Y Alcaraz venció a la historia

Ese “legendario” con que Nole definió a un chico de 22 años revela la magnitud de Carlitos

Carlos Alcaraz se abra al preciado trofeo de ganador del Abierto de Australia.
Carlos Alcaraz se abra al preciado trofeo de ganador del Abierto de Australia. / Joel Carrett (Efe)

01 de febrero 2026 - 21:23

EL dios pagano de la raqueta santificó a su sucesor. Porque ha sido una dulce sucesión, no un violento derrocamiento. Novak Djokovic no regala palabras huecas y en ese “legendario” con que definió a Carlos Alcaraz tras la final se encapsula la magnitud de lo que acababa de lograr el risueño Apolo murciano. Haber grabado sobre metal su nombre en los cuatro trofeos más bellos del circuito de la ATP a una edad tan tierna en el deporte de élite nos lleva a proclamar que nuestro nuevo héroe español (Rafa Nadal asentía desde primera línea del palco) no acababa de derrotar al tenista que ha llegado donde nadie, sino que acababa de vencer a la mismísima historia.

El chaval de El Palmar devora plusmarcas como devoraría una burguer con su pandilla antes de ir a un concierto de trap, hip hop o reguetón, por qué no. Y lo que más asombra es su naturalidad, la frescura de sus reacciones. Nole es un grandisimo campeón, un icono del deporte universal, sobre todo por sus sublimes capacidades para crear y golpear con una raqueta, pero también ha llegado a la cima por su carácter ganador, a veces su mal perder, que lo forzó a pagar la factura de la impopularidad. Pero Alcaraz es distinto. Perdió una dolorosísima final en los Juegos de París y lo que hizo fue llorar como un niño con su juguete roto. Y sus gestos empáticos con sus contrincantes son constantes durante los partidos. Por eso, al español lo están adoptando como favorito y hasta suyo en cualquier país del planeta. Recuerdo a una joven de rasgos asiáticos que aguardaba entre llantos a que Carlitos consumara, en los puntos finales, su heroica remontada ante ese certero cañón de hielo que es Zverev. La chica derramaba lágrimas como las teenagers de los conciertos de los Beatles.

Lo que ha hecho Djokovic con sus 39 añazos no lo ha hecho nadie en la historia del tenis. Y lo que ha hecho ya Alcaraz con sus 22 añitos tampoco tiene precedentes. El serbio encarna la historia de este bellísimo deporte. Por eso es a ella a quien nuestro Carlos acaba de derrotar. A la misma historia.

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