La lengua española mala
Y al fin salió el Astro Rey
Parecíamos niños con zapatos nuevos, como recién despertados de una pesadilla que se eternizaba. A la dicha que es cualquier amanecida de sábado se unía la presencia rutilante del Astro Rey. Por fin, un día como los de toda la vida, con las condiciones idóneas para el paseo con las manos libres. Al fin podía prescindirse del paraguas y de la ropa antilluvia, con lo que las pajarillas se venían arriba tras demasiado tiempo de desgracias, que aquí no levantábamos cabeza desde Adamuz y la madre que parió al mandarinato, a esa gobernanza, o como se diga, que está dejando al país como un solar. Un país prácticamente incomunicado por tierra de vías férreas cortadas y carreteras destrozadas y que ayer se despertaba con la alegría de un paisaje libre de nubes y el sol en todo lo alto. Y es que no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista, sobre todo eso del cuerpo, que hay que ver el maltrato a que está sometido sin saber hasta cuándo.
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