seguridad vial

El airbag más peligroso

  • Un conductor reclama más de 52.000 euros a una compañía automovilística tras perder la visión de un ojo a causa de un accidente en el que se produjo un fallo en el airbag del volante

Un sistema de airbags delanteros desplegados. Un sistema de airbags delanteros desplegados.

Un sistema de airbags delanteros desplegados.

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Los avanzados sistemas de seguridad que incorporan en al actualidad los automóviles están diseñados, precisamente, para mejorar la seguridad de los ocupantes en caso de accidente. Pero, ¿qué ocurre cuando algunos de estos sistema falla y, en lugar de proteger, acaban provocando lesiones? Esto es lo que le ha ocurrido a un conductor que sufrió un accidente leve en la salida de Sevilla por la autovía A-49, en la conocida como Cuesta del Caracol, cuando a causa de una retención colisionó por alcance con el vehículo que le precedía.

El siniestro tuvo lugar sobre las 19:50 del 4 de octubre de 2018, cuando el conductor de un vehículo que circulaba por la mencionada autovía chocó, a la altura del kilómetro 1 de la A-49, contra un coche que le precedía, debido a una imprevista retención en la calzada. Aunque el impacto fue leve, el airbag del volante del conductor se accionó y parte del emblema de la marca del coche que iba en el volante se rompió en numerosos fragmentos, uno de los cuales le alcanzó el ojo derecho. El herido tuvo que someterse a varias intervenciones quirúrgicas y, finalmente, ha sufrido la ceguera en dicho ojo.

Aunque a nivel mundial hay casos de lesiones provocados por fallos en el funcionamiento de los airbags, por el momento no se han encontrado sucesos similares como éste, en el que la lesión se ha producido debido al desprendimiento de la insignia de la marca que figura en el volante del coche, por lo que se trataría de un caso inédito.

El abogado Daniel Nevado Portero, del bufete Liveritas Abogados y que representa al conductor, explicó ayer a este periódico que se trata de un incidente con un resultado muy particular, pero lo cierto es que “cada vez es más común que los especialistas en accidentes se encuentren con lesiones provocadas por los sistemas pasivos, ya sea por fallos de diseño o funcionamiento erróneo de la tecnología”.

Esos daños “indebidos” que se causan a los usuarios deben ser “compensados por las marcas automovilísticas” como responsable civil del daño producido al haber puesto en circulación “un producto defectuoso”, indicó el letrado, que en el caso concreto de este accidente reclama a la compañía fabricante del vehículo una indemnización de 52.862,02 euros por las lesiones y secuelas producidas por el mal funcionamiento del dispositivo de seguridad.

Un perito atribuye las lesiones a un diseño “erróneo” de la insignia colocada sobre el airbag

El letrado ha remitido una carta a la compañía automovilística, a la que acompaña un extenso informe pericial sobre el siniestro y en el que se concluye que la causa directa de la lesión del conductor no es otra que el “erróneo diseño para ubicar la insignia de la marca en el volante, en contacto con la bolsa, además del deterioro del propelente, del componente explosivo –que activa el airbag–, que por su defecto y por los cambios de temperatura y humedad reacciona anómalamente, desarrollando una altísima presión”.

En el informe pericial que acompaña a la reclamación se describe cómo funciona un dispositivo como el airbag, que está diseñado para activarse en caso de choque frontal u oblicuo con un grado de inclinación de no más de 30 grados en caso de una fuerte desaceleración lineas, circulando a más de 28-30 kilómetros por hora y colisionando con una barrera rígida. El perito recuerda que el airbag debe activarse y desplegarse de forma muy rápida, porque si se tiene en cuenta que una colisión ocurre en menos de una décima de segundo (0,08 segundos), el dispositivo de seguridad debe desplegarse en menos de la mitad de una décima (0,03 segundos).

Para ello es necesario que se produzca una reacción química, una “explosión” que infle la bolsa con un gas inerte a más de 300 kilómetros por hora. Esa explosión, prosigue el especialista, la proporciona entre otras sustancias el trinitruro de Sodio (NaN3), que al explotar produce nitrógeno gaseoso que es lo que permite que se hinche el airbag.

El emblema del volante se desintegró en unos 20 trozos, uno de los cuales le alcanzó el ojo

En el caso del accidente por el que se reclama la indemnización, tras producirse el impacto se activaron los sistemas SRS (airbag) que proyectó elementos del volante hacia el conductor y así se ha podido identificar cómo uno de los trozos en los que se desintegró la insignia de la marca del coche impactó en la cara y el ojo derecho del conductor. El emblema se desintegró en al menos 20 trozos de diferentes tamaños, de los cuales se han rescato del habitáculo del vehículo siete trozos de pequeñas dimensiones, de entre 0,25 y dos centímetros, tratándose de polímeros con un tratamiento cromado superficial.

El perito atribuye el suceso a un diseño “erróneo”, por cuanto en este caso concreto la insignia “está en contacto íntimo con la bolsa del airbag diseñada para inflarse en 25 milisegundos, lo que le confiere gran velocidad y virulencia” y así señala que en la mayoría de los modelos de otros fabricantes las insignias del frontal del volante “no se encuentran en contacto con la bolsa”, ya que se ubican sobre el volante con la lengüeta separándolas del sistema del airbag.

Por ello concluye que las lesiones se produjeron por ese error de diseño, dado que todo el sistema fue sometido a una “altísima presión que provocó que se fracturara el emblema en docena de trozos” y la “única causa lógica y plausible del exceso de presión es la anómala e intensa reacción química del propelente deteriorado por causas que según los organismos competentes se atribuyen a los cambios bruscos de humedad y temperatura”.

Dice el informe pericial que organismos de reconocido prestigio como la Dirección General de Tráfico (DGT) o la agencia de tráfico norteamericana, la NHTS (National Highway Traffic Safety Administration) han localizado el origen de los fallos en el deterioro de los componentes químicos de las sustancias propelente, debido a cambios de temperatura y humedad, lo que genera una altísima presión que es capaz de quebrar los elementos anexos, “expulsándolos violentamente contra el conductor”, como ocurrió en este caso.

El conductor lesionado espera ahora a que la compañía reconozca el fallo del diseño y acepte indemnizarlo por el accidente, si no tendrá que reclamar en los tribunales.

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