El candidato es el mensaje

Pablo Montesinos, adentrándose en el lado oscuro

  • El reportero de Libertad Digital encarna la difusa frontera entre el periodismo y la política

Pablo Montesinos haciendo un directo junto a la sede del PP en Madrid, en la calle Génova Pablo Montesinos haciendo un directo junto a la sede del PP en Madrid, en la calle Génova

Pablo Montesinos haciendo un directo junto a la sede del PP en Madrid, en la calle Génova

ME decía Mariano Guindal, criado en Colpisa en los brazos de Manu Leguineche, durante treinta años hombre de La Vanguardia en Madrid, uno de los reporteros más respetados de la Transición, un periodista a cuerpo y alma: “No hay nada más desolador que un redactor jefe con un lazo amarillo o un periodista en una Redacción con la insignia de un partido”.

Para los que ejercemos este oficio como anárquico sacerdocio, la política y los políticos son los que están al otro lado de la trinchera. Es verdad que como a cualquier enemigo se le puede tomar aprecio, incluso trabar esa amistad que siempre hubo entre gangsters de distintas familias. Sin embargo, por la crisis del sector o porque los del otro bando visten mejor, son más guapos o, qué tontería, claro, porque pagan mejor, las bajas de nuestro ejército son innumerables. Pasarse al lado oscuro, decimos los que nos quedamos con nuestros humildes sueldos y nuestros andrajos en el bando perdedor pegando tiros de fogueo a ninguna parte y recibiendo escupitajos en los digitales por comentaristas que no tienen nada mejor que hacer.

De los últimos caídos tenemos, por no hablar de los escalafones de abajo, a Jesús Duva, magnífico reportero de sucesos, como jefe de gabinete de Carmena; Miguel Ángel Oliver en La Moncloa; o Hermann Tretsch, inclasificable, en la candidatura europea de Vox. En fin, estas cosas nos pueden pasar a cualquiera.

El PP ha causado nuevas bajas en el oficio con dos nombres de campanillas para la parroquia que sigue el espectáculo de la política. Que el show no se detenga. A uno de estos fichajes lo ha rebautizado Pablo Casado como Messi, la Messi del PP, y es una periodista que viene de la aristocracia. Marquesa de Casa Fuerte, Cayetana Álvarez de Toledo tiene una formación que quita el hipo, acorde con su sangre. Esta madrileña va por Barcelona y todos sabemos que cuando una marquesa se pone puede ser de armas tomar. Tiembla Barcelona. Es difícil saber si fue de nuestro bando, pese a ser una sólida polemista y tener una más que aceptable escritura por lo que se le leyó en sus años en El Mundo, porque con sólo 32 años ya era jefa de gabinete de Ángel Acebes y milita en el PPy en el think tank (sea lo que sea eso) de Aznar, FAES (no sé si se milita en FAES o qué se hace allí).

Llama más la atención el otro desertor, dicho sea con todo el cariño hacia un compañero (a los desertores les llamamos compañeros hasta que pedimos la segunda copa; ellos también lo hacían).

Pablo Montesinos es almeriense de nacimiento y malagueño de crianza. Y va por Málaga. De candidato y de vacaciones. Ha hecho su carrera (la académica y la profesional) en Madrid y su paso no ha sido muy grande. Hace unas semanas estaba en la puerta de Génova por fuera y ahora está por dentro. Es un misterio, sobre todo para la estructura del PP de Málaga, lo que puede aportar Montesinos al proyecto de Casado. Ni él mismo sabe verbalizarlo (je, verbalizarlo) en sus entrevistas: “Humildemente, voy a intentar hacerlo bien”. Ya sabemos lo que se dice de los periodistas, que somos patos: caminamos, volamos y nadamos. Y todo lo hacemos mal. Hay más: sabemos mucho de nada y absolutamente nada de todo. En fin, hay más chistes y casi todos son ciertos.

Pero hablamos de Montesinos y sus claves. Él viene de Libertad Digital, una obra visionaria no muy equivocada de Federico Jiménez Losantos, demasiado en su día incluso para la COPE, de hacia dónde iba el periodismo con la revolución tecnológica. Jiménez Losantos se inventó lo de maricomplejines para Rajoy, que es el origen de la “derechita cobarde” acuñada por Vox.

Pero Montesinos ha sabido marcar distancias. Su popularidad se la debe a las conexiones de La Sexta y a su papel de tertuliano en esos escenarios que se han encumbrado en los shares, que es lo que mide el periodismo de esta época. Montesinos, del que la profesión dice maravillas como persona, es desenvuelto y le apetece más el otro lado de la trinchera. El PP de Casado viene a contarnos que qué tiene de raro, si todos jugamos a lo mismo. Y uno quiere hacerse la ilusión de que no jugamos a lo mismo. Porque el periodismo está lleno de ilusos y de tontos. Los que vivimos en la trinchera. No es heroico. Somos como los japoneses esos que no sabían que la guerra ya había terminado.

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