo Candau del Cid, que lleva toda una vida tratando de captar en una cámara de fotos la mirada profunda de la Virgen de la Esperanza. Con ese torrente de voz de capataz antiguo, con ese cuerpo de niño grande, con ese estilo exento de recovecos, con esa bonhomía hecha persona, expone estos días jubilares en el precioso patio de la Fundación Cajasol una serie de fotos de gran formato, pues grande es su autor cuando habla de la Esperanza cualquier día del año, hasta tomándose un Tío Pepe. "La Esperanza existe, Fiscal. Yo la he vivido, yo la he sentido, yo sé que existe. No se puede dudar nunca de la existencia de la Esperanza. Soy fotógrafo por Ella. Ella nos protege aunque haya días que parezca que no. Y Ella es de todos y para todos. En ella están clavadas las miradas de miles de personas que ya no están, en Ella están las oraciones de mis abuelos, por eso Ella es mucho más que una talla". Y para ilustrarte que la Esperanza es para todos los públicos te cuenta la anécdota de principios de los noventa, cuando siendo costalero vio a una pareja de punkies extasiarse con la llegada de la Virgen por la Resolana. Y oyó cómo ella le dijo a su acompañante: "Fíjate, qué rockera viene..."

Las fotografías que se pueden contemplar en la antigua Audiencia tienen alma, algunas son verdaderos retratos, otras son aldabonazos. Están bautizadas con las letanías, una letanía que son el pie perfecto para cada imagen. Casa de Oro, Salud de los Enfermos, Puerta del Cielo, Madre de Dios... Y la preferida por el autor: Causa de nuestra Alegría. Yo creo que hay días que Arturo Candau, un tiarrón de los pies a la cabeza, sigue llevando la túnica de la Borriquita. Por eso dice las verdades. Como los niños. Y a voces. Como los niños.

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