Las maracas y el rey del mambo
La gran cita del miércoles en La Moncloa se va echando encima y la figura del uno -el anfitrión- sigue menguando mientras la del otro crece y crece endiabladamente.
El desgaste de Zapatero y del resto de su Gobierno ante la sensación de pasividad que ha dado a todos esos que han pasado de la inquietud a la depresión por el desbocado aumento -por ejemplo- de la hipoteca, evocando la figura del impertérrito capitán del Titanic -que se deleitaba con los violines de la orquesta mientras el barco se iba a pique- es ya tan monumental que hasta ha resucitado al muerto.
ZP, quién te ha visto y quién te ve. El caballero de la triste figura ha llegado magullado de Cataluña, donde los compañeros del PSC, empezando por Montilla, le dejaron ayer muy clarito que lo primero es lo primero -Cataluña, claro- , y que ojito con jugársela, que le puede costar muy caro, que somos unos cuantos diputados en el Congreso y a lo peor tenemos que hacerte la peineta y adiós muy buenas y gracias por nada, que la pela es la pela, ya sabes José Luis. Y eso que hasta había logrado domeñar al PP, que ha pasado de los rugidos a los maullidos y que, aunque siga sacando las uñas, va camino incluso del ronroneo. Pero la crisis, ¡ay!, le está comiendo la moral y muchos deberían ser los beneficios taumatúrgicos de ese gran acto de mañana en Madrid de adoración a ese líder venido a menos, que parece que han pasado dos años y no dos semanas desde que saliera aclamado como renovado capitán de la nave y harto complacido con el eco en sus oídos de los cuchillos que se afilaron y volaron en Valencia.
Allí tragó quina Rajoy escuchando los reproches de la vieja guardia pero superó la prueba y ha hecho una tabla rasa imponente. Es eso lo que convierte en taquillera a esta película de la renovación del PP, que sus efectos especiales parecen de lo más natural y que ahora Rajoy se permite el lujo de recriminar a Zapatero su "absoluta falta de liderazgo". Hay que descubrirse. La repentina permuta de roles es impresionante. A ver quién le habla de maracas al rey del mambo, ese ex alma en pena que presume de tener un partido "infinitamente mejor" que antes de la terapia de grupo en Valencia. Pero presumir ahora de liderazgo es exagerado, ¿no?
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