Mel tiene un plan B, le falta un equipo B (1-1)

Liga Europa: rijeka - betis · la crónica

El Betis, cuajado de nuevas incorporaciones, suma un punto ante un mediocre Rijeka al que no fue capaz ni de intimidar. La descoordinación de la zaga y la nulidad en ataque lastran el juego de los verdiblancos.

Foto: EFE
Javier Mérida

03 de octubre 2013 - 21:00

Los detractores de Mel, que aunque parezca increíble existen, lo han acusado en alguna que otra ocasión de no tener un plan B, ya fuese referido a sus alineaciones o a la forma de ajustarse el equipo sobre el césped. Incluso, cuando dispuso ante el Olympique de Lyon diez cambios en la alineación, ya en la previa pesaban sobre el técnico los cargos de que estaba tirando la competición por la que el Betis tanto había luchado la temporada anterior. Este jueves, en la costa del Adriático, repitió su revolución en el once inicial, con nueve caras nuevas respecto a los futbolistas que doblegaron al Villarreal. Y si algo quedó en evidencia es que de lo que carece este Betis es de un equipo B. Al menos, por el momento.

Puede resultar ciertamente aventurada la afirmación, máxime cuando el nivel de los jugadores titulares en la Liga no es ni mucho menos alto. Pero el desempeño de algunos de los que jugaron frente a este feble y tembloroso Rijeka evidencia que existe gente de diversos calibres en la plantilla. Que la pretendida homogeneidad no es tanta y, principalmente, en parcelas que pudieran ser consideradas clave.

El conjunto croata no es nada por más que su técnico, el competente Mtjaz Kek, se haya afanado en dotarlo de cierto de orden y de una agresividad, por fases, que le sirve para arrimar el balón hacia su mejor hombre, Benko, y hacia el grandote que lo acompañó este jueves, Krstanovic, un émulo de Braian Rodríguez que, no obstante, demostró más capacidad de trabajo que el uruguayo.

Sólo por eso el punto cosechado en Croacia sabe a poco. Porque vista la entidad del rival, menos de la que se presumía incluso, todo invita a pensar que Lyon y Vitoria Guimaraes, los otros dos componentes del grupo, harán pleno en estas tierras. Tanto como que franceses y verdiblancos golearán a los ex yugoslavos en sus feudos como ya hicieron los lusos.

El partido del Betis no es que no tuviera ni pies ni cabeza. Sólo que las individualidades anduvieron por debajo del conjunto. A éste, a su técnico, quizá sólo pueda achacársele que mover la línea defensiva al completo, como nuevamente hizo, siempre va a ser síntoma de descoordinación. Circunstancia además que se agrava si los dos laterales apenas miran a su lado ni a su espalda y no tienen la anticipación incorporada a las virtudes que se les suponen. Ciertamente, Steinhöfer y Dídac no sólo no crearon apenas peligro en sus incorporaciones, sino que permitieron latifundios a su alrededor que volvieron locos a los centrales. Perquis, verdaderamente, vendió su espalda en los compases iniciales, pero cuando el francés se entonó y acabó por compenetrarse con Jordi observó que el agua seguía llegando incluso con más fluidez.

Problemas defensivos que habían dado como resultado un gol temprano. La pasividad de Dídac arrastró a su central, Jordi, y Perquis fue a buscar la marca de éste. Steinhöfer, por contra, no cerró con igual prontitud y Benko le remató a Andersen más solo que la una. La jugada se repitió alguna que otra vez, pero tampoco la calidad arriba de los croatas les da para más de un gol. También lo hizo el Betis. Sin Rubén Castro, sin Jorge Molina y... sin Braian Rodríguez, quien tiró al cubo de la basura la primera titularidad que le otorgó su entrenador, que además se cargó de razones para darle la segunda cuando le venga en gana o no tenga más remedio.

Hasta nueve futbolistas firmados en verano se dieron cita en el once inicial. Los que Mel suele poner cumplieron, Cedrick y Reyes incluso destacaron. Pero los laterales, el ariete, el guardameta e incluso un retraído Juanfran volvieron a sembrar dudas y a justificar el porqué de sus incomparecencias en las alineaciones. Y da igual el 4-2-3-1 de este jueves con dos medios de cierre, un 4-4-2 o un 4-3-3; comenzar presionando arriba que no, tocar el balón, centrar desde las bandas o jugar en largo. Hoy lo que se echa de menos son dos o tres peloteros de calidad y menos de lo que parece relleno. El invierno aún queda lejos, pero como algunos mimbres no se enderecen ni Mel siquiera hace un cesto.

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