O'Connell, ciencia indefinida
El periodista Michael Anderson y su equipo han estado en la ciudad tras la difusa pista de don Patricio, un técnico que hizo campeón de Liga al Betis y subcampeón al Sevilla.
Dos décadas después de ganar la Liga con el Betis, una década después de dejar al Sevilla en la segunda posición del campeonato, el entrenador irlandés Patrick O'Connell era entrevistado por el corresponsal de Marca, Borbujo, que lo cazó en su tertulia de la calle Tetuán. Eran los últimos días de don Patricio en Sevilla, a quien el club verdiblanco, entonces en Segunda División, le había organizado un partido homenaje que le reportó entonces un equivalente a 30 euros. Era 1954. Cinco después, el técnico murió solo en Londres, olvidado en una cripta anónima.
En aquella última entrevista realizada en Sevilla, el ya septuagenario O'Connell habló de fútbol, dejando notar el choque generacional y evidenciando los debates vacíos que se repiten hoy: "Pero, mire, no me haga caso. De fútbol no sabe nadie, ni los viejos ni los nuevos; porque el fútbol no tiene reglas definidas que se propalan a los cuatro vientos. Es una ciencia indefinida".
El histórico entrenador es en sí mismo una ciencia indefinida. De ahí que, sesenta años después de su muerte, siga siendo objeto de indagaciones. Nadie sabe por qué vino a España, nadie sabe de dónde salió el técnico que hizo del Racing uno de los primeros clubes importantes en España, quien entrenó al Betis campeón en 1935, hizo subcampeón al Sevilla, que salvó al Barça de su posible desaparición durante la Guerra Civil. Nadie sabe en qué circunstancias murió y, hasta hace bien poco, nadie sabía dónde estaba enterrado.
"Como se dice en inglés, O'Connell fue más vasto que una vida", cuenta Michael Anderson, a cargo de un documental sobre la figura del técnico. "En su vida personal se equivocó, pero los logros que consiguió en el fútbol fueron increíbles. De haberlo hecho en la actualidad, sería un personaje mundialmente conocido", comenta Anderson.
La intención de este director danés y afincado en Chiclana es la de hacer un retrato de los sucesos históricos y políticos del siglo XX mediante la vida de O'Connell. "No sólo vivió la Guerra Civil española, sino la Primera Guerra Mundial y los fenómenos revolucionarios en Irlanda", menciona Anderson para subrayar el rasgo "inusual" de un señor que abandona a su familia en Inglaterra, viaja a España sin saber una palabra del idioma ni de las costumbres y triunfa en el fútbol español con unas tácticas innovadoras. El afán era importar la profesionalidad de Inglaterra.
Pasados los años nadie sabía nada sobre él. Acaso únicamente en Sevilla, donde mantuvo su residencia en El Porvenir durante más de 20 años, a sus amigos y sus tertulias. Pero no quiso saber nada de su primera esposa ni de sus hijos, de su anterior vida. Y Anderson se pregunta el porqué, por eso ha visitado Sevilla.
"Por lo que he podido saber, amaba hondamente esta tierra. Muchas veces refería que en ningún sitio se vivía la vida como en Sevilla". Su regreso a Inglaterra antes de morir no es más que la enésima interrogante; otra indefinición, como la de la ciencia futbolística.
Antes de su muerte, lo último que los amigos de Patrick O'Connell supieron de él fue que se había marchado a Inglaterra "requerido por familiares para atender asuntos privados" después de haber recibido las 5.000 pesetas que el Betis reunió de un partido benéfico. Quienes cinco años después conocieran sobre su deceso no habrían dado crédito a lo que se rumoreaba: Don Patricio había vivido solo en sus últimos años, casi en la indigencia, abandonado en un hogar social y muerto ante la ignorancia de sus coetáneos.
Lejos quedaron, 25 años atrás, el título liguero del Betis después de sumar en la última jornada de la competición la victoria decisiva (0-5). La hazaña tuvo una gran resonancia en una Sevilla que celebraba la Feria en los terrenos del Prado de San Sebastián en aquel fin de abril. Tres días tardó la expedición bética en atravesar España y correr a compartir en el recinto ferial la codiciada copa con los suyos -como se aprecia en la foto de esta página-, tres jornadas de viaje en las que el entrenador verdiblanco, O'Connell, no dejó de dar vueltas a no se sabe qué asuntos que le rondaban en la cabeza.
Pionero, innovador, revolucionario, a O'Connell le tiene reservada la historia, al fin, un lugar de privilegio. Es conocido que cuando llegó a entrenar al Sevilla, en 1942, prohibió fumar a sus futbolistas. Quizá por ser persona experimentada, conocía los efectos que el tabaco y el alcohol ocasionaban en el organismo del deportista. A Don Patricio, un ex jugador reconvertido en técnico -algo poco común en aquella época- apenas entrenaba con el balón, sólo lo hacía una vez a la semana. Sus razones tenía.
Según él, la pelota "amaneraba el estilo de los jugadores". Dicen las crónicas que sus equipos eran disciplinados, fuertes, rápidos y verticales. En una entrevista en 1954 para Marca, el técnico insistía en lo que para él era la clave: "Lo trascendental es la rapidez; quien tarde en concebir una jugada le recomiendo que se dedique al ajedrez", sentenciaba.
Durante cerca de 60 años, Patrick O'Connell estuvo enterrado en una tumba sin inscripción en el cementerio St. Mary de Londres. Hasta que Sue O'Connell, mujer de Mike, nieto a su vez del histórico entrenador, se empeñó en buscar sus restos para darles una digna sepultura, lo que logró hace dos años. El plan de restituir su nombre no sólo en la muerte sino en la vida ha embargado el descanso de Sue durante años. Fue casi una obsesión. Su marido asegura sentir "celos" de su abuelo. Y se ríe. Ahora, después de haber logrado el objetivo, el sentimiento es de gratitud, contento y alivio.
"Todo comenzó en Madrid, donde trabajaba hace 30 años", explica Sue, que ha estado estos días en Sevilla junto a su marido para asistir al obsequio del busto del técnico del viernes. "En aquel momento fue la primera vez que oí hablar de Patrick O'Connell. Su nieto, Mike, ahora mi marido, era colega del trabajo y cogíamos el mismo autobús cada día. Él se sentaba a mi lado, mientras yo intentaba seguir las líneas de un libro, y me contaba las historias de su abuelo. En aquel tiempo no me interesaba nada el fútbol, pero me enamoré de Mike, nos casamos y, por él, fui enamorándome de la heroica y desconocida figura de Patrick O'Connell".
Además de haber sido la principal promotora de la nueva tumba de don Patricio en Londres, Sue publicó un libro sobre el entrenador que no solamente se limitaba a relatar el extraordinario episodio de su labor como "salvador" del Barcelona, sino que se extendió en contar todo lo que sabía sobre su estancia en Sevilla. Fue un etapa, la República, la Guerra Civil y la inmediata posguerra, que sigue despertando una inusitada expectación en todos los lugares del mundo. "El libro está vendiéndose muy bien", señala Mike, que considera que su mujer es demasiado humilde para reconocerlo, "incluso en países como Australia se ha vendido", añade, antes de lamentar que el Fútbol Club Barcelona se demore tanto en traducir la obra al catalán. "Nos lo prometieron. Ahora dicen estar buscando un patrocinio".
De promesas y posverdades están más que atiborrados Sue y Mike, que observan el fenómeno del Brexit como una catástrofe histórica. En una proyección histórica y vivencial, a todas luces ficticia, Mike y Sue no dudan de la posición que habría tenido el histórico entrenador de haber vivido en estos tiempos. "Como ciudadano comprometido y contrario a las divisiones, don Patricio hubiera apoyado la permanencia del Reino Unido en Europa", asegura un Mike que ya ha solicitado la nacionalidad irlandesa por vía paterna.
Bético y sevillista, hábil para construir puentes entre opuestos
Conocedor del fútbol desde dentro -coincidió en los juveniles del Brondby con Michael Laudrup antes de retirarse por una grave lesión- y de los conflictos bélicos de Ucrania o Afganistán -trabaja como reportero para Al-Jazeera-, Michael Anderson no pudo evitar la perplejidad de vivir en vivo el ambiente del último Betis-Sevilla. Y lo hizo con la cámara en ristre para intentar documentar la máxima expresión de la pasión balompédica sevillana que tan bien conoció Patrick O'Connell. Con el técnico irlandés, el Betis ganó su Liga en la 1934-35 y el Sevilla logró un subcampeonato en la 1942-43. Pero muchos son los decires y los pareceres de un pionero del fútbol que no sólo se las avió para regresar a España tras haber representado a la República de Cataluña en los años de la contienda civil durante la gira americana de aquel arruinado Barcelona sino que cambió de camiseta sin estruendos ni escándalos en la Sevilla de los años 40. A decir de Anderson, que trata con detalle este particular en su documental, el técnico creyó que el Sevilla, en alza entonces, era un destino más idóneo para su ambición que un Betis sumido en la depresión. "Después de ver el derbi, creo que la mayoría de los sevillanos saben que esto es sólo fútbol. No hay razón para perder amigos y creo que él estaba acostumbrado a construir puentes entre rivalidades enfrentadas. Fue la historia de su vida. Se crió en la católica Dublín pero jugó en la protestante Belfast, era irlandés pero triunfó en el Manchester, era republicano y volvió a ganar con Franco, fue bético y no eludió ser también sevillista".
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