Sueños esféricos
Juan Antonio Solís
Sí a todas las proposiciones indecentes
barcelona - betis · el otro partido
El Betis salió del Camp Nou con sensaciones semejantes a las que marcaron aquella eliminatoria copera del año pasado en la que el equipo mostró su valentía. En esta ocasión, soñó con las tablas hasta que la expulsión de Mario supuso un golpe moral definitivo que podría alargarse incluso al derbi de esta semana ante el Sevilla, que no contará con la presencia del mejor defensor bético.
Pero el partido también sirvió para romper marcas. Hace unos meses el Betis se caracterizaba por no ser capaz de marcar un gol a nadie. Ayer se plantó en el Camp Nou, escenario en el que ningún equipo había logrado marcar esta temporada en Liga, y consiguió anotar en un primer tiempo en el que tuvo opciones incluso de adelantarse en el marcador.
Rubén se erigió en protagonista al recortar diferencias antes del descanso cuando su equipo casi había bajado los brazos. Valdés recogió al fin un balón de su portería del Camp Nou merced a un remate del canario, que anotó su sexto gol del campeonato, rompiendo la hegemonía azulgrana.
El portero barcelonista recibió el primer gol en casa desde el pasado 13 de septiembre, cuando el Milan arañó un empate a dos goles en Liga de Campeones. Además, el Barça no encajaba un gol en casa en Liga desde el 9 de abril de 2011, ante el Almería.
En el último partido en casa de la primera vuelta, Rubén Castro rompió con el balance inmaculado de 41 tantos a favor y ninguno en contra del Barça en el estadio azulgrana.
Eso sí, el sueño pareció en esta ocasión más cercano que el de la temporada pasada. Romper la barrera de goles encajados por el Barça en su estadio fue mérito de un grupo que salió con ánimos de atrevimiento. Rubén Castro había asistido a Jorge Molina unos minutos antes de que Xavi estrenara el marcador, pero tuvo que ser él mismo el que batiera a Valdés, precisamente cuando no logró hacerlo la pasada campaña.
El gol de Santa Cruz instaló el miedo en la afición azulgrana y destapó el descaro de un Betis instalado en la ilusión de llevarse el premio de un escenario catalogado como imposible.
Pero Mel se topó con un inconveniente. Mario, su mejor defensa en el terreno de juego, disputaba cada balón al límite y amenazaba con sufrir una expulsión que llegó. El central se quedaba sin derbi y su equipo sin un hombre en el terreno de juego ante un Barcelona necesitado de puntos.
Los aficionados verdiblancos desplazados a Barcelona soñaron con una proeza que tampoco llegaría en esta ocasión. Lo hicieron bajo el recuerdo del triunfo en el Villamarín en un partido sin opción a la victoria global. Lo hicieron a sabiendas del mérito de unos jugadores que habían igualado un 2-0 a todo un Barcelona.
Fue el día de los premios menores, los que no servirán para que el Betis esté un paso más cerca de cumplir sus objetivos en Liga. El cuadro bético obligó al Barcelona a dejar su récord de minutos ligueros en casa sin encajar goles en 1.151 minutos. Rubén Castro inscribió su nombre en una estadística que a la postre resultó innecesaria. Tan ilusionante como ilusoria. El premio soñado por el Betis encontró en este arma su apoyo principal para después quedarse en eso, en un sueño repetido tras el de la Copa del Rey. La historia del atrevimiento y el orgullo recordaron a historias pasadas, tanto en su transcurso como en sus posibles facturas.
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