Carmen Pellicer | Pedagoga y teóloga "Hay que estar formado para entrar en un aula"

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"Hay que estar formado para entrar en un aula"

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Carmen Pellicer trabajó codo con codo con José Antonio Marina en la elaboración del trabajo reciente más influyente sobre la política educativa en España, el Libro blanco, aunque, pese a su relevancia, no se consiguió el consenso que perseguía el entonces ministro Ángel Gabilondo. Pellicer, a través de su Fundación Trilema, es una de las pedagogas de mayor predicamento en España. Lleva a cabo un programa de entrenamiento educativo que ha involucrado a más de 1.000 maestros en las aulas.

-Vivió el arranque de la Logse en la educación pública.

-Estuve diecisiete años dando clases en institutos, en Baleares. Estuve en los primeros años de experimentación con la Logse, que se acogió con mucha ilusión, pero fueron mis cinco años en Inglaterra los que cambiaron mi visión.

"Es necesario un auténtico periodo de tutorización para una profesión de esta importancia"

-¿También en el ámbito de la educación pública?

-Sí, estuve en un centro en Oxford y viví un sistema educativo completamente distinto que funcionaba.

-¿Qué fue lo que le impactó?

-Tenían metodologías muy activas en el trabajo del aula y las aplicaban con eficacia porque el modelo de formación del profesorado era muy completo. Aquí terminabas la carrera y te lanzabas al aula. Allí, antes de llegar al aula, tenías que prepararte muy bien. Lo que ahora nos parece tan innovador como la globalización de las áreas allí era una realidad hace treinta años.

-Participó con José Antonio Marina en la elaboracion del Libro blanco de la educación. Incidían mucho en la evaluación del profesorado y eso les sentó muy mal.

-La evaluación en el desempeño de una tarea, el que se compartan experiencias, es fundamental para la mejora de nuestro sistema. No es posible cambiar nada si no se nos dice lo que hacemos mal. No se trata de controlar, sino de mejorar. Los profesores no evaluamos a los alumnos para fastidiarles, sino para ayudarles. Pues con los docentes tiene que ser igual con unos criterios públicos y estandarizados.

-Sin embargo El Libro blanco quedó en tentativa.

-No lo veo así. Cuando pasen unos años veremos el Libro blanco como un hito en la política educativa porque lo que consiguió ese texto es cambiar el foco del debate educativo. Se dejó de hablar de los conciertos y de si Ciudadanía sí o no para ir a lo más relevante, hablar de la carrera docente, la función directiva... Eran conceptos que empezaron a entrar en los programas de los partidos. El valor se verá cuando veamos la evolución de nuestro sistema educativo.

-Pero para eso sería necesario el gran pacto de la educación del que me temo que, ahora, estamos más lejos que nunca.

-Vivimos un tiempo político en los que parece que la guerra es mucho más rentable que la paz por lo que sí, hablar de grandes consensos parece una quimera. Así las cosas, olvidemos el gran pacto y lleguemos a pequeños acuerdos. ¿Quién no está de acuerdo en que hay que potenciar la Formación Profesional de manera decidida con una colaboración aún más estrecha entre la escuela y la empresa, entre el sector público y el privado? Exploremos un acuerdo sobre el profesorado, sobre la formación, sobre cómo llegar a la docencia. Sobre estas cosas sí puede existir una mirada parecida en todos los partidos.

-Lo del MIR del profesorado generó discrepancias.

-MIR o no MIR, llamémoslo de la forma que queramos, pero no creo que nadie se atreva a decir que no es necesario un proceso de tutorización antes de acceder a una profesión de la importancia social que tiene la educación.

-Insisto en la resistencia de parte del profesorado.

-Existen unos derechos adquiridos, unos tabúes que hay que romper para hacer frente a un cambio en la formación permanente que tiene que dejar de ser voluntaria. Hay que estar muy bien formado para entrar en un aula. El rol docente no consiste sólo en, si das Física, saber mucha Física.

-Este voluntarismo también se extiende a equipos directivos, que acceden con un proyecto, pero con poca formación en esa tarea.

-No es sólo la voluntad, que se agradece, sino el ejercicio de un auténtico liderazgo que es lo que va a permitir a un centro mejorar en sus objetivos. Yo creo mucho en las redes educativas, que los centros trabajen en equipo, buscar alianzas.

-Ustedes, desde la fundación Trilema, trabajan en centros de zonas de extracción social muy diferente. Hacerlo en las zonas más desfavorecidas tiene que ser mucho más complejo.

-Pero es ahí, en esa dificultad, donde nos crecemos, donde arriesgamos. Aquellos centros en crisis, que no alcanzan la ratio, están más motivados para invertir la situación.

-Hablando de centros en crisis, ustedes trabajan en Venezuela.

-Hace poco tiempo estuve allí. Es una situación desesperada de hambre y miedo. Hay colegios que no saben si al día siguiente tendrán maestros. Quien puede se va. Con esta situación es difícil hacer lo más básico, ya es un triunfo abrir el aula.

-¿Es detractora o defensora del informe PISA?

-La evaluación siempre es útil, pero su eficacia se encuentra en las decisiones que tomas a partir de la información que te da esa evaluación. La carencia de PISA es que hay dimensiones que no mide. Faltan indicadores sobre salud emocional y mental que no te las da saber si el niño sabe matemáticas. De hecho, la OCDE ya trabaja en la inclusión de este tipo de indicadores.

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