Don José y su equipo (1-0)
La Crónica
El Betis, fiel a la idiosincrasia que día día recuerda su técnico, doblega al Madrid en un partido pleno de casta. Los de Mel, por medio de Beñat, aprovechan su ocasión y apenas dan opciones
Se dice porque hay que decirlo. Porque es pura esencia del Betis. Ni más ni menos que su idiosincrasia. Pero en esta ocasión, incluso quien se ha erigido en su faro, guía y mejor conocedor del paño, Pepe Mel, lo dijo un tanto con la boca pequeña. Mira que si el Betis... Y no le faltaban razón ni a él ni a los béticos. Cualquiera, en otras circunstancias, lo hubiese proclamado a boca llena: "Verás como el Betis es capaz ahora de ganarle al Madrid". Y no le hubiera faltado razón. Pero venía de perder un derbi como lo perdió, haciendo el ridículo. Por eso, hasta Mel, cuando apeló al famoso Currobetis que acuñara el insigne Luis Carlos Peris, lo hizo más desde el deseo que desde la fe. Sea como fuere, eso sí, lo que diga don José va a misa.
Y vaya si fue. Si alguien tenía dudas de cómo iba a salir el Betis ya el saque inicial fue una declaración de intenciones. Y es que este partido es difícil de entenderlo y desmenuzarlo sin el anterior. Y si ante el Sevilla, en apenas trece segundos el balón fue de Rubén Castro a parar a las redes de Adrián, ayer esa jugada inicial se dibujó justo como a los niños les enseñan en el colegio cuando empiezan a jugar a esto: balón adelante, otro atrás y el lanzador, Beñat en este caso, diestro, hacia la posición del extremo zurdo, Juan Carlos. Si encima el resultado es que el madrileño la controla bien, centra y empieza a meterle los miedos a Casillas... Claro queda que nada es casualidad.
Porque tampoco hacer falta estar sobre el césped para ver la cara de los futbolistas. La vergüenza de este equipo, con mayúsculas, que ahormó este entrenador en las penurias de citas como las de El Toralín o El Alcoraz está fuera de duda. Cierto que sorprendidos, alobados, reos, de dos goles tempranos ni éstas salieron a relucir, pero quizá por eso, quien los conozca, como es el caso de su entrenador, sí tenía la carta de la actitud como la primera a esgrimir ante el coloso.
Jugando así, con fe en la disputa ante quien es más grande, más guapo y más fuerte, se puede. Máxime si éste se ha dejado gran parte del gas ante un igual, en Manchester, unos días antes.
Ese trabajo, el psicológico, lo empezó a ganar Mel en el primer entrenamiento de la semana, obligando a los suyos a purgar penas antes los mismos que ayer hubieran sido capaces hasta de pedir un autógrafo al mismísimo Nelson. O a Jonathan Pereira. Con esta baza ganada, la de la actitud, y con la fortuna de encontrarse no con medio Madrid pero sí con uno menos bueno, sólo era cuestión de que la táctica la hiciese buena alguien.
La tarea recayó en quien quizá, en puridad, fuese el peor futbolista sobre el campo. ¿O habría que decir el mejor? Beñat, en uno de los momentos más confusos de su carrera deportiva, en un partido en el que demostró su grandeza a última ahora achicando balones ya sin resuello, fue quien, en el único arrebato de calidad, puso al Betis por delante con un golazo que elevó a los altares el planteamiento de su entrenador.
El partido fue largo, larguísimo, desde que en ese minuto 17, el vasco eludiese a Khedira tras un saque de banda y, miedoso de cometer falta, el alemán lo dejase armar la diestra hasta donde le duele a todos los porteros, Casillas incluso. Beñat, como su equipos, fue más alma que fútbol. Y tuvo el mérito, teniendo enfrente el reino de la calidad, que suya fuese la que reluciese.
El partido, además, se le quedó a contrapelo a Beñat, que no al Betis. El balón fue para el Madrid y a los verdiblancos les correspondió una labor a la que cada día hacen menos ascos. Defender ya no es un marrón para los hombres de Mel. Ayuda, claro está, la obligación, esa grada asistente al partido con el palo y la zanahoria, pero también la disposición del equipo, el sacrificio que se atisbó incluso en Rubén Castro, en un Cañas hiperactivo y hasta en un Ángel al que el rival y el ritmo se lo llevaron por delante no sin antes salvar un gol bajo palos.
En actitudes y detalles, en un partido de verdad, de hombres, con dos centrales que parecieron de Champions, forjó el Betis, el Betis de Mel, su victoria más dulce. Cierto que no redime al bético, pero no lo es menos que mañana valdrá más que hoy y menos que pasado. ¿Verdad, don José?
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