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Nacho Vegas: “El mundo es caótico, y cantarlo es una forma de comprenderlo”

El músico asturiano presenta en varias ciudades de Andalucía 'Vidas semipreciosas', su nuevo disco.

Nacho Vegas. / Ricardo Rubio / EP
Braulio Ortiz

12 de febrero 2026 - 06:31

“Queríamos ser piedras preciosas y nos quedamos más o menos a la mitad”, canta Nacho Vegas (Gijón, 1974) en Vidas semipreciosas, un álbum que combina el lirismo y el compromiso, la inquietud por la deriva del mundo con la esperanza. Vegas actúa en los próximos días en Sevilla (el 19, en la Sala Custom, festival Insólito), Córdoba (20, Sala Impala), Granada (21, Aliatar), y el 24 de junio en el Teatro Cervantes de Málaga.

Pregunta.–En su nuevo disco se inspira en las piedras semipreciosas y traslada esa etiqueta a la vida.

Respuesta.–Confieso que el mundo de la joyería no me interesaba demasiado hasta ahora, pero me di cuenta de que se podía hacer una analogía con lo que nos ocurre a los seres humanos. Codiciamos cuatro piedras como el diamante o el rubí que se consideran preciosas, que destacan por su dureza y su brillo, y por ser tan caras que sólo pueden acceder a ellas unos pocos. Pero después están las piedras semipreciosas, que son menos duras, más tiernas, que también tienen una gama cromática increíble y unos nombres fantásticos: obsidiana, malaquita... Este disco reivindica la semipreciosura, porque la preciosura es una cosa de pijos y no nos apela.

P.–Define las canciones como “animales asustados” con “sus miedos y sus contradicciones”.

R.–En realidad uno no sabe muy bien lo que hace. Las canciones poseen vida propia y deciden cuándo quieren ser escritas y cuándo no. Es algo que no controlas del todo, por eso hay canciones que envejecen mejor que otras. Es importante que haya en ellas algo de ti, algo de tu mirada, pero después debes recoger al vuelo lo que nos rodea para que forme parte de la canción. El mundo es caótico, y cantarlo es una forma de comprenderlo.

P.–En la letra de Fíu proclama orgulloso ser “hijo de Cristina Vegas, antifascista”, y recuerda que su madre le enseñó que “sin justicia libertad no es cosa cierta”.

R.–Llevamos tiempo viendo cómo se da un auge del fascismo en Europa y en América, pero la verdad es que no sabíamos que la canción iba a tener tanto sentido cuando se publicara el disco. Acabamos de grabarlo en julio y se mezcló a lo largo de todo el otoño, y ha salido en un momento en el que parece que todo se ha vuelto espeluznante. Creo que es importante reivindicar el antifascismo para no normalizar todo lo que estamos viendo hoy, para que no creamos que es una noticia más y ya está. Seamos claros: si normalizamos el fascismo, estamos más cerca de irnos a la mierda.

P.–Pese a todo, usted no cae en el derrotismo y se dice: “Deja ya de lloriquear / afuera hay mil jardines por explorar”.

R.–Sí, aunque hay canciones que parten de sentimientos complejos o incluso dolorosos, es importante no regodearse en el desastre. Si hablamos de situaciones incómodas que se parecen a la tristeza es precisamente para poder confrontarlas, para no esconderlas debajo de la alfombra. Tiene que haber un rayo de luz, una llamada a la esperanza. Deberíamos saber que aquello que nos duele nos hace sentirnos vivos. La música nos indica que seguimos aquí, que no somos cadáveres andantes.

“Debemos reaccionar a lo que está ocurriendo. Si normalizamos el fascismo, estamos más cerca de irnos a la mierda”

P.–El folclore asturiano está muy presente en estas Vidas semipreciosas.

R.–Tenemos que cuidar la música popular que existió antes de que se sacaran discos, que nos llegó gracias a la tradición oral y al trabajo de los folcloristas... Esas canciones tienen que ver con lo que somos: así se expresaba la tierra en la que vives, en la que creciste, y eso forma parte de ti y de tu identidad. Si pones a dialogar todo eso con tus vivencias, con otros intereses actuales, si unes folclore y vanguardia, saldrá algo único. No digo que mejor, pero será algo más personal, con más fuerza.

P.–Las notas del disco lo definen como “una de las voces más singulares y respetadas”. ¿Se percibe así, ahora que está a punto de cumplir los 25 años de trayectoria?

R.–Estas notas las escriben mis compañeras de la oficina, que son muy bonicas y que lo dicen con cariño. Yo no soy nostálgico, y a mí no me gusta mirar hacia atrás. Me han propuesto celebrar los aniversarios, cuando se cumplían dos décadas de carrera, ahora con el cuarto de siglo, y el tema no me convence. Mirar atrás sirve para elegir el repertorio de tus giras: escuchas tus discos anteriores y piensas cómo dialogan lo reciente y lo antiguo. Son canciones que escribiste cuando tu vida era otra y el mundo también era diferente. El ejercicio es bonito porque te dice cosas sobre ti, de cómo has ido avanzando con el tiempo. Supongo que si llevas tanto en esto, y sigues dando conciertos... algo se habrá hecho bien.

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