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'Comida y basura' Cómo hacer un arroz con lagarto (y otras recetas)

  • El poeta Álex Prada debuta en la novela con 'Comida y basura', una aproximación tierna y lírica a un paisaje humano en vías de extinción

El poeta y narrador Álex Prada (Sevilla, 1981). El poeta y narrador Álex Prada (Sevilla, 1981).

El poeta y narrador Álex Prada (Sevilla, 1981). / Inés García del Castillo

Álex Prada (Sevilla, 1981) ya había mostrado como poeta, con libros como La linterna de Aristóteles o Epopeyas de bolsillo, una voz potente e impredecible, un universo que huía de lo confesional para proponer una experiencia estética desde el homenaje a iconos populares y el recurso a las referencias literarias y cinematográficas más diversas. Esa mirada singular se mantiene en su salto a la novela, Comida y basura (Seix Barral), una obra en la que, a través de la peripecia de René y Rosarito, dos desheredados que sobreviven con la venta ambulante y la caza de pajaritos, se reivindica una España que algunos creerían en vías de extinción: la de los mercadillos y las peleas de gallos, la de los bares donde se sirven torreznos y se ven las corridas de toros, que sus protagonistas recorren montados en su furgoneta C15. Un mundo que Prada explora con humor, ternura y lirismo, y en el que sobrevuelan ecos de otros maestros que han dejado huella en el autor, "como esos ambientes de la gran prosa hispanoamericana y especialmente de Onetti o esta cosa de Umbral de hacer poesía en cada frase, o la parte más narrativa de Delibes. Algo también muy cinematográfico, inspirado en ese mundo de Terrence Malick o de Paul Thomas Anderson", señala el sevillano.

Prada refleja un paisaje humano "que parece de la época de Delibes, pero que sigue dándose. Bajo mucho a una pedanía de Badajoz y allí me encuentro con situaciones que consideramos antiguas, pero que aún perviven", explica. "Son costumbres de las que podemos aprender mucho; pienso en la relación con los animales, con la naturaleza, o en la gastronomía, que es muy importante en este libro", valora. Comida y basura incluye en sus páginas, de hecho, un recetario que detalla entre otros platos cómo hacer paloma torcaz estofada, arroz con fardacho [lagarto] o sangre encebollada. Al narrador le interesaba ahondar en "cómo nos relacionamos con lo que comemos, prestar atención a esos frutos que nos da la naturaleza, que parecen malas hierbas pero que pueden ser suculentos. Lo primero que me dijo de la novela Jesús Carrasco [autor de Intemperie, publicada también en Seix Barral y en la que es fácil encontrar un parentesco con esta obra] es que le encantaba encontrar por escrito palabras que no asomaban nunca por la literatura, como tagarnina. Hablo de algo que cocinan mis abuelos, pero que para el resto del mundo pasa desapercibido, especialmente en mi generación".

Álex Prada. Álex Prada.

Álex Prada. / Inés García del Castillo

El escritor opina que "tenemos muchos prejuicios" con lo rural. Hay lectores, cuenta, a los que sorprende que René, el protagonista, "esté todo el tiempo devorando libros pese al entorno en el que se mueve, las circunstancias que tiene, pero eso es perfectamente posible", defiende Prada, que quiso reflejar esa sabiduría que los habitantes de la ciudad han perdido "en los personajes, pero intenté también que éstos no cayeran en una idealización irreal, que tuvieran sus contradicciones, sus dualidades, que se enfrentaran a momentos chocantes. El gallero, por ejemplo, se lamenta de tener que matar tantos gallos, pero asume que es un trabajo que alguien tiene que hacer".

Fue un episodio real el que prendió la chispa de Comida y basura, revela Prada. "En León vi algo ante lo que sentí un flechazo: unas personas vendiendo en un tenderete cachivaches y objetos que nadie iba a comprar nunca. Imaginé: Estos tíos tienen que tener algo más, porque esas porquerías no las van a vender nunca. Me conmovieron porque parecían desvalidos, pero también se les veía muy unidos, me provocaron mucha ternura. Y a partir de ellos fueron surgiendo otros personajes a los que les tengo mucho cariño. Una vez que doy con el argumento, escribir para mí es como quedar con esas criaturas para saber de sus vidas, para que me vayan abriendo tramas".

"Quería plasmar esa sabiduría de lo rural, pero también mostrar sus contradicciones, su dualidad"

La estructura de Comida y basura alterna las vicisitudes de René y Rosarito con extractos de las lecturas de él, libros que toma prestados de la biblioteca y que informan de asuntos tan dispares como las cualidades del nitrógeno o la vida de Jesucristo. "Quería una prosa densa, poética, rica, pero al mismo tiempo veía que tenía que darle aire, y no solamente con los diálogos o las escenas más rocambolescas en el bar. Se me ocurrió que con esos textos conseguía lo que buscaba", afirma Prada. "Con la editorial limé esta parte porque se me iba un poco de las manos, llegué a escribir crónicas del pasado del pueblo, pero dejamos finalmente lo esencial. Esos textos sirven a veces de contrapunto: si cuento una escena en el bar donde ven una corrida de toros y se quejan de los animalistas, en el siguiente fragmento hablo de los jainitas, que rechazaban la caza y la pesca porque creían que todo elemento de la naturaleza tiene alma y debe ser respetado. Disfruté mucho con esto".

Como un heredero de Bigas Luna –"me suelen asociar más con Almodóvar, pero creo que quizás esta comparación sea más apropiada", dice–, a Prada le gusta jugar con el folclore en su obra, en la que no faltan referencias a discos del sello Belter, singles de Juanito Valderrama o de Lola Flores, pero también adorna con ciertos tópicos su propia biografía. "Nació en el hospital Virgen del Rocío un domingo de feria, y casi llega a futbolista en el Sevilla siendo del Betis", se puede leer en alguna semblanza. En su charla pormenoriza algo más su recorrido vital: "Yo soy de Dos Hermanas, pero conseguí una beca para hacer el quinto curso de Medicina en Madrid y ya me quedé aquí. Antes, de pequeño, estuve unos años jugando en la cantera del Sevilla hasta que el fútbol dejó de gustarme", cuenta el autor, que hoy ejerce de reumatólogo. Prada se suma así a un largo linaje de médicos escritores como Chéjov, Pío Baroja, Luis Martín-Santos "o William Carlos Williams. El otro día me compré un libro suyo y lo descubrí, no sabía que también se dedicó a esto. Yo elegí Medicina porque sacaba buenas notas y eso conlleva la presión de que tienes que hacer algo importante, no porque tuviera una vocación muy marcada. Y conocí mis crisis, porque yo nunca dejé de escribir. Hubo un homenaje en el Macarena, donde yo estudiaba, a Antonio Gala por el que me dije: yo quiero ser como este señor, yo no quiero ser médico. Pero seguí adelante y no me arrepiento. Mi profesión me ha dado muchas satisfacciones, y en lo literario también he visto cumplidas las expectativas. Que Seix Barral se hiciera con el manuscrito de Comida y basura es un orgullo".

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