Elecciones en Andalucía

Génova envía a Zoido a galeras

  • Zoido volverá a la política andaluza, de la que acabó hastiado, por efecto del tacticismo interno propio de los partidos

Juan Manuel Moreno Bonilla y Juan Ignacio Zoido Juan Manuel Moreno Bonilla y Juan Ignacio Zoido

Juan Manuel Moreno Bonilla y Juan Ignacio Zoido / M. G. (Sevilla)

Hay armas que carga el diablo y se disparan solas. El mismo día que la ex ministra Tejerina mete el pinrel con la alusión a los niños andaluces que saben menos que los castellanos, el aparato de Génova reabre las heridas en el PP sevillano al imponer a Zoido como cabeza de lista de las autonómicas. Conociendo a Juan Ignacio, su entusiasmo por la encomienda debe ser similar a cuando le regalan un libro en inglés. Cambiar Lardhy, la pomada de Madrid y los viajes en el AVE, por los Hermanos Gómez y el entorno del Hospital de la Macarena debe tenerle subido en una nube de felicidad... Zoido fue presidente del PP andaluz durante dos años, un cargo al que llegó tras la debacle de Arenas en 2012, cuando la entonces poderosa Cospedal tenía ansiedad por comenzar el proceso de liquidación del arenismo.

A Zoido siempre le estorbó la responsabilidad de ser el líder de la oposición en Andalucía. Llegó al cargo escocido, a regañadientes. Ni siquiera quería responder a la llamada telefónica que sabía que lo pondría en la tesitura de dar el paso al frente. Tuvieron que ser los escoltas de Arenas quienes buscaran a Juan Ignacio en el Corpus Chico de Triana para rogarle que, por favor, atendiera las llamadas. Finalmente accedió y vivió su particular calvario: la combinación de la Alcaldía de Sevilla con la Presidencia del PP andaluz.

Su nivel como orador en las Cinco Llagas fue más que discutible. Se le notó siempre incómodo, escasamente comprometido con la causa y deseando dedicarse a los oropeles de la Alcaldía. Para colmo, ser el sucesor de Arenas no fue nada fácil, como sigue sin serlo para el actual presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla. Zoido se colapsó con el doble cargo de alcalde y presidente del PP andaluz. Estalló ante un comité ejecutivo regional el 29 de mayo de 2013: “¡Estoy negro!”.

Zoido no es un casadista 'pata negra'

Resulta curioso que Génova envíe a Zoido a las galeras andaluzas, salvo que lo quiera quitar de Madrid, pues nunca se debe olvidar que el ex alcalde fue un cospedalista convencido antes que casadista por necesidad. La presidenta provincial del PP de Sevilla, Virginia Pérez, ha quedado desautorizada por Madrid después de perfilarse como cabeza de lista, probablemente porque en Génova examinan la situación del PP de Sevilla por los ojos del diputado nacional Ricardo Tarno, ideólogo y cabeza pensante del bando derrotado en el congreso provincial que se disputó a cara de perro.

Tarno hace y hará lo imposible por derrocar a Virginia Pérez (su cuñada, por cierto) y por proteger a Juan Bueno, un tipo afable que presidió el partido provincial hasta el último congreso provincial. Zoido no ha sido nunca estratega, ni se ha mostrado nunca como un fino analista político, ni tampoco como buen medidor de los tiempos. Su fuerte ha sido la calle, la campechanía, el cuerpo a cuerpo con los vecinos, el decir sí a todos y quedar mal con casi todos.

Su primera habilidad estuvo en afiliarse a un partido donde existen dos clases: los que han ganado una oposición de cierto prestigio (notarios, registradores, magistrados, abogados del Estado, inspectores de Hacienda, etcétera), lo que le permitió llegar con vitola de listo oficial desde el primer minuto, y los que “hacen la calle” (abogados, diversos tipos de autónomos y niños ya talluditos procedentes de Nuevas Generaciones).

Y su segunda habilidad radicó siempre en saber ganarse en cada momento al que mandaba. Primero, Arenas. Después, Cospedal. Y ahora, Casado, sin perder de vista nunca a Ricardo Tarno, la cabeza pensante de los derrotados en el congreso provincial, el político que es consciente de las aristas de su perfil y que necesita de un cabeza de cartel que todavía resulte amable a mucha gente, como es el magistrado criado en Fregenal de la Sierra, el ex alcalde simpático que, por ejemplo, mima a sus escoltas con cuchipandas y condecoraciones.

La mesa camilla

Zoido es utilizado constantemente por la antigua mesa de camilla del PP sevillano donde se sucedieron unos a otros en las presidencias provinciales en función de un turnismo impuesto, en primera instancia, por el que los enseñó a todos: Javier Arenas.

La mesa de camilla necesita a Zoido para mantenerse ellos en el machito y para bloquear a Virginia Pérez. No hay nada que una más en política que el enemigo común y la necesidad de supervivencia.

Los que hablan del entusiasmo de Zoido por contribuir a que Moreno Bonilla sea presidente de la Junta (conecten las risas en off) deberían hacer cola para aspirar a cinco minutos de participación en algún show nocturno especializado en chistes.

El ex alcalde de Sevilla ha mostrado siempre un desdén indisimulado por el dirigente malagueño. Moreno a su vez ve en Zoido la representación de esa Sevilla Eterna que no lo recibió bien desde el primer minuto. Y eso no se le olvida, porque en no pocas ocasiones reflexionó en voz alta con la posibilidad de irse a vivir a Málaga. Moreno Bonilla es el más desautorizado en la imposición de Zoido como cabeza de cartel por Sevilla. Quizás el malagueño pague el precio de su pusilanimidad y tibieza, mostrada por enésima vez.

Más allá de una imposición

Pero en el fondo de la imposición de Zoido hay más, mucho más. Lo de Zoido enviado de vuelta a Andalucía es sólo un detalle. En la visión global del asunto no sólo se aprecian las desautorizaciones de los aparatos regional y provincial, no sólo que Madrid aprovecha para mandar al frente andaluz a los cospedalistas pata negra, no sólo se evidencian los odios heredados entre antiguos compañeros de partido, no sólo de demuestra que los dedazos siguen operando en un partido que parecía haber superado la cultura de la libreta azul.

Se aprecian, por encima de todo, los cálculos de unos y otros por gestionar los días posteriores a un posible fracaso de Moreno Bonilla. El tacticismo de siempre. Andalucía es lo de menos. Lo importante es la supervivencia, nunca se olvide, y estar bien colocados para la hipotética carrera sucesoria. Por eso los hay que no ocultan los preparativos de una suerte de funeral, más que lanzarse con entusiasmo a tratar de elevar el resultado que haga posible el pacto con Ciudadanos y, por ende, el primer gobierno de centro-derecha en Andalucía.

Génova reabre las heridas

Con el PSOE andaluz ocupando el centro político, con el fuego amigo de Tejerina lanzado desde el plato de TVE, con Ciudadanos paseando a Inés Arrimadas desde Pulpí a Ayamonte, con Génova abriendo otra vez en canal la estructura del PP de Sevilla, uno recuerda que la derecha sigue penando su desprecio histórico por la autonomía andaluza (el pecado original del PP) y cuanto vino después de que Aznar comprobara en 2000 que se podía sacar mayoría absoluta en España sin contar con el Sur.

Andalucía es donde está ese palacio de Doñana desde donde Rajoy vio el debate al que mandó a Soraya. Soraya es la que nos envió a Moreno Bonilla y la que el pasado julio perdió ante Casado. Y Casado es el que nos envía a Zoido. Zoido remará en las galeras andaluzas, las mismas de las que ya huyó: “¡Estoy negro!”

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