Carmen Machi | Actriz

"Sufrir una tragedia no te convierte en mejor persona"

"Sufrir una tragedia no te convierte en mejor persona" "Sufrir una tragedia no te convierte en mejor persona"

"Sufrir una tragedia no te convierte en mejor persona" / jero morales / efe

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Muy a pesar de la popularidad obtenida a través del cine y la televisión, Carmen Machi (Madrid, 1963) es un animal de escena y uno de los mayores valores del teatro español en el presente, en el que ha representado a clásicos y contemporáneos como Juan Mayorga y Miguel del Arco. El pasado diciembre estrenó en el Teatro Español Cronología de las bestias, un thriller del argentino Lautaro Perotti sobre una desaparición y un regreso que se representa este fin de semana (sábado y el domingo) en el Teatro Cervantes de Málaga.

-Diez meses después de su estreno en Madrid, ¿qué balance hace de Cronología de las bestias?

-Más allá de la buena acogida, lo mejor que puedo decir es que el público sale siempre distinto de como entra. A menudo se dan por consabidos ciertos comportamientos, sobre todo cuando sucede una tragedia, que cuando no se dan derivan al desconcierto, y eso es justo lo que pasa en la obra. La gente tiene que estar pendiente, porque no dispone de todos los datos y nada es aquí lo que parece. Sé de no pocos espectadores que han ido a ver la función más de una vez para terminar de encajar las piezas.

"Mi ADN es el de los cómicos de la legua. Lo mío es ir cargando y descargando cosas, de acá para allá "

-Lo que un político definiría como fidelizar al público.

-Que la gente vaya dos veces a ver tu obra siempre es una buena noticia. Sobre todo para los productores.

-La obra aborda las mentiras cotidianas, las que se urden cada día y de las que terminan convencidos quienes las traman. Pero, ¿podemos llamar mentira al relato que cada uno hace de sí mismo, aunque tenga elementos de ficción?

-Ése fue uno de los grandes temas sobre los que discutimos durante la preparación de la obra. Es verdad que el concepto mentira puede ser muy laxo. Yo creo, aunque sea una idea muy impopular, que decir la verdad siempre no te hace mejor. Que a veces conviene no decirla, sobre todo cuando sabes que puedes hacer daño a alguien. Pero Cronología de las bestias habla más bien de las mentiras que se cuentan para sobrevivir y, sobre todo, de cómo cada mentira incluye otras muchas más pequeñas. Eso sí, hablamos de muertes y desapariciones. Es decir, la mentira es aquí muy, muy gorda.

-El autor, Lautaro Perotti, hizo un montaje anterior en Argentina, donde por razones obvias hablar de desapariciones tiene connotaciones muy concretas. ¿Tuvieron en cuenta esta percepción en el montaje español, o la evitaron?

-En realidad, Perotti escribió la obra para los actores que la hacemos aquí, en España. Es más, conforme la iba escribiendo nos iba enviando fragmentos para que los fuésemos viendo. Pero antes de estrenarla en España quiso probarla en Argentina, así que hizo una primera propuesta con sus alumnos en la sala Timbre 4 de Buenos Aires para ver cómo reaccionaba el público y corregir posibles lagunas. Y resultó que la acogida fue tan buena que terminó montándola allí al completo. Lo que dices de las connotaciones es cierto, pero en Argentina las desapariciones son un tema delicado no sólo por la dictadura militar: hoy día desaparecen allí muchos adolescentes que en su mayoría no regresan. Es tremendo. Algunas funciones de Timbre 4 acabaron con gente desmayada.

-¿Echa de menos esa intensidad en España?

-Bueno, en Castellón se nos desmayó una mujer.

-Vaya.

-Sí. Es verdad que la obra puede conducir a lugares poco amables, pero también que la verdad supera a la ficción. Piensa que cuando la estrenamos tuvo lugar el suceso del niño desaparecido en Almería. Fue terrible.

-¿Puede una actriz, en una situación como ésa, abstraerse completamente de lo que pasa fuera del teatro mientras interpreta a su personaje, o la realidad se cuela sin remedio?

-De manera inconsciente, la influencia de lo que sucede a tu alrededor es inevitable. Pero como profesionales no debemos permitir que nos afecte más que lo justo. Nosotros estrenamos en el Teatro Español un viernes y el niño de Almería apareció el domingo siguiente. Sin más remedio, la función de aquel domingo fue bastante complicada. El momento de los aplausos, al final, nos resultó muy amargo. Pero aquel caso concreto no alteró nada más, ni cambió nada del plan previsto. Todo transcurrió con normalidad a partir de ese día.

-¿Hay algún guiño al teatro clásico en la obra? ¿Tiene algo que ver su personaje con una Medea o una Hécuba a la que le dan una segunda oportunidad?

-No. Es que el regreso del hijo desparecido termina siendo muy light comparado con lo que pasa después. Mi personaje es una mujer endurecida que ha perdido la capacidad de amar y sentir. Es una fiera. Está construida desde la convicción de que sufrir una tragedia no te hace mejor persona.

-Eso es un tabú en España.

-Sí, de hecho hay gente que sale ofendida cuando esta idea se hace explícita en la obra. Pero es verdad. Ahora que asistimos a este horrible desfile de mujeres asesinadas compruebo que cuando se habla de ello se cuelan cosas muy feas. Hay personas del entorno de las víctimas que inmediatamente quedan santificadas. Habría que tener más cuidado con eso. Y por esto encuentro algo cada vez más repugnante cuando hago la obra.

-¿Es usted ahora la actriz que quería ser?

-No lo sé. Empecé con 17 años con La casa de Bernarda Alba. Desde entonces he hecho teatro, cine y televisión. Pero mi ADN es el de los cómicos de la legua. Lo mío es ir cargando y descargando cosas, de acá para allá. Ésa es la actriz que soy.

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