Festival de Cine de Sevilla Mover conciencias, contar historias

  • El SEFF inaugura su nueva edición con 'Madre', la esperada película de Sorogoyen.

  • La apertura reconoce también a Pere Portabella, que recibe el Giraldillo de Honor

El cineasta Pere Portabella. El cineasta Pere Portabella.

El cineasta Pere Portabella. / Belén Vargas

Reivindicado como creador "fundamental de la historia del cine", pero también como figura crucial "para la democracia de este país", Pere Portabella recibió este viernes el Giraldillo de Honor del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF) en la apertura de la edición número 16 del certamen. En la gala se proyecta una de las películas más esperadas de este año, Madre, de Rodrigo Sorogoyen.

Portabella (Figueras, 1927) defendió en su visita a Sevilla que una obra está incompleta hasta que el receptor la culmina "con sus experiencias y su sensibilidad. Uno ve un cuadro de Rothko después de ver El jardín de las delicias de El Bosco, y puede concluir si el primero es también un paisaje o no lo es", argumentó el director de proyectos como Vampir-Cuadecuc o Die Stille vor Bach (El Silencio antes de Bach), un creador radical que se define "heredero de la cultura de vanguardia", que ha protagonizado fértiles alianzas con Joan Brossa, Carles Santos o Joan Miró y se resiste a las narrativas convencionales. "Yo lo que hago en mis películas es mover los espacios, no contar historias", dice un artista que a lo largo de su trayectoria ha sido invitado por citas e instituciones como la Documenta de Kassel, el Centre Pompidou de París o el MOMA de Nueva York.

Portabella ilustró con una anécdota su fama de agitador cultural, una etiqueta que no parece incomodarle. "Una vez que fui a Cannes programaron una película de Godard y se fue media sala, proyectaron una mía y sólo quedaron dos o tres filas", presume con humor. "Eso sí, cuando acababa el pase, ese público indignado entraba para mostrar su opinión de forma apasionada. Aquello me parece maravilloso", recuerda un cineasta cuya obra "es emocionante pese a su apariencia difícil", opina el crítico y programador Luis E. Parés.

En su encuentro con los periodistas, Portabella se remontó a sus comienzos como productor, una etapa en la que levantó clásicos como Los golfos, de Carlos Saura, El cochecito, de Marco Ferreri y Viridiana de Luis Buñuel. "Organizábamos unas sesiones de cine en casa de Tàpies, y en una Antonio Saura me dijo: Tengo un hermano, Carlos, que tiene un guión que no puede colocar. A ver si puedes echarle un vistazo", rememora sobre un periodo en el que provocó la ira y el desvelo de los censores y en el que se le requisó el pasaporte con frecuencia. "Me retiraron la subvención porque juzgaron que la película iba sobre delincuentes comunes", añade Portabella sobre Los golfos.

El equipo de 'Madre'. El equipo de 'Madre'.

El equipo de 'Madre'. / Belén Vargas

El cochecito, una comedia osada y genial que se atrevía a retratar la insolidaridad entre discapacitados, causaría otro notable revuelo: el régimen franquista obligaría a reescribir el guión y a introducir un lacrimógeno arrepentimiento en el personaje de Pepe Isbert. Pese a los sinsabores de la producción, Ferreri conquistaría el Premio de la Fipresci en Venecia por este largo.

Con Viridiana, que surgió después de que se encontrara a Buñuel en un ascensor y se ofreciera a trabajar con él, "se cayó todo", evoca Portabella. Hasta el director general de Cinematografía, José María Muñoz Fontán, fue destituido por permitir la proyección en Cannes de una película cuyo negativo se había llevado a Francia de manera clandestina para evitar el último corte de la censura. "El Vaticano estaba indignado, y con razón. ¿Cómo era posible que un país con el que la Santa Sede tenía un concordato dejara hacer una película tan irreverente?", comparte el emocionado productor, casi 60 años después de aquella hazaña.

Portabella, que fue elegido senador en las primeras elecciones democráticas después de la dictadura y estuvo en la comisión que redactaría la Constitución, se pronunció sobre la crispación que se vive en la política actual. El director de Informe general (y su secuela, que filmaría casi 40 años después) recuperó un texto leído el pasado año en una conferencia en el Teatro Calderón de Valladolid, en una jornada que celebraba las cuatro décadas de la Constitución. "Cuando la respuesta es fundamentalmente la aplicación pura y dura de los recursos coactivos y punitivos del Estado, se retroalimenta el conflicto y se alejan las posibilidades de una solución acordada, acorde con la ciudadanía de un Estado democrático: diálogo y negociación hasta la extenuación sin olvidar el shock emocional e insostenible de centenares de personas imputadas, encarceladas o en el exilio", reclamó. "Detrás del cuestionamiento de un referéndum hay un paternalismo insoportable, sencillamente el de que la gente no está preparada", concluye Portabella.

Sorogoyen lleva al largo un celebrado cortometraje que fue candidato al Oscar

La primera jornada del SEFF tuvo también a otro protagonista destacado: Rodrigo Sorogoyen, consagrado ya como uno de los realizadores más dotados del cine español, presentaba Madre, que a la expectación de ser el nuevo proyecto del director tras su triunfo en los Goya con El reino sumaba otro aliciente: llevaba al largo un celebradísimo –y nominado al Oscar– cortometraje homónimo, la desasosegante historia de una mujer que vive en directo, por teléfono, el extravío y la posterior desaparición de su hijo. "Cuando nos planteamos qué hacer después de El reino, llamé a Isabel [Peña, su coguionista] y le propuse continuar. Y ella me dijo: Qué pereza, otro thriller de niños secuestrados", admite entre risas el madrileño.

Marta Nieto. Marta Nieto.

Marta Nieto. / Belén Vargas

Pero Madre no pretende ser eso: ubica la acción diez años después de aquella secuencia y narra la relación que esa mujer rota por la pérdida (una rotunda Marta Nieto, premiada en la sección Horizontes de Venecia y una de las favoritas para los próximos Goya) entabla con un joven que le recuerda a su hijo (Jules Porier). Nieto afirma que fue al rodaje ya con el estado de ánimo de su personaje "integrado. Era importante no tener que actuarlo. Su fragilidad contrasta con su fortaleza, al fin y al cabo es una superviviente", expone.

Sorogoyen y su coguionista describen con pudor la tortuosa intimidad entre esa mujer adulta y un menor. "No buscamos la corrección política, aunque no sé si te condiciona el tiempo en el que vives. Hoy hacer algo como Un soplo en el corazón, de Louis Malle (1971), es impensable si buscas que tu película sea comercial. Pero no nos planteamos eso: simplemente creemos que mientras más sutil seas más interesante resulta tu obra. Intentamos plantear más preguntas que explicitar respuestas", apunta el director y suscribe Peña. "Nos gustan mucho las elipsis. Trabajamos mucho con tijeras".

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