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Tabla rasa en lo disciplinario

  • Míchel acabará con cierta laxitud que notó en la rutina de trabajo a la que se tuvo que adaptar por llegar a mitad de temporada. Su idea es que "llegar tarde a un entrenamiento es llegar tarde a una jugada".

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Cada maestrillo tiene su librillo, según recoge el refranero español, pero el de Míchel dista bastante del que, en un principio, podría aparentar de puertas afuera. La disciplina ha sido el caballo de batalla de los últimos entrenadores del Sevilla. Manolo Jiménez se las tuvo tiesas con futbolistas y empleados hasta el punto de que se creó un ambiente de crispación cuando los resultados empezaron a darle la espalda. Antonio Álvarez fue una especie de liberación para la plantilla que tuvo frutos inmediatos, pero a la larga fue contraproducente porque su complicidad con los jugadores no obtenía la respuesta que él esperaba ofreciendo bonhomía y comprensión. Gregorio Manzano no pudo enderezar los hábitos de una plantilla en la que los pesos pesados ya no tenían tanta voz ante la joven Torre de Babel en que se había convertido el Sevilla. Y Marcelino tampoco pudo zanjar lo que él llamaba vicios heredados, referentes tanto a competitividad como a espíritu colectivo, algo que siempre entraña un trabajo en común bajo la regla de la disciplina, pese a que siempre elogió el magnífico ánimo con el que entrenaba su plantilla. Pero Míchel ha captado algunos problemas y muchos de ellos son matices disciplinarios. Quiere hacer tabla rasa, ahora que tiene la oportunidad de empezar de cero.

El entrenador madrileño ha desengañado a todos aquellos que pensaban que su ideario se quedaba en las buenas maneras, la elegancia en el vestir y un verbo afable. Sin embargo, enseñó los dientes nada más desembarcar con aquella salomónica decisión de dejar en Sevilla, pese al compromiso que implicaba su debut, a dos titulares que se habían peleado en el entrenamiento. Sin Medel ni Spahic, Míchel debutó con derrota en Anoeta, pero dio un atisbo de lo que tenía en mente.

Vaya por delante que el vestuario del Sevilla no es Sodoma y Gomorra. El propio técnico quiere evitar este prejuicio y lo afirma rotundo: "No es que los jugadores sevillistas sean ovejas descarriadas. Ha habido algunos casos y cosas que mejorar", reconoció este miércoles en la web Eldesmarque.com. Y en la noche del martes también dejó muchas pistas sobre lo que quiere en su nuevo Sevilla y que no pudo terminar de implantar al llegar a mitad de camino, al margen de predicar con el ejemplo: admitió rebajarse el 20% de su nómina. Al llegar, le urgía levantar el equipo y se adaptó a unos hábitos cuya vigencia, desde los tiempos de Joaquín Caparrós, ya no casan con un vestuario con muchísimos extranjeros de dispares culturas, muchos jóvenes, algunos canteranos y varios grupos divididos sin un líder natural, dado que los viejos capitanes, esos que ponían orden entre bromas, multas y aplausos al que llegaba tarde porque le correspondían pagar una cena, ya no tenían tanto protagonismo dentro del campo, que es donde de verdad mandan los líderes de un vestuario. Y cabe recordar que Caparrós abominaba del "azúcar" y sabía achuchar a los capitanes para que pusiesen orden en cuanto la laxitud hacía acto de presencia.

"¿Pagar una cena por llegar tarde", se preguntaba Míchel en SFC TV. "Pretendo que la disciplina tenga más que ver con la idea que tengo para la temporada que viene que con la que he tenido hasta ahora", decía, dejando entrever que no había podido sino aceptar los hábitos que se encontró e intentar corregirlos con matices. "El que llega un minuto tarde empieza a salirse del camino porque llegar un minuto tarde a un entrenamiento puede pasar, pero si llegas tarde a una jugada… Todo no se soluciona con poner multas, sino con que los compañeros entiendan que eso es inadmisible. Son pequeñas cosas pero al final tenemos que defender todos la misma camiseta".

Se trata de matices, de pequeños detalles que se han agrandado cuando los éxitos han aumentado la presión y ésta se ha convertido en algo contraproducente, como han reconocido desde Míchel hasta José María del Nido, porque esa presión ha derivado en ansiedad en unos casos y, en otros aún peores, en absentismo o falta de implicación.

"El equipo de los éxitos ahora no lo es tanto, y van a cambiar jugadores, pero también tendrá que cambiar la mentalidad de los jugadores que se queden. Entendemos que no había un método estable", insiste Míchel.

El madrileño ha sido el primer entrenador de la era Del Nido que ha renovado por valores puramente subjetivos, puesto que ha sido la única vez que el Sevilla no ha llegado a la meta fijada. ¿Qué ha cambiado? Una de las claves es la forma en que Míchel, sin mano dura pero sí con orden y autoridad, ha llevado los distintos problemas que se ha ido encontrando, algo que en un principio podría haber parecido impropio de una ex estrella mundial cuyo paso por los medios de comunicación no lo han contaminado ni le han hecho olvidar cuáles son los conceptos que deben imperar en un vestuario para que el equipo funcione en el campo. "Quizás se hayan dado cuenta en el club de que soy alguien que ha empezado a dar a conocer y reconocer situaciones complicadas a las que hay que darles la vuelta", reconocía en Eldesmarque.com.

La disciplina también tiene que ver con los "excesivos problemas de lesiones" que Míchel se ha encontrado al llegar al Sevilla. Y ahí también va a haber tabla rasa. El madrileño puso el ejemplo de la mala forma física en que llegó Reyes al tramo final por la situación en la que llegó del Atlético, donde no tenía la mente en el fútbol. Y precisamente eso es lo que quiere evitar, que nadie se salga del carril marcado, crear un equipo de fútbol que funcione como tal entre semana y los días de partido.

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