Adiós a las monodosis de kétchup y azúcar en restaurantes: nueva normativa europea contra el plástico a partir de esta fecha

El Reglamento PPWR establece el fin de las monodosis de salsas, sal, aceite y otros productos en la hostelería para reducir residuos plásticos

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Adiós a las monodosis de kétchup y azúcar en restaurantes: nueva normativa europea contra el plástico
Adiós a las monodosis de kétchup y azúcar en restaurantes: nueva normativa europea contra el plástico / M. G.

Los establecimientos de hostelería en España deberán despedirse definitivamente de los sobres y monodosis de kétchup, azúcar, sal, aceite y vinagre a partir del 12 de agosto de 2026. Esta fecha marca la entrada en vigor del Reglamento (UE) 2025/40, conocido como PPWR (Packaging and Packaging Waste Regulation), una normativa europea cuyo principal objetivo es reducir los residuos plásticos de un solo uso y fomentar un consumo más sostenible en todo el territorio comunitario.

La medida afecta directamente a bares y restaurantes que sirven en sala, obligándoles a sustituir estos formatos individuales por alternativas reutilizables o sistemas de dispensación colectivos. Aunque la Unión Europea ya había adelantado en años anteriores su intención de eliminar estos productos, la novedad reside ahora en la confirmación del calendario definitivo de aplicación y en la especificación precisa de qué sectores quedarán afectados en cada fase de implementación.

Esta prohibición se enmarca dentro de una estrategia más amplia de la UE para combatir la contaminación por plásticos, que representan la mayor parte de los residuos sólidos generados en Europa y constituyen una de las principales fuentes de deterioro medioambiental. Los sobres y monodosis, por su naturaleza desechable y su composición mayoritariamente plástica, se han identificado como uno de los elementos prioritarios a eliminar en el sector de la restauración.

Calendario de aplicación de la normativa europea

El Reglamento PPWR establece un despliegue progresivo que comenzará con la hostelería en 2026 y se extenderá a otros sectores en los años siguientes. A partir del 12 de agosto de 2026, los restaurantes y bares no podrán ofrecer en sus salas monodosis de salsas, azúcar, sal, aceite, vinagre ni cualquier otro producto envasado en formato de un solo uso.

Sin embargo, el alcance de la normativa no se detiene ahí. Para el año 2030, la prohibición se ampliará al sector hotelero y otros ámbitos, incluyendo los denominados amenities que se encuentran habitualmente en las habitaciones de hoteles, como champús, geles de baño, lociones corporales y acondicionadores en envases individuales. También quedarán afectados productos cosméticos y determinados envases de alimentos que cumplan las características de ser desechables tras un único uso.

Esta implementación escalonada pretende dar tiempo suficiente a los diferentes sectores para adaptarse a las nuevas exigencias y buscar alternativas viables desde el punto de vista operativo y económico. Muchas cadenas hoteleras ya han comenzado a instalar dispensadores recargables en sus establecimientos, anticipándose a la normativa y respondiendo también a una creciente demanda de sostenibilidad por parte de los consumidores.

Excepciones permitidas por motivos de higiene y transporte

La normativa europea contempla algunas excepciones específicas que permiten el uso de monodosis en determinadas circunstancias. Una de las más relevantes para el sector de la hostelería es la relacionada con los pedidos de comida a domicilio y para llevar. Los restaurantes podrán seguir incluyendo sobres individuales de salsas, azúcar o sal en los pedidos take away, justificado por razones de higiene y por las condiciones propias del transporte de alimentos.

De igual manera, los centros sanitarios y asistenciales también quedan exentos de esta prohibición, ya que en estos entornos las monodosis cumplen una función esencial relacionada con la seguridad alimentaria y el control de infecciones. Los hospitales, residencias de ancianos y otros establecimientos similares podrán mantener el uso de estos formatos individuales.

No obstante, para acogerse a estas excepciones, los establecimientos deberán cumplir con requisitos específicos de etiquetado. Las monodosis utilizadas en estos contextos deberán estar debidamente etiquetadas según el nuevo modelo europeo, que exige información clara y visible sobre cómo gestionar correctamente el residuo y qué proceso de reciclaje debe seguirse. Esta medida busca garantizar que, incluso en los casos excepcionales donde se permiten estos envases, se maximice su correcta gestión medioambiental.

Impacto en el sector de la hostelería española

Para los propietarios de bares y restaurantes en España, esta normativa supondrá cambios significativos en su operativa diaria. Deberán sustituir los sobres individuales por dispensadores reutilizables o presentar los condimentos en recipientes colectivos que puedan ser utilizados por múltiples clientes. Esto implica no solo una inversión en nuevos utensilios, sino también una adaptación en los procesos de servicio y en las rutinas de limpieza y mantenimiento.

Algunos establecimientos ya han comenzado a realizar esta transición de forma voluntaria, motivados por una creciente conciencia medioambiental y por las preferencias de consumidores cada vez más sensibles a la sostenibilidad. Sin embargo, para otros negocios, especialmente los de menor tamaño o con márgenes más ajustados, la adaptación puede representar un desafío económico que requerirá planificación y posiblemente apoyo institucional.

La eliminación de las monodosis también afectará a las cadenas de suministro y a los fabricantes de estos productos, que deberán reconvertir sus líneas de producción hacia formatos alternativos compatibles con la nueva legislación. Se espera que esta transformación genere nuevas oportunidades de mercado para empresas especializadas en soluciones de envasado sostenible y sistemas de dispensación.

Evaluación y seguimiento de la normativa en 2032

La Unión Europea ha establecido que en el año 2032 se llevará a cabo una evaluación completa del impacto de esta normativa. Este análisis examinará tanto los efectos medioambientales como los sanitarios derivados de la regulación de los residuos plásticos en el consumo de hostelería, incluyendo no solo las monodosis sino también otros artículos desechables como vasos, platos y cubiertos de un solo uso.

Los resultados de esta evaluación permitirán realizar ajustes y mejoras en la normativa, corrigiendo posibles disfunciones detectadas durante el periodo de aplicación y reforzando aquellos aspectos que hayan demostrado mayor eficacia en la reducción de residuos. También se analizará el impacto económico sobre los diferentes sectores afectados y las estrategias más exitosas de adaptación.

El foco principal de esta revisión estará en verificar la reducción efectiva de residuos plásticos, que según datos de la Comisión Europea constituyen una parte sustancial de los desechos sólidos generados en el continente y representan una de las principales causas de contaminación en ecosistemas terrestres y marinos. Se espera que esta normativa contribuya significativamente a alcanzar los objetivos medioambientales establecidos en el Pacto Verde Europeo.

¿Qué es el Reglamento PPWR?

El Reglamento (UE) 2025/40, denominado PPWR por sus siglas en inglés (Packaging and Packaging Waste Regulation), es un instrumento legislativo de la Unión Europea diseñado para regular la producción, uso y gestión de envases y residuos de envases en todos los Estados miembros. Su objetivo fundamental es reducir la generación de residuos procedentes de envases, promover la economía circular y garantizar que todos los envases puestos en el mercado europeo sean reutilizables o reciclables de manera efectiva para el año 2030.

Este reglamento establece requisitos específicos sobre el diseño de envases, fija objetivos vinculantes de reducción de residuos y promociona la reutilización frente al uso único. Entre sus medidas destacan la prohibición gradual de ciertos formatos de envases de un solo uso, la obligación de utilizar contenido reciclado en determinados productos y la implementación de sistemas de depósito y devolución para envases de bebidas.

El PPWR forma parte de una estrategia más amplia de la UE para abordar la crisis de residuos plásticos y representa uno de los pilares fundamentales de la transición hacia una economía más sostenible y circular. Su aplicación afecta a múltiples sectores económicos, desde la industria alimentaria hasta el turismo, pasando por el comercio minorista y la distribución.

¿Cómo afectará la prohibición a los consumidores?

Para los clientes de bares y restaurantes, el cambio más visible será la desaparición de los sobres individuales de las mesas y mostradores. En lugar de encontrar sobres de azúcar junto al café o sobrecitos de kétchup con las patatas fritas, los consumidores deberán utilizar azucareros compartidos, salseras o dispensadores colectivos.

Aunque algunos usuarios pueden percibir inicialmente este cambio como una pérdida de comodidad o higiene, las autoridades sanitarias europeas han confirmado que los sistemas de dispensación adecuadamente mantenidos cumplen con todos los estándares de seguridad alimentaria. De hecho, muchos establecimientos de gama alta ya utilizan tradicionalmente estos sistemas sin que ello suponga ningún riesgo para la salud.

En el caso de los pedidos a domicilio, los consumidores seguirán recibiendo monodosis, aunque estas deberán incorporar el nuevo etiquetado europeo que facilite su correcta separación y reciclaje. Se espera que esta información contribuya a mejorar las tasas de reciclaje de estos pequeños envases, que actualmente presentan índices de recuperación muy bajos debido a su reducido tamaño.

¿Qué alternativas existen a las monodosis?

El mercado ya ofrece múltiples alternativas a los envases de un solo uso que cumplen con la nueva normativa europea. Entre las opciones más populares se encuentran los dispensadores de acero inoxidable o vidrio para azúcar, sal y especias, que pueden rellenarse periódicamente y resultan fáciles de limpiar y mantener.

Para las salsas, existen botellas reutilizables con sistemas de dosificación que permiten controlar la cantidad servida y mantener la higiene del producto. Algunos fabricantes han desarrollado dispensadores con válvulas antirretorno que evitan la contaminación del contenido y garantizan la seguridad alimentaria.

En el caso del aceite y el vinagre, las aceiteras y vinagreras tradicionales de cristal o cerámica representan una solución clásica y estética que muchos restaurantes ya utilizan. Para establecimientos de comida rápida, se están desarrollando sistemas de dispensación automática que permiten servir porciones controladas de salsas directamente sobre el plato o en recipientes reutilizables.

Estas alternativas, además de cumplir con la legislación, pueden contribuir a mejorar la imagen de sostenibilidad del establecimiento y reducir costes a medio plazo, ya que la compra de productos a granel resulta generalmente más económica que la adquisición de monodosis individuales.

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