Albert Boadella | Actor, dramaturgo y presidente de Tabarnia

"Los nacionalistas son los tontos en mi familia"

Albert Boadella, durante la entrevista. Albert Boadella, durante la entrevista.

Albert Boadella, durante la entrevista. / Lourdes de Vicente

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Albert Boadella (Barcelona, 1943) se ha permitido el relax de pasar una semana en Cádiz impartiendo clases de interpretación y dirección teatral a los alumnos de la escuela de Cine de la Universidad de Cádiz. Esto le ha permitido descansar de la "agresión visual" de los lazos amarillos. Fundador de la más exitosa compañía teatral catalana, Els Joglars, ahora ejerce de presidente de Tabarnia, lo que lleva con orgullo "porque otros presidentes son bufones como yo, pero son muy malos porque no son profesionales de esto como yo".

-Tras años de trabajo coral ahora se presenta solo en el escenario y cuenta su vida en El sermón del bufón. ¿Algo así como un monologuista?

-No es un monólogo. De hecho, es un diálogo entre dos personajes, Albert y Boadella. Me desdoblo para contar unas memorias teatralizadas. Un personaje está más vinculado a mi infancia y otro al hombre que se ha ido haciendo con el tiempo. Es un hecho poco insólito porque utilizo el teatro para contar cosas reales. Lo normal en el teatro es contar ficciones. Pero como el nacionalismo nos usurpa a los cómicos y utiliza la calle para contar ficciones no me parece tan extraño.

"Es algo terrible. Cataluña ha tenido una relación formidable con el humor que ha desaparecido"

-¿Aparece en la obra ese joven izquierdista de cierta veleidad nacionalista?

-Nacionalista nunca lo fui. Lo que hice en aquellos años fue reivindicar la lengua y las cosas que en Cataluña estaban apagadas en aquellos años. Puse a mi compañía el nombre en catalán, en mi casa se hablaba catalán... pero ya en el 74 hice una obra en la que satirizaba a un bandolero catalán que aparecía con cuatro barras en el culo. Ya tan pronto era una transgresión de mi tribu. Pero no, el nacionalismo siempre me pareció muy peligroso. Lo mismo me viene de mi padre.

-¿Por qué?

-Mi padre me tuvo mayor, con 65 años, yo soy un milagro de la naturaleza. Nació en 1880 y era un republicano furibundo, al punto de que participó en un atentado a Alfonso XIII. Él era muy catalán y odiaba el catalanismo. Recibí esa herencia.

-No me extraña, en los años 30 había una parte del nacionalismo muy próxima al fascismo.

-El nacionalismo siempre es algo muy próximo al fascismo.

-Usted siempre ha reivindicado a Josep Pla.

-Era un hombre muy de orden, de orden público. Me divierto imaginando lo que diría con todo lo que está pasando. Diría algunas de las cosas más divertidas y feroces que nos pudiéramos imaginar. Representaba una filosofía de lo mejor de Cataluña y era un escritor maravilloso.

-¿Qué tal anda de sentido del humor la revolución de las sonrisas?

-Es que eso no es así. Hacen una sonrisa apretando el culo, no es la risa con la que uno se relaja. Es algo terrible esto que ha pasado porque Cataluña siempre ha tenido una formidable relación con el humor. Es posible que un humor más cercano al sarcasmo, casi cruel, pero humor. Todo eso ha desaparecido. Es peor que en el franquismo porque, al menos, en el franquismo nos reíamos de la dictadura.

-Quizá haya algo de litúrgico en ello. Pujol siempre ha sido un hombre muy religioso.

-Algo así es. Se ha creado una secta Guinness. No creo que haya una secta de dos millones de personas en ninguna parte. No existe posibilidad de diálogo cuando sólo impera la fe. Su credo político es eso, religioso.

-Entre esos dos millones tendrá gente cercana, familiares.

-Sí claro, parte de mi familia es nacionalista. Me tranquiliza saber que son los tontos de la familia.

-¿Y entre sus colegas?

-El mundo de la cultura está en un 90% con el nacionalismo y si ya hablamos de mi gremio es el 99%. Uno puede pensar que tendrá que ver esta unanimidad con las ayudas, ya que el nacionalismo es el poder, donde están las fundaciones, el dinero. Es un poco desolador pensar que para ellos la libertad no es la aspiración máxima, que es lo que uno espera de un artista.

-Hombre, alguno hay.

-Yo diría que en un principio el único que se pronunció y marcó su posición fue Loquillo. Sólo cuando El País se volvió antinacionalista Serrat también se pasó a ese lado. Y bueno, Isabel Coixet, que le han dicho de todo.

-No sé si tanto como a usted.

-Es que yo llevo 30 años en que llamarme hijo de puta es un insulto hasta suave.

-Y por eso se considera un exiliado.

-Es complicado. Soy un exiliado de Tabarnia que vive en Tractoria, lo que conlleva que de vez en cuando hagan una trastada en mi casa. El movimiento de Tabarnia tiene algo de amenaza. ¿Queréis derecho a decidir? Decidamos, pero decidimos todos y como el territorio de Tabarnia se quede, con toda la industria, y vosotros os vayáis seréis un país del tercer mundo. Es una broma, pero una broma que les pone su mundo, su ficción, ante el espejo.

-... ¿que se detendrá algún día?

-Yo lo veo claro, apliquemos el 155 durante tres años y cuando la gente vea que no pasa nada, que los niños aprenden catalán, que los medios dan sus noticias en catalán, se corta el virus. En los años 30 la gente no tenía nada que perder, ahora les jodes un fin de semana y te quieren matar. En el estado del bienestar no hay ningún espíritu revolucionario. Todo es falso. Es un teatro.

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