El maltratador trans Candy, de nuevo a juicio
Se enfrenta a una petición de hasta cuatro años de cárcel por delitos de amenazas, injurias y vejaciones a su ex pareja
El maltratador trans no quiere estar en la cárcel con los hombres
Nuevo juicio el próximo martes, 3 de marzo, a Candy, el maltratador trans que se cambió de género en el Registro Civil un mes antes de ser condenado en firme por agresión a su ex mujer. La titular del juzgado de lo Penal número 6 de Sevilla ha fijado para este día el juicio en el que tendrá que responder de tres delitos hacia su misma ex pareja, que suman, según la petición de la acusación que ejerce el abogado José Antonio Sires, una pena de cuatro años de cárcel. Candy será trasladado a los juzgados desde la prisión Sevilla I, donde, desde julio de 2025, cumple una condena de 15 meses también por agresiones a su misma ex mujer.
El juicio se fijó inicialmente para el mes de mayo del año pasado, pero Candy no compareció en las dos ocasiones en que se le citó, argumentando, entre otras cosas, que estaba fuera del territorio nacional sin posibilidad de poder regresar para estar presente en la vista. Según se recoge en el auto del juzgado de violencia sobre la mujer, se le imputan presuntos delitos de amenazas, injurias, vejaciones y quebrantamiento de condena, este último por romper la orden de alejamiento de la ex pareja. Concretamente, contaba con una orden de alejamiento de 300 metros y se enfrenta a un año de prisión por quebrantarla, además de dos años por injurias y vejaciones y uno más por amenazas.
Por su parte, la Fiscalía pide dos años y un día de prisión por las amenazas a la mujer, y rebaja a ocho días de localización permanente la petición por las injurias, sin pronunciarse sobre el quebrantamiento de condena.
Candy no quiere estar en un módulo de hombres
Candy C. Q., no quiere estar en prisión con el resto de hombres. En una carta dirigida a este periódico en noviembre pasado, y enviada desde la cárcel de Sevilla-I, este maltratador trans relató que se encuentra actualmente en el módulo 102 de dicha prisión y que comparte este departamento con 79 presos, todos ellos hombres. Candy fue detenida el pasado mes de julio tras un periodo fugado, e inmediatamente ingresó en prisión.
En su misiva, Candy denuncia que está sufriendo una "situación hostil" desde el 7 de julio, dos días después de su entra en la cárcel, cuando fue destinada al módulo 102. Asegura que la educadora le ha dicho "usted no tiene tetas como yo, para mí es un hombre" (frase que remarca en rojo), lo que para el preso "da a presumir la ignorancia de la ley trans y la poca profesionalidad" de esta trabajadora. La rea insiste en que "se está atentando" contra su integridad física y su salud mental.
"Me tengo que duchar en las duchas de los internos comunes, vulnerando mi intimidad. En el comedor me siento acosada, intimidada, he tenido que denunciar a dos internos por agresión violenta sexual e insultos y discriminaciones", relata. Candy no culpa a los presos sino a la dirección y equipos técnicos del centro, a los que acusa de vulnerar el reglamento penitenciario. Recuerda que comparte módulo con internos condenados por delitos sexuales y que el juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 2 de Sevilla es conocedor de la situación, "sin haber dado ninguna respuesta".
Pide que se le cambie de módulo, ya que sostiene que le "pertenece" por su sexo. Insiste en que ha enviado numerosas instancias y escritos sin que le hayan hecho caso. "Llevo más de cuatro meses en este módulo y estoy asustada e intimidada y con un gran problema de salud mental. Ni siquiera los psicólogos del centro son capaces de ayudarme ni solucionar la situación. Temo por mi vida", denuncia. Igualmente, Candy explica que la asistencia médica en el centro penitenciario "es horrible". "Llevo sin gafas desde hace más de tres meses, perdiendo vista, y no puedo conciliar el sueño".
Candy fue detenido a principios de julio por la Policía Local de Espartinas. Sobre ella pesaban hasta cinco órdenes de busca y captura, por no haber ingresado voluntariamente en prisión para cumplir una condena firme de un año y tres meses por quebrantamiento de otra pena. Fue reconocida por agentes de la Policía Local de dicho municipio del Aljarafe cuando estaba sentada en un velador de un bar.
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