Junqueras cambia la celda por un aula
El ex vicepresidente de la Generalitat disfruta de su primer permiso tras dos años y medio en prisión
Es recibido entre aplausos en el campus de la Universidad de Vic, donde impartirá clases
De la cárcel de Lledoners a la Universidad de Vic, Oriol Junqueras, condenado a 13 años de prisión por sedición y malversación, ha sido bendecido (como otros siete de los nueve líderes del procés condenados por el Supremo) con la aplicación del artículo 100.2 del reglamento penitenciario. Lo que se traduce en que ha podido disfrutar desde este martes de salidas de la celda seis hotas diarias tres veces por semana para ir a trabajar. Y en el consiguiente escándalo para algunos, que consideran el permiso del líder de ERC es una muestra mas de esa prolongada genuflexión de Pedro Sánchez para mantenerse en el poder a toda costa.
En prisión desde octubre de 2017 (el tiempo la ha cundido y hasta ha escrito un libro que ha dedicado a sus dos hijos), Junqueras ha traspasado los muros de Lledoners a las 11.08 horas de esta mañana, a pie y (muy propio) con un libro en la mano, blandiendo una gran sonrisa y gentil con los periodistas que aguardaban su salida: "Buenos días a todos. ¿Todo bien?"; y se ha ido en un coche acompañado por su asesor Raúl Murcia, informa Europa Press.
Una salida que ha facilitado la Fiscalía al mirar para otro lado a juicio de Casado, que ve detrás la mano negra de la nueva responsable del Ministerio Público, la ex ministra de Justicia Dolores Delgado. "La Administración Penitenciaria depende los políticos, Prisiones es una competencia transferida a la Generalitat, pero la Fiscalía depende del Gobierno" sentencia el líder del PP, que ve en Delgado una pieza más del puzzle con el que Sánchez pretende prolongar como sea su estancia en el Palacio de La Moncloa, que depende en primera instancia de que salgan adelante sus Presupuestos Generales del Estado. Y ahí entra ERC. Y, por supuesto, su presidente presidiario...
A Dios rogando...
A Dios rogando y con el mazo dando, Junqueras es tildado de vaticanista. Una definición con sustento, dada su calidad de católico practicante (todos los domingos asiste a misa, la cárcel no es óbice) y la suavidad de sus formas, que esconden un fondo rocoso. Dicen en su entorno que su dulce tono de voz "no fulmina a sus rivales políticos, los difumina". En todo caso, su perfil es atípico en la asamblearia formación republicana.
Tuvo el cuajo de declarar en el banquillo del Supremo durante la vista del procés su amor a la patria. "Yo amo a España. Amo a la gente y a la cultura española. Lo he dicho mil veces porque es verdad", aseguró Junqueras a su abogado Andreu Van Der Eynde durante su interrogatorio. Erigiéndose en paladín de la transversalidad. "¿Cómo es compatible esto con que sea republicano catalán?". "Estoy convencido de que el mejor modo de garantizar la convivencia y las relaciones es con un reconocimiento entre iguales".
Junqueras ha diseñado su carrera política al milímetro, evitando salidas de tono y conflictos. Así, en las municipales de 2015, ERC (que ya él presidía) animó a los alcaldes a colocar la estelada en la fachada de los ayuntamientos, pero él se negó. "No es la bandera de todos los catalanes", decía.
Con la heroica vitola de mártir del independentismo (ha perdido unos cuantos kilos en prisión mientras Puigdemont se pasea por la Grand Place de Bruselas creyéndose su mentira de que es una especie de Josep Tarradellas en el exilio), alumnos, profesores y responsables de la universidad le han hecho pasillo esta mañana entre aplausos y vítores a su llegada al campus Manresa de la Universidad de Vic, a escasa distancia de su centro penitenciario por cierto.
Junqueras desarrollará un encargo académico vinculado a la formación continua de corta duración. Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea y doctor en Historia del Pensamiento Económico, sus detractores le acusan de ir impostadamente de sencillo por la vida. Cuentan sus hagiógrafos que unas monjitas un día, viéndole tan capaz, lo llevaron a estudiar con ellas. La realidad parece diferente: hijo de un catedrático de Dibujo en un instituto y de una enfermera, era un niño acomodado cuando unas religiosas animaron a sus padres a que lo enviasen al privadísimo Liceo Italiano de la Ciudad Condal.
En 2011 empezó a brillar religiosamente en el mundo de la política, al ser elegido alcalde de Sant Vicent dels Horts, algo que compartió siempre, primero con el Europarlamento y después con la presidencia de Esquerra.
Ahora, desde Lledoners sigue llevando la batuta de ERC, que se las tiene tiesas con Jxcat en plena precampaña electoral catalana. Durante el acto puigdemontista del pasado sábado en Perpiñánpuigdemontista se emitió un vídeo de Junqueras en el que apareció el Tribunal Supremo, que el público asistente abucheó, como a la mesa de diálogo en Moncloa. JxCat, que se sienta en ella, la tacha de "engañifa". Junqueras se jactaba en el vídeo de haber forzado al Gobierno a negociar y a adoptar su terminología, el ahora llamado "conflicto político" que Sánchez reducía, antes de necesitar los favores de ERC, a mero problema de convivencia.
La resolución del conflicto pasa por Lledoners y está cada vez más lejos de Waterloo.
También te puede interesar