Elena Carrascal | Empresaria cultural “Hace falta un observatorio de las artes escénicas”

Elena Carrascal posa para la entrevista. Elena Carrascal posa para la entrevista.

Elena Carrascal posa para la entrevista. / Víctor Rodríguez

Desde muy joven, Elena Carrascal Domínguez (Sevilla, 1970) compaginó su profesión inicial, maestra, con el mundo del teatro. Tanta era su pasión por las artes escénicas que esta diplomada en Educación Especial por la Universidad de Sevilla terminó por licenciarse en Arte Dramático. Esa pasión acabó por sacarla de las aulas y dedicarse sólo a lo escénico: primero como actriz y luego como empresaria, tanto como distribuidora como productora. Desde 2006 tiene una agencia, que ahora lleva su nombre formada por un equipo íntegramente femenino.

–En la música es frecuente que haya productores independientes, pero no tanto en las artes escénicas. ¿Son casi invisibles?

–Somos muy invisibles. Mucho.

–¿Y cómo lo lleva?

–Bien, porque vivo con ello. Lo sé. Me ha tocado ese papel de la invisibilidad y eso me permite también trabajar más cómodamente. A todo el mundo le gusta que se reconozca nuestro trabajo. Y tengo un equipo superrico, de otras tres mujeres.

–Eso le iba a preguntar, ¿por qué todas mujeres?

–No lo he pensado, pero igual me lo tengo que mirar.

–Usted dio el salto a ponerse detrás del escenario a producir en vez de estar sobre las tablas...

–... Y no lo echo de menos.

–... Y en su pareja ambos eran actores. ¿Hubo algo de rol tradicional?

–En mi caso, no. Creo también lo hubiese llevado. Elegí en aquel momento, quizás por comodidad, la distribución y me llevó a descubrir un mundo que desconocía y en el que me he sentido valiosa. Y por otro lado, también sabía que quien mejor se manejaría, por las compañías con las que trabajaba, era Manuel [Rodríguez]. Pero realmente no estoy aquí porque no puedo estar en el otro lado. Fue una elección al encontrarme con esta profesión. Sobre todo porque me encanta generar proyectos nuevos. Y eso es más fácil que lo haga desde aquí que como actriz. Tampoco tengo esa necesidad del aplauso.

–Hay una concepción errónea de que la cultura se debe generar sólo desde lo público. Su empresa y otras privadas sostienen parte de la agenda. ¿Es difícil?

–Bueno sí, lo hacemos. Pero de manera privada absolutamente, la continuidad es complicada. Ahora hace más falta un apoyo de lo público. Pero creo que hay un error en cómo se está gestionando.

–¿Por qué?

–Hay una excesiva implicación en producir, en generar nuevos productos, y está muy descuidada la permanencia de esas creaciones en el mercado.

"Desde lo público se fuerza al creador a crear constantemente haciendo muy efímeras sus obras"

–¿No hay distribución sostenida?

–Es casi inversamente proporcional el apoyo a la producción respecto a las ayudas a la distribución. Las compañías reciben más por crear algo nuevo que por explotar lo que ya han creado. Y eso es muy peligroso.

–¿Cuál es el peligro?

–Se fuerza a crear constantemente y hace muy efímera la obra creada. No hay un impulso, de ahí nuestro lema “ImpulsoxDistribución”, a la creación para que se mantenga y camine sola.

–¿Qué falta? ¿Salas?

–En las ayudas a la distribución, que acaban de salir, el volumen económico es muy inferior al de la producción. Y eso también influye en que haya compañías de nueva creación. Tenemos jóvenes por los que no se está apostando. Lo que realmente hace falta es un observatorio de las artes escénicas. Alguien que de verdad sepa qué se está haciendo y qué está moviendo a los creadores.

–¿Es porque la crisis arrasó el sector?

–Creo que también es por los vaivenes políticos. El que llega lo quiere hacer a su manera y muchas veces le falta trayectoria.

–¿Y desbarata lo anterior?

–Exacto: lo desbarata. En Madrid lo estamos viendo con los cambios, que parece que estemos en una prensa rosa de la cultura. Y el problema es que se habla de los gestores y no de las obras que estaban cobijando. Se habla de ellos como si fueran artistas, no gestores.

–¿En Andalucía es distinto?

–También pasa.

–¿Cómo equilibra lo empresarial con lo creativo? ¿Interviene en el proceso creativo de los proyectos que promueve?

–En algunos más y en otros menos. Hay compañías más receptivas. Pero hay otras con las que sólo me vinculo a nivel ejecutivo.

–¿Y qué aporta?

–Aporto financiación, tiempos de producción, espacios, búsqueda de fondos, gestión de los equipos, organización. Y estar en continuo contacto con lo que se está creando y si se ven cosas que van por aguas complicadas, hay que pararlas.

–¿Ayuda haber producido casos de éxito reciente para generar más negocio?

–Sí, ayuda. Hay directores o programadores que directamente nos llaman porque confían en nuestro criterio. Y eso viene avalado por productos de éxito.

–¿Aunque sea a priori difícil calibrar su éxito de público?

–El día que se estrenada en Itálica La maldición de los hombres Malboro, Isabel Vázquez y yo estábamos de los nervios y nos preguntábamos: “¿Esto le gustará a alguien?”. Y al final del espectáculo fue un hervidero de aplausos. Hasta ese momento no supe que iba a funcionar. En la apuesta por la creación de proyectos de envergadura hay un gran componente de fe ciega en el creador. Como me pasa con Isabel. Confío mucho. Con Marco Vargas & Chloé Brûlé me ocurre lo mismo. El proceso Los cuerpos celestes ha sido muy complicado. Y surgen dudas, porque hay que ir poniendo dinero. El circo contemporáneo, para mí, es el colchón para poder producir danza.

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