El encanto de Mónaco no gusta a todos los pilotos

Además del riesgo de su circuito urbano, Montecarlo se distingue por las fortunas y los yates. No es fácil para los pilotos evadirse de lo que ocurre fuera de la pista para disfrutar de una de las carreras más carismáticas de la temporada.

El encanto de Mónaco no gusta a todos los pilotos
El encanto de Mónaco no gusta a todos los pilotos
Jens Marx (Dpa)

Montecarlo, 23 de mayo 2013 - 18:30

Los personajes extravagantes y la altanería son parte del encanto del circuito urbano de Montecarlo, pero la atmósfera que rodea al Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco no termina de gustar a todos los pilotos. "Esos pequeños perritos dentro de los bolsos no van conmigo", señaló el ganador de la carrera del Principado en 2012, el australiano Mark Webber. Además del riesgo de su circuito urbano, Mónaco se distingue por las grandes fortunas y los lujosos yates. Sin embargo, algunos pilotos buscan evadirse de todo lo que ocurre fuera de la pista para disfrutar de una de las carreras más carismáticas y peligrosas de la máxima categoría del motor. Webber, que ganó dos veces en el clásico trazado, coincide con muchos de sus compañeros cuando le piden que describa la pista: "El circuito es excepcional".

Los 3,340 kilómetros de asfalto son lo que interesa a los pilotos, ajenos a las botellas de champán que se agotan en los barcos. Para muchos es "la carrera más importante de Mundial", aseguró el español Fernando Alonso, que ganó en dos ocasiones en el circuito monegasco. La estrella de Ferrari podría convertirse el domingo en el primer piloto en ganar en Montecarlo tres Grandes Premios con tres equipos diferentes después de sus victoria en 2006 con Renault y en 2007 con McLaren.

Cada giro en el trazado es como un viaje del tiempo al pasado. ¿Zonas donde frenar en caso de emergencia como en los nuevos y modernos circuitos? Nada de eso: el que cometa un error no tendrá grava en la que frenar su bólido. En vez de tierra hay barreras metálicas. "Siempre hay un cierto riesgo", sostiene el alemán Sebastian Vettel, líder de la clasificación mundial y ganador en el Principado hace dos años. "Uno no se puede calmar del todo. Y no debe. Si no, se perdería el encanto", dijo el alemán. Además de la presión de correr por calles estrechas y sinuosas, Vettel tendrá otro dolor de cabeza: los neumáticos. "Si entras pasado a la chicane, los neumáticos se estropean demasiado. Nadie quiere algo así", dijo Vettel, muy enfadado con las polémicas gomas de Pirelli esta temporada.

En Mónaco no hay tiempo para descansar: los pilotos deberán tomar más de 1.000 curvas. Y los accidentes son casi inevitables cuando 22 coches de más de 700 caballos de vapor luchan por ganar algunos centímetros mientras numerosas personas ven la carrera desde sus lujosos yates. En el trazado de Mónaco hay un 80 por ciento de probabilidades de que salga el coche de seguridad, que intervino en 14 ocasiones en los últimos diez años. "Uno siempre quiere que nunca salga", dijo Vettel.

Hay suficiente acción en Mónaco. Y también mucho interés: el telón de fondo del circuito, el puerto de Mónaco, ofrece vistas espectaculares. Junto al enorme motorhome de Red Bull, están ancladas lujosas lanchas con acabados en aluminio y caoba. Tampoco faltan los enormes yates. En el paraíso fiscal de Mónaco una de las máximas es mostrar lo que uno tiene. "Me encanta el mar, me encantan las paredes rocosas", dijo Webber, al que le encantaría Mónaco al completo si no fuera por los pequeños perritos dentro de los bolsos.

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