“El material de construcción de este siglo será la madera”
Nacho de Teresa | Arquitecto
Ignacio de Teresa Fernández-Casas es licenciado en Arquitectura por la Universidad de Granada y ha desempeñado desde 2010 la docencia en la Academia de Arquitectura de Mendrisio (Suiza), en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (Ecuador) y en la Universidad de Granada. Ha dirigido varios proyectos de investigación relacionados con la vivienda de bajos recursos y es miembro del grupo de investigación PAPAC. Ha desarrollado proyectos en Sudamérica y Europa. Tiene varios premios, entre los que destaca el premio Arquia Próxima, uno de los más prestigiosos en el sector.
-Acaba de ganar usted y su equipo el premio Arquia Próxima por una vivienda hecha con bambú en Ecuador.
–Los clientes eran una pareja joven que había comprado una hectárea y media de terreno inclinado junto al mar para cultivar un gran jardín, en medio del cual querían construir una cabaña. Nos enseñaron un dibujo y nos llamó rápidamente la atención porque estaba lleno de cosas raras, como por ejemplo el sitio en el que se dibujaban a sí mismos como lugar preferido: en la cubierta inclinada de la casa, mirando al mar.
–¿Cuál ha sido entonces vuestra filosofía al emprender ese proyecto?
–Lo primero que hacemos es intentar ver lo especial de cada proyecto. En este caso quisimos descubrir qué había detrás del dibujo de los clientes, en el que el protagonista parecía no ser la cabaña, sino el jardín cultivable. Además, la casa sugería una prolongación de este hacia arriba. Esto nos llevó a preguntarnos si una vivienda tiene que ser totalmente horizontal. Al final decidimos preservar la pendiente del jardín, haciéndola habitable, y prolongarla en altura.
–Qué cualidades ve usted en ese tipo de casas
–En este caso la vivienda es una atrevida propuesta de hábitat en pendiente, que consigue llegar a una altura de nueve metros sin subir escaleras. No se trata de renunciar a la horizontal, sino de ponerla en valor, como algo excepcional y probablemente el primer logro de la arquitectura. Pero más allá de lo excepcional que esto pueda suponer, el verdadero lujo de la casa está en construir grande y barato.
–¿Esa clase de viviendas se podrían hacer en Andalucía?
–Claro que sí, pero para ello hay que lidiar primero con la normativa, que es restrictiva a la hora de imaginar nuevas opciones. Las rampas por desgracia las asociamos a ese apéndice normativo de accesibilidad, que sirve solo para pasar con silla de ruedas. En este caso, las inclinaciones de nuestra cabaña no pasarían los filtros de la normativa andaluza. Es llamativo que se ha premiado un proyecto que no podría hacerse en España. A veces al querer regularlo todo cerramos puertas muy interesantes, pero no es un tema fácil. Por otro lado, constructivamente tenemos que encontrar nuestro bambú local.
–¿Cuál sería?
–Tenemos chopos. Los troncos de chopo tienen un enorme potencial como elementos estructurales. Además, crecen casi tan rápido como el bambú, y tienen unas dimensiones parecidas. Aunque no sea la madera más resistente, se trata de aprender a usarla con inteligencia.
–¿Influirá el cambio climático o el miedo a otras pandemias en las casas del futuro?
–Esto es lo que da sentido precisamente al uso de materiales como el bambú o el chopo. Los materiales convencionales como el acero o el hormigón son responsables de gran parte de la contaminación actual del planeta. Si el acero fue el descubrimiento del siglo XIX, y el hormigón el del siglo XX, parece que la madera va a ser el de este siglo. No sólo por su menor impacto climático, sino también por la calidad que aporta a nuestros hogares y a nuestro entorno, gracias al incremento y mejora de la actividad forestal.
–¿Qué desafíos tienen los arquitectos jóvenes?
–En cuanto al material, no pensemos que la madera es la solución a nuestros problemas. No hay que olvidar que los bosques tienen un límite. Tenemos que mirar ya al próximo paso, y encontrar materiales que aumenten al ritmo de la población. Estos materiales tendrán que ir asociados por ello a los desechos humanos de alguna manera.
–Los arquitectos son imprescindibles en las sociedades occidentales, pero en otras culturas ni existen.
–Cuando vivía en Ecuador me di cuenta de esto. En estos países, los arquitectos somos vistos como un lujo prescindible, por lo que la gente construye con lo que tiene, chapas, bloques, y con las prisas de la ciudad. Entonces vienen los problemas: insalubridad, derrumbes… Tenemos que preguntarnos cómo puede la arquitectura profesional ayudar en estos casos. ¿Cómo puede hacerse vendible? Si hablamos de desafíos para los nuevos arquitectos, este es seguramente el principal.
–¿Cómo serán entonces los hogares dentro de cien años?
–Puede ser que me equivoque, pero sí que parece haber un camino ya marcado: la vivienda industrializada. La respuesta parece ser esta. Las preguntas son quizás las que no están claras. Hay que plantear sin embargo muchas más preguntas, que no se están resolviendo todavía, como por ejemplo cómo producir a gran escala y realmente barato y mantener la personalización al mismo tiempo. En todos estos casos, el camino apunta en la misma dirección: poner la creatividad en manos de los usuarios y centrar los esfuerzos en suministrar las herramientas para ello. Eso es lo que están haciendo ya marcas como Zara o Ikea.
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