Ana Mamea, un refuerzo para el Corteva Cocos que se transforma con el oval

Rugby | Liga Iberdrola

La delantera neozelandesa de 19 años llega a Sevilla con la confianza plena en convertirse en una jugada clave para luchar por el título de nuevo

"Mis acciones hablarán en el campo y veré a dónde nos llevarán", apunta la recién llegada

Anastasia Mamea, a la derecha, dirige las clases a los más pequeños.
Ana Mamea, a la derecha, en las clases a los más pequeños. / M.G.

Anastasia Mamea, una neozelandesa de 19 años, aterrizó en Sevilla a principios de octubre. Su cometido, a partir de ahora, será defender la camiseta del Corteva Cocos y convertirse desde su puesto en la delantera en una de las jugadoras más trascendentes de las Cocodrilas. No en vano, de su aportación dependerá que las sevillanas puedan subir de nuevo un escalón más y pelear de esta forma por el título de la Liga Iberdrola de rugby, algo que ya consiguieron hace dos campañas.

Ana Mamea, como se la conoce dentro del mundo del rugby de Nueva Zelanda, jugaba hasta ahora en el Manurewa Womens, "el mejor equipo", según sus propias palabras acompañadas por el emoticono de la risa, un club radicado en el Condado de Manukau Heat, en Auckland.

También jugó con un combinado llamado Moana / Maorí’s Pacific sub 21, un equipo que es una mezcla de jugadoras de Samoa, Tonga, Fiji y mujeres de origen maorí, aunque ella aclara que no es de esa raza aborigen, sino neozelandesa de origen samoano.

Transformación

"Sólo soy agradable fuera del campo, el día de los partidos no soy buena en el campo"

Mamea, calificada como una persona extremadamente afable fuera de un campo de rugby, admite su transformación cuando se trata de jugar al deporte al que siempre ha estado ligada, una verdadera religión en su país, Nueva Zelanda. "Sólo soy agradable fuera del campo, el día de los partidos no soy buena en el campo", admite una mujer a la que las fichas le otorgan 174 centímetros de estatura y 116 kilos de peso, algo indispensable para dominar esas facetas tan fundamentales en el rugby como las melés, las touches y todo tipo de agrupaciones.

Incluso se le otorga la posibilidad de desempeñarse en un puesto tan fundamental como el 'numero 8', aunque ella especifica que prefiere "jugar en las diferentes posiciones del paquete de delanteros". ¿Es consciente de la responsabilidad que tendrá de llegar teóricamente a un rugby con un nivel mucho más bajo que el de tu país? "Sí", responde con contundencia y sin ningún tipo de temor. "La seguridad viene con la confianza y la fe en una mismo", añade con un punto de liderazgo que resulta fundamental en el deporte de élite. Sin embargo, ahí también introduce una nueva precisión: "Las acciones hablan más que las palabras. Por ahora, mis acciones hablarán en el campo y veré a dónde nos llevarán".

Anastasia Mamea percute contra una jugadora del Cisneros en su debut en la Liga Iberdrola.
Anastasia Mamea percute contra una jugadora del Cisneros en su debut en la Liga Iberdrola. / M.G.

No le faltó tiempo para recibir el primer aviso en un campo de rugby. Apenas cuatro días después de su llegada, casi sin tiempo para adaptarse al horario de las antípodas, visitaba al campeón de la Liga Iberdrola, el Complutense Cisneros, en la Central de Madrid. 22-0 favorable a las anfitrionas, ni más ni menos. "Fue muy diferente a cómo se juega el rugby en casa, en Nueva Zelanda. Aparte de los contactos fortísimos, estas muchachas están muy en forma y son rápidas con el juego de pies y la habilidad con el balón. Me costó trabajo seguir el ritmo, pero era el primer día y espero mejorar con más entrenamientos", valora Mamea.

Llegó desde las antípodas, casi no le dio tiempo para entrenar un par de días y para adaptarse a unas circunstancias diametralmente opuestas a las que tenía en su país. "Mis dos primeros días en Sevilla fueron bastante complicados, no de una mala manera, sino de una manera en la que tengo que adaptarme rápidamente al entorno, ya que será mi hogar durante los próximos 5 meses. Sigo acostumbrándome al clima, la comida, la rutina de entrenamiento y la cultura también".

Mientras sí, mientras no, también colabora con sus enseñanzas a las niñas dentro de las escuelas del club sevillano de rugby femenino en una experiencia que también la enriquece con sus 19 años.

Experiencia

"En el rugby se trata siempre de vivir cosas nuevas y quería ver por mí misma cómo era el rugby en un país que no fuera Nueva Zelanda"

¿Por qué una joven neozelandesa se decide por iniciar una aventura tan distinta, tan lejos de su país, entre otras cosas porque es imposible estar más distante, en un sitio como Sevilla y en un equipo como las Corteva Cocos? "En el rugby todo se trata de experimentar cosas nuevas, supongo que cuando se me presentó la oportunidad de venir a España, lo hice y nada más. Quería ver por mí mismo cómo es el rugby en un país diferente que no sea Nueva Zelanda. Mi primer entrenamiento con el equipo fue bueno, a pesar de lo difíciles que son las salidas. Puedo decir que estoy más que agradecida de jugar al rugby aquí en España. Y deseando pasar una buena temporada con las chicas".

¿Y cuáles son las diferencias entre el rugby femenino en España y en Nueva Zelanda? "Complicado. Los preparativos, el profesionalismo, las organizaciones, la forma en que se planifica la formación... Todo es diferente aquí que en casa. No digo que sea ni peor ni mejor, sólo son estándares diferentes".

El próximo domingo, a las 11:30, la espera su segundo reto en España. Las Corteva Cocos se enfrentarán con el Eibar Rugby Taldea en el campo de La Cartuja, en su debut como locales en la presente temporada. Con un equipo muy renovado, se miden a otro de los semifinalistas de la pasada Liga Iberdrola. Es una nueva prueba después de derrotar de manera brillante al Majadahonda y caer noqueadas ante el Complutense Cisneros por ese 22-0. Será el momento para que Ana Mamea vuelva a mostrar su nivel, "con hechos, no con palabras, porque no soy nada agradable dentro del campo"…

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