Domingo Pérez | Fisioterapeuta "En Argentina acercaban a los niños a Maradona como a la Virgen del Rocío"

El fisioterapeuta sevillano Domingo Pérez, ante un mural del Ramón Sánchez-Pizjuán.

El fisioterapeuta sevillano Domingo Pérez, ante un mural del Ramón Sánchez-Pizjuán. / Juan Carlos Muñoz

Para Domingo Pérez (Sevilla, 1956), referente en la fisioterapia, la vida es mucho tacto. Sus manos lo conectan al mundo, como al pintor y escultor Antonio López o al mago Juan Tamariz: recuperar en tiempo récord a un deportista de élite es todo un arte y a veces tiene algo de magia. Estaba predestinado a seguir la estela de su abuelo, futbolista y masajista del Sevilla, y también de su padre, el recordado Manolito Pérez. Ya prejubilado (fue también el fisio de la selección española), aporta su experiencia en el día a día en la ciudad deportiva.

–Como para no emular a sus ascendentes...

–No, no... No fue algo impuesto, era mi ilusión, y con 17 años me metí en ATS, lo que hoy es enfermería, en la especialidad de fisioterapia. El presidente del Sevilla, Eugenio Montes, propuso a la directiva que me dieran una ayuda económica para apoyarme a acabar mis estudios y ser el futuro fisio del club.

–Entonces los clubes tenían ese aire familiar.

–Los tiempos son otros. Mi familia hacía de todo en el club, labores de conserje, cuidaban el campo, mi abuela era la jefa de lavandería… Vivían dentro del estadio y eso te da un vínculo especial. Por la noche, tras los partidos, iba de pequeño con mi padre apagando las luces de los vomitorios una a una.

–¿Qué le parece el sacrificio de esos polos identitarios de un club en beneficio del crecimiento empresarial?

–Clubes como el Sevilla son hoy grandes empresas, con muchos empleados a los que no conoces. Pero la entidad mantiene actos especiales para mantener esa identidad de club, como el Dorsal de Leyenda. Tenemos unas exigencias muy grandes en cada departamento pero se cuidan de no caer en la despersonalización.

–¿Qué echa de menos con respecto a ese fútbol de hace unas décadas?

–Los cambios y la evolución son necesarios. Ahora hay equipo de psicólogos, asesores… Yo era de todo cuando el futbolista se tendía en la camilla. Desde psicólogo a confesor, lo que hiciera falta. Charlaban de todo, de lo humano y lo divino.

–¿Conocer esa psique del futbolista lo lleva a ser más comprensivo con las debilidades del deportista profesional?

–Absolutamente. La presión le puede a alguno y es muy comprensivo, no dejan de ser chicos de veintipocos años con muchísimo que aprender y demasiados focos apuntándoles.

–Tuvo el privilegio de tratar al caso más paradigmático de ídolo que se descarrió, Maradona.

–Diego estuvo muy poco tiempo (temporada 1992-93), pero él y Bilardo dieron dio para tanto... Antes de que llegara, nos reunió Bilardo a todos, nos avisó de su especial condición y que si alguien tenía inconveniente en que llegara Maradona, que lo dijera. Y llegó. Tras jugar con el Deportivo, terminamos nuetras labores Jaime el utillero y yo y saltamos de nuevo al campo con Maradona ya vestido para jugar un rato, acabé jugando con él en el terreno de juego, pasándole la pelota… Desde entonces olvidé ya al personaje. Su cara pública y su persona eran dos mundos distintos.

–Una pena su desorden vital siendo el ídolo que era.

–Era muy difícil sobrellevar eso. Llegamos a Córdoba, Argentina, bajamos del autobús, una multitud nos esperaba y cargaban y se pasaban a los niños para que tocaran al ídolo como si fuera la Virgen del Rocío.

–Parecía que su destino estaba escrito, por su deriva autodestructiva.

–Aquí pasó muchísimos controles antidopaje. Y eso que era un sorteo, se metían las fichas de los jugadores en un sobre y se sacaban al azar, pero la de Diego salía muchísimas veces. Él decía “che, cambiá al que mete la mano ya…” (risas). Y encima, si el médico le cambiaba la medicación, tenía que llamar a mi mujer, que es farmacéutica, imagine la locura de que por error Diego da positivo…

–¿Se cuida más la gente hoy o hay postureo?

–Las dos cosas, pero la gente se cuida bastante más. No obstante, hay más gente que lo hace por su cuenta y riesgo, sin estar asesorados por profesionales, y mira que hay muchos y buenos. Google tiene mucho peligro como apoyo a la preparación física por tu cuenta, como lo tiene en asuntos médicos. Lees cosas que parecen fáciles y te llevan a cometer muchos errores.

–Se agotan los dorsales en cada carrera popular.

–Y es una noticia muy, muy positiva, siempre es buena esa efervescencia, pero hay que practicar deporte con responsabilidad. También está el tema de las dietas y el nutricionismo, donde hay mucha impostura e intrusismo y hay que tener mucho cuidado.

–¿Como va la lucha de los fisios por evitar el intrusismo?

–Seguimos insistiendo en ese caballo de batalla. Hago un cursito de seis meses y me cuelgo mi titulito de quiromasajista que no está homologado… Si sólo vas a hacer masaje de descarga, vale, pero en el momento en que te metes a tratar una patología, mal asunto. Puedes causas muchos problemas. Sigue ese vacío legal ahí.

–¿Hay más lesiones por ese ejercicio sin control?

–Hay deportes que están llenando las consultas por su práctica inadecuada, sobre todo el pádel, todo el mundo lo juega. La gente se pica, suele ser competitiva y eso te hace llevar al límite a su cuerpo cuando no estás preparado para eso. lo sufren sobre todol tobillos, rodillas… El futbito igual, con el césped artificial se destrozan las rodillas. Antes proliferaban las tendinitis por running, ahora el material deportivo es de más calidad y han descendido las lesiones.

–¿Cómo es el día a día con la pandemia?

–Nosotros estamos con el tratamiento y asistencia a los chavales en el día a día y hemos cortado toda relación con el primer equipo, están en su búnker aparte. Espero que en cuanto estemos todos vacunados, todo vuelva a ser como antes.

–¿El Covid nos servirá de lección para ser más respetuosos con nuestra salud?

–Soy escéptico. Cuando esto acabe, llegará una explosión por recuperar el tiempo perdido y cuando pase esa explosión, volveremos a la normalidad. Si miras a lo largo de la historia, las pandemias siempre han estado ahí. Aquí en Sevilla lo sabemos, la peste se llevó casi al 40 por ciento de la población.

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