Hagan juego, señores

Una página de internet ofrece apuestas sobre la Alcaldía · Zoido va en cabeza pero el envite de Espadas se paga ya a más del doble · La lucha electoral es igual que un casino

Hagan juego, señores

12 de mayo 2011 - 01:00

QUE el mundo es una gigantesca ruleta se sospecha pronto, pero sólo se aprende de verdad una noche en la sala de un casino. Preferentemente en Las Vegas, Nevada, la ciudad donde cuando llegas a un hotel -cualquiera, la categoría es lo de menos- dejas la visa (con cierto temor, todo hay que decirlo) en la recepción del hotel y de entrada, del tirón, el empleado de turno te hace una retención de crédito del orden de 1.000 dólares.

-Oiga, ¿Y esto?

-Oh, no es nada. Es simplemente por seguridad (suya, claro). Por si consume cualquier cosa en cualquiera de los establecimientos de la ciudad (hoteles, bares, ruletas) y no quiere llevar efectivo encima. Si usted no lo agota se le devuelve. Pero eso, claro, es casi imposible. Está usted en Las Vegas.

-¿No se paga en cada sitio?

-No, todos estamos conectados en red. Usted puede ir a cualquier sitio y consumir sin pagar en el acto. Todo se carga en la tarjeta.

-¿Y si alguien no tiene visa?

-¿Cómo dice? Eso es imposible. En América si no tienes una visa es como si estuvieras muerto. Y los muertos no vienen a Las Vegas.

O sí. Depende bien de cómo se mire. Porque basta asomarse al patio de operaciones de cualquier casino, donde todavía dejan fumar puros (no hay que poner freno a las pasiones en estos sitios) y existen zonas de penumbra, para ver cómo los jubilados se pulen el fondo de pensiones (privado) en las tragaperras y las posibilidades de los jugadores profesionales son casi infinitas. Coches, caballos, rugby, fútbol (en todas las variedades), cartas, naipes, dados. Cualquier cosa sirve. Miras las pantallas de apuestas y aquello parece la bolsa. Es la bolsa. Wall Street, de hecho, no es más que eso. El mundo en estos sitios se reduce a un gráfico de posibilidades. Éxito o fracaso inmediatos. Si uno sube es porque otro baja. Y si algo que parecía hundirse en el fondo de un pozo negro de pronto reflota los beneficios de sus fieles se duplican. Pura cuestión de riesgo.

Curiosamente, las elecciones municipales también se han convertido en objeto de este negocio. No hablo de que a algunos políticos (antecedentes tenemos en Sevilla, pero seamos diplomáticos y evitemos dar muchos detalles al respecto) le toque una Alcaldía en una tómbola, sino del hecho de que, según nos contó ayer la agencia Europa Press (a la que hay que agradecer el trabajo que nos ahorra en los periódicos, y sin la que no saben vivir ciertos periodistas que tienen por costumbre firmar con su nombre sus despachos sin rubor alguno), un portal de apuestas on line [unibet.com] ha incluido dentro de su galería de opciones los hipotéticos resultados de los comicios locales, entre ellos los sevillanos.

¿Cómo está la cosa? Pues más o menos como dicen las encuestas. Zoido encabeza las opciones, según cuenta el portal, pero su victoria se paga a 1,40 euros, mientras que la de Espadas, el candidato socialista, al ser mucho más arriesgada (lo que no implica que sea imposible) cotiza a 2,70 euros. A más riesgo más beneficios. La rueda de la fortuna, que dijo en sus tiempos Boecio.

El símil se antoja perfecto para el caso de los aspirantes a la Alcaldía. El destino, ahora incierto, girará sobre su propio eje dentro de unos diez días y hará con ellos lo que le plazca. No hay remedio. Su resultado es de todo punto imprevisible. Puede depararnos diversas imágenes: un triunfador que al final no triunfa o un aspirante que debe seguir cuatro años más en la misma batalla porque el fin deseado se le torna inalcanzable. O viceversa.

"Quien confía en su suerte, cae a menudo en un instante", cuenta Boecio, que es un maestro a la hora de impartir lecciones con las que soportar la adversidad (cualquiera que ésta sea). La principal: lo único que es eterno es que la rueda de la fortuna gira. Todo lo demás es mudable. Hoy estás arriba. Mañana abajo. La vida es como una noria. Y quien hoy te mira con desprecio mañana probablemente te haga los honores que reservaba para otro. Falsos, siempre.

Los socialistas se han tirado meses en la posición equivocada de la rueda. Desde hace algunos días creen estar en ascenso: con posibilidades reales de llegar a la Alcaldía, que en su caso pasa (inevitablemente) por un pacto con IU. Acuerdo que algunos satanizan (llamativamente los mismos que animan a votar sin miedo no dejan de meter miedo) y que, desde el punto de vista de la ley electoral, es tan natural como previsible. Sevilla, salvo excepciones, siempre se ha gobernado gracias a los pactos. El poder, como nos enseñaran los clásicos, en realidad nunca se tiene. Sencillamente se administra y se comparte.

Su estrategia pasa por hacerse notar todo lo posible: van a los actos con charanga, han puesto a trabajar incluso a los militantes que hasta hace nada descreían de los resultados (salvo excepciones que a estas alturas ya son irremediables) y han convertido la jornada de su candidato, Espadas (el senador), en un relato directo por internet. Ayer presentaron vídeo: Me pongo en tus zapatos. Expresión anglosajona. Por aquí siempre se ha dicho de otra forma: "Si yo estuviera en tu lugar...". Espadas pide confianza. Gente joven, buen rollo, sonrisas. Todo espontáneo.

Los populares, a los que le recriminan una campaña de baja intensidad, y que en realidad desearían decir aquello del clásico programa deportivo -árbitro, la hora-, sostienen que ellos hacen una labor callada en los barrios. Que todo lo que sale en los medios sólo es una parte de su trabajo. Viniendo de alguien que lleva cinco años en Zoido TV la cosa se antoja increíble. ¿Será cierta?

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