Qué buena vasalla si tuviese buen señor

El CEO de los Estados Unidos ha debido sentir una hemorragia de placer al recibir la medalla del Nobel

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Donald Trump y María Corina Machado.
Donald Trump y María Corina Machado. / M. G.

17 de enero 2026 - 04:00

El tiempo dirá si María Corina Machado ha hecho bien en sacrificar el premio Nobel de la Paz en el altar de Trump. Ojalá así sea. Pero de momento resulta chocante que la esperanza de Venezuela se haya postrado ante quien hasta ahora se maneja más como CEO de los Estados Unidos que como presidente de una democracia. Y lo hace con descaro, sin filtros ni pudor. La corajuda Corina se precipitó quizás al aplaudir el madurazo, porque pasan los días y la democracia ni está ni se le espera. Trump le vertió un jarro de agua fría en su primera comparecencia. Delcy es la marioneta útil y sumisa a los intereses de la Casa Blanca, que no parecen ser la publicación de las actas electorales ni un balance preciso de las atrocidades cometidas al amparo de la narcodictadura. Corina se ha sacrificado demasiado. Es chocante verla entregar regalar la medalla del Nobel a Trump, lo que confirma que acepta el papel del norteamericano como puto amo del mundo, que diría el ministro Puente con el aval de la Real Academia, la que ya acepta el uso del prefijo intensificador para disgusto de Pérez Reverte. “Venezuela va a ser libre con el apoyo del pueblo de los Estados Unidos y de su presidente”, proclamó ella con una gran sonrisa. Venezuela de momento es un cortijo más de Trump. Delcy es la recadera con funciones ejecutivas. Y Corina, la figura de prestigio, un valor que al presidente norteamericano le importa un pimiento frito. Da la impresión de que la líder opositora ha bajado a los infiernos para vender su alma al diablo de piel color de zanahoria. Y es sabido cómo paga el de los cuernos y el rabo a quien bien le sirve.

El tipo que demanda premios para sí mismo y humilla en público y en directo a dirigentes internacionales en su despacho ha debido sentir una hemorragia de placer al recibir la medalla del Nobel, que hasta podía tener aún restos de la nieve de Oslo. Los señores de la Academia se han debido quedar con cara de bobos. El Nobel devaluado, aunque sea de forma simbólica. El tiempo, efectivamente, dirá si Corina se ha rebajado para nada, si cuenta con algún tipo de información fiable sobre el retorno de la democracia a su país, si ha sido víctima de la desesperación y se ha precipitado, si se ha rendido extenuada a los cantos de sirena de la Casa Blanca... Debe ser duro estar fuera de casa a la fuerza durante tanto tiempo, contemplar la salida de Maduro esposado y que los hermanos Rodríguez y el avieso Diosdado sigan en sus puestos. María Corina tiene todo el respeto de la gente de bien, pero uno inevitablemente recuerda qué se deja al aire cuanto más se agacha uno. O dicho con más finura:qué buena vasalla si tuviese buen señor.

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