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Robar tres veces en un año ya puede llevarte a prisión: así funciona la nueva ley de multirreincidencia

El Congreso aprueba endurecer las penas por delitos leves reiterados, incluyendo hurtos menores de 400 euros y estafas repetidas en comercios

La nueva ley de multirreincidencia castigará el 'petaqueo' hasta con 5 años

Junts saca adelante la ley para combatir la multirreincidencia en el Congreso con apoyo de PP y PSOE

Simulación de una detención por parte de la Policía / M.R.M./ IA

El Congreso de los Diputados ha dado luz verde a la nueva Ley de Multirreincidencia, una reforma del Código Penal que endurece significativamente las penas contra quienes cometen delitos leves de forma repetida. A partir de su entrada en vigor, conductas que anteriormente se castigaban únicamente con multas económicas podrán derivar en penas de prisión efectiva si se reiteran en un periodo determinado. La medida busca frenar la impunidad percibida ante pequeños delitos frecuentes, especialmente hurtos en establecimientos comerciales y estafas de cuantía reducida.

La iniciativa legislativa responde a una demanda creciente del pequeño comercio, vecinos de zonas turísticas y fuerzas de seguridad, que venían denunciando cómo los mismos delincuentes acumulaban decenas de denuncias sin consecuencias penales graves. Hasta ahora, el sistema judicial español carecía de herramientas suficientes para actuar contra quienes hacían del delito leve una actividad habitual, pudiendo encadenar robos menores sin ingresar en prisión. Con esta reforma, el legislador pretende cerrar ese vacío legal y ofrecer una respuesta más contundente.

La norma ha contado con un amplio respaldo parlamentario, logrando consenso entre formaciones de distinto signo ideológico. Los defensores argumentan que protege al pequeño comercio, reduce la sensación de inseguridad ciudadana y refuerza la confianza en el sistema judicial. Sin embargo, también ha generado críticas desde sectores que advierten sobre una posible criminalización de la pobreza y exclusión social, así como el riesgo de saturar aún más el sistema penitenciario español sin abordar las causas estructurales de la delincuencia.

Qué es la multirreincidencia delictiva y cómo funciona

La multirreincidencia se define como la situación en la que una persona acumula varias condenas firmes por delitos de naturaleza similar en un periodo temporal relativamente corto, sin que estas hayan prescrito legalmente. A diferencia de la reincidencia simple, que contempla únicamente dos delitos, la multirreincidencia implica un patrón continuado de comportamiento delictivo que demuestra desprecio hacia las resoluciones judiciales previas.

Hasta la aprobación de esta reforma, muchos delincuentes habituales aprovechaban los límites del sistema para cometer pequeños robos de forma sistemática sin enfrentarse a penas privativas de libertad. En la práctica, podían sumar decenas de condenas por hurtos inferiores a 400 euros, estafas menores o daños patrimoniales leves, recibiendo únicamente sanciones económicas que en muchos casos no llegaban a pagar. Este fenómeno generaba frustración entre comerciantes y ciudadanos que veían cómo las mismas personas volvían a delinquir días después de ser denunciadas.

El concepto jurídico de multirreincidencia no es nuevo en el derecho comparado europeo. Países como Francia, Alemania o Italia cuentan desde hace años con agravantes específicas para delincuentes habituales que permiten endurecer las penas cuando se demuestra un patrón reiterado de conducta delictiva. España se suma ahora a esta tendencia legislativa, adaptando su marco penal a una realidad social que demandaba mayor contundencia judicial.

Principales cambios introducidos por la reforma legal

La nueva normativa introduce modificaciones sustanciales en el Código Penal español que afectan tanto a la determinación de las penas como a las medidas cautelares disponibles para los jueces. El primer gran cambio consiste en la conversión de multas en penas de prisión cuando se acredita la existencia de multirreincidencia. Esto significa que delitos que individualmente no llevarían aparejada la privación de libertad pueden derivar en condenas de cárcel al repetirse.

Por ejemplo, un hurto en establecimiento comercial cuyo valor no supere los 400 euros constituye una falta que habitualmente se castiga con multa. Sin embargo, si la misma persona comete tres o más hurtos similares en el plazo de un año, el juez podrá aplicar la agravante de multirreincidencia y sustituir las sanciones económicas por una pena de prisión que puede alcanzar varios años, dependiendo de las circunstancias concurrentes y el valor acumulado de lo sustraído.

El segundo cambio significativo afecta a las restricciones de movimiento y acceso territorial. Los tribunales podrán imponer prohibiciones específicas de acceso a determinados barrios, zonas comerciales, centros históricos o áreas turísticas donde el delincuente haya actuado habitualmente. Estas medidas, similares a las órdenes de alejamiento vigentes en casos de violencia de género, buscan evitar que los multirreincidentes sigan delinquiendo en los mismos espacios geográficos donde han desarrollado su actividad delictiva.

Finalmente, la ley amplía las herramientas procesales disponibles para fiscales y jueces. Entre ellas destacan la posibilidad de unificar causas penales repetidas para evitar la dispersión de procedimientos, la agilización de los juicios mediante procedimientos abreviados específicos para multirreincidentes, y la imposición de medidas cautelares más estrictas desde el inicio del proceso judicial. Todo ello busca acelerar la respuesta del sistema ante delincuentes habituales.

Ejemplos prácticos de aplicación de la normativa

Para comprender mejor cómo funcionará la nueva ley en casos reales, conviene analizar varios supuestos prácticos que ilustran su aplicación. El caso más común será el del ladrón habitual de pequeños comercios. Imaginemos a una persona que, en el transcurso de doce meses, sustrae productos de establecimientos comerciales en tres ocasiones distintas: ropa valorada en 150 euros, productos electrónicos por 200 euros y artículos de perfumería por 180 euros.

Bajo la legislación anterior, cada uno de estos actos daría lugar a una condena de multa por hurto leve, probablemente suspendida si el condenado carecía de antecedentes penales previos. El delincuente podía seguir en libertad y continuar con su actividad. Con la nueva ley, al acumular tres condenas por hechos similares en un año, el juez aplicará la agravante de multirreincidencia y podrá imponer una pena de prisión efectiva de hasta dos años, además de prohibirle el acceso a las zonas comerciales donde actuó.

Otro supuesto frecuente es el de las estafas repetidas en mercadillos o ventas ambulantes. Una persona vende productos falsificados haciéndolos pasar por originales, engañando a compradores en diferentes ocasiones. Tras dos condenas previas por estafa de menor cuantía, comete un tercer engaño similar. Anteriormente, cada condena se gestionaba de forma independiente con sanciones económicas. Ahora, la tercera condena activa el mecanismo de multirreincidencia, pudiendo derivar en prisión y en la prohibición de ejercer actividades comerciales.

El tercer caso típico afecta a los carteristas en zonas turísticas. Un delincuente especializado en sustracciones en transporte público o aglomeraciones turísticas acumula múltiples denuncias por hurtos de carteras, teléfonos móviles o documentación. Con la reforma, además de enfrentarse a penas de cárcel al superar el umbral de reincidencia, puede recibir una orden judicial que le prohíba acceder durante años a las zonas del centro histórico, estaciones de transporte o principales atractivos turísticos de la ciudad.

Apoyo político y argumentos a favor de la reforma

La Ley de Multirreincidencia ha logrado un respaldo parlamentario inusualmente amplio, contando con votos favorables de partidos de distintas orientaciones ideológicas. Este consenso se explica por la confluencia de varias demandas sociales que han ido cobrando fuerza en los últimos años, especialmente entre comerciantes, asociaciones vecinales y cuerpos de seguridad del Estado.

Los defensores de la norma argumentan que era necesaria para restaurar la confianza ciudadana en el sistema judicial. Numerosos comerciantes denunciaban situaciones en las que reconocían a los mismos ladrones entrando repetidamente en sus establecimientos, sabiendo que las consecuencias legales eran mínimas. Esta percepción de impunidad generaba frustración y sensación de desamparo, especialmente en pequeños negocios familiares que veían mermados sus beneficios por las sustracciones continuadas.

Desde el punto de vista de la seguridad ciudadana, las fuerzas policiales también reclamaban herramientas legales más eficaces. Los agentes detenían repetidamente a las mismas personas por delitos leves que se sucedían sin interrupción, comprobando cómo volvían a delinquir días después de ser puestas en libertad. La nueva ley ofrece a los tribunales margen para actuar de forma más contundente cuando se demuestra que alguien ha hecho del delito su modo de vida.

Otro argumento recurrente es la protección del tejido comercial, especialmente el pequeño comercio tradicional que ha visto reducidos sus márgenes por la competencia del comercio electrónico y las grandes superficies. Para estos negocios, los hurtos reiterados representan pérdidas significativas que pueden comprometer su viabilidad económica. La reforma busca ofrecer una respuesta más eficaz a esta problemática.

Críticas y preocupaciones sobre la nueva legislación

Pese al amplio consenso político, la reforma ha generado críticas significativas desde diversos sectores sociales, jurídicos y académicos. La principal objeción se centra en el riesgo de criminalizar situaciones de pobreza y exclusión social. Organizaciones del tercer sector advierten que muchos de los delitos leves reiterados los cometen personas en situación de vulnerabilidad extrema, sin hogar, con adicciones o enfermedades mentales no tratadas.

Estas entidades sociales argumentan que endurecer las penas sin abordar las causas estructurales que llevan a delinquir no reducirá la delincuencia, sino que trasladará el problema al sistema penitenciario. Las cárceles españolas ya sufren problemas de hacinamiento y falta de recursos para la reinserción. Incrementar la población reclusa con personas que cometen delitos menores podría agravar esta situación sin ofrecer soluciones reales.

Desde perspectivas jurídicas garantistas, se cuestiona la proporcionalidad de la medida. Convertir varios delitos leves en una condena de prisión podría vulnerar el principio de proporcionalidad entre el delito cometido y la pena impuesta. Algunos juristas advierten que los tribunales superiores, incluido el Tribunal Constitucional, podrían revisar la aplicación de esta norma si se considera que impone castigos desproporcionados.

También existe preocupación por el posible efecto discriminatorio. Estudios criminológicos demuestran que el perfil de personas que cometen hurtos menores de forma reiterada suele corresponder a colectivos ya marginalizados socialmente. La aplicación de esta ley podría perpetuar círculos de exclusión: prisión, antecedentes penales, mayores dificultades para encontrar empleo, nueva comisión de delitos.

Calendario de entrada en vigor y aplicación progresiva

Tras su aprobación en el Congreso de los Diputados, la Ley de Multirreincidencia debe completar su tramitación parlamentaria pasando por el Senado, donde previsiblemente no sufrirá modificaciones sustanciales dado el amplio consenso alcanzado en la cámara baja. Una vez superado este trámite, será publicada en el Boletín Oficial del Estado, momento a partir del cual comenzará el periodo de vacatio legis, habitualmente de tres meses, antes de su entrada en vigor efectiva.

Los operadores jurídicos esperan que la norma esté plenamente operativa antes del verano de 2025. A partir de ese momento, los juzgados de lo penal de toda España comenzarán a aplicar los nuevos criterios de forma progresiva. El Consejo General del Poder Judicial ha anunciado que elaborará una guía de aplicación para unificar criterios entre los diferentes tribunales territoriales y evitar disparidades interpretativas que generen inseguridad jurídica.

La aplicación práctica requerirá adaptaciones en los sistemas informáticos judiciales para identificar de forma automatizada a personas con múltiples condenas por delitos similares. Actualmente, la fragmentación de los procedimientos y la falta de coordinación entre juzgados dificultaba que los magistrados tuvieran una visión completa del historial delictivo de cada acusado. Las mejoras tecnológicas previstas facilitarán la detección de patrones de multirreincidencia.

Impacto esperado en comercios y seguridad urbana

Las asociaciones de comerciantes han recibido la nueva legislación con expectación, confiando en que reduzca significativamente los hurtos reiterados que afectan especialmente a pequeños establecimientos. Según datos del sector, los comercios minoristas españoles pierden anualmente cientos de millones de euros por sustracciones, siendo los hurtos menores repetidos una parte significativa de estas pérdidas.

En zonas turísticas de ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia, donde la actividad de carteristas y ladrones especializados es particularmente intensa, se espera que las nuevas medidas disuasorias, especialmente las prohibiciones de acceso a determinadas áreas, contribuyan a mejorar la percepción de seguridad tanto entre residentes como entre visitantes. El sector turístico considera que la sensación de inseguridad puede afectar negativamente a la imagen de los destinos españoles.

Sin embargo, algunos expertos en criminología advierten que el efecto disuasorio real dependerá de la efectividad en la aplicación. Si los delincuentes perciben que la probabilidad de ser detenidos y condenados sigue siendo baja, el endurecimiento de las penas no tendrá el impacto esperado. La reforma debe ir acompañada de mejoras en la capacidad policial y en la agilidad de los procedimientos judiciales para resultar verdaderamente eficaz.

Qué cambia para los ciudadanos y el sistema judicial

Para la inmensa mayoría de la población española, esta reforma legal no tendrá ningún impacto directo en su vida cotidiana. La norma no castiga más severamente el primer delito, sino que establece consecuencias más graves exclusivamente para quienes convierten la comisión de infracciones leves en una actividad habitual y reiterada. Un ciudadano que cometa un único hurto o una infracción aislada seguirá recibiendo el mismo tratamiento penal que antes de la reforma.

El cambio fundamental afecta al tratamiento judicial de la reincidencia sistemática. Los jueces dispondrán de mayor margen de actuación para imponer penas proporcionales a la conducta global del delincuente, no solo al último delito cometido. Esto supone un cambio de filosofía: se pasa de evaluar cada acto delictivo de forma aislada a considerar el conjunto del comportamiento delictivo como un patrón que merece una respuesta penal más contundente.

Para el sistema judicial, la reforma implica desafíos organizativos importantes. Será necesario coordinar mejor la información entre juzgados, mejorar los sistemas de registro de antecedentes, formar a fiscales y jueces en la aplicación de los nuevos criterios de multirreincidencia, y gestionar el previsible aumento de ingresos en prisión. El Ministerio de Justicia ha anunciado la asignación de recursos adicionales para facilitar esta transición, aunque asociaciones judiciales reclaman medios más amplios.

Comparativa con legislaciones europeas similares

España no es el primer país europeo en endurecer las penas contra la multirreincidencia en delitos leves. Francia implementó en 2007 una normativa similar conocida como "peine plancher" (pena mínima), que establece condenas mínimas obligatorias para reincidentes. Esta legislación francesa ha sido objeto de debate intenso, con evaluaciones que muestran resultados mixtos: reducción de algunos tipos de delincuencia pero aumento de la población carcelaria sin mejoras claras en la reinserción.

En Alemania, el concepto de "Wiederholungstäter" (delincuente repetitivo) permite a los tribunales aplicar penas agravadas cuando se demuestra un patrón continuado de comportamiento delictivo. El sistema alemán combina el endurecimiento penal con programas intensivos de rehabilitación y reinserción social, intentando equilibrar la respuesta punitiva con medidas preventivas. Los resultados alemanes se consideran más positivos que los franceses, precisamente por esta combinación de elementos.

Italia introdujo reformas similares en su "Codice Penale" que contemplan agravantes específicas para la "recidiva reiterata" (reincidencia reiterada). El sistema italiano establece incrementos automáticos de pena cuando se acreditan múltiples condenas previas, pudiendo aumentar hasta un tercio la duración de las condenas. La experiencia italiana muestra que la efectividad de estas medidas depende críticamente de la rapidez con que el sistema judicial procesa los casos repetidos.

Reino Unido, por su parte, aplica desde hace años el sistema "three strikes and you're out" (tres faltas y estás fuera) para determinados delitos, especialmente relacionados con robos domiciliarios. Este enfoque anglosajón es más radical que la reforma española, estableciendo penas mínimas de prisión automáticas tras la tercera condena, sin apenas margen de apreciación judicial. Los resultados británicos han generado controversia por el encarcelamiento masivo de personas con problemas sociales no resueltos.

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