Putin abraza el desorden mundial de Trump

La nueva 'pax americana' va en línea con el principal dictado de la política exterior del Kremlin: divide y vencerás

Moscú y Kiev abordan en Abu Dabi los criterios para poner fin a la guerra

El presidente ruso, Vladimir Putin.
El presidente ruso, Vladimir Putin. / ALEXANDER KAZAKOV (SPUTNIK/EFE)

El presidente ruso, Vladimir Putin, apoya la nueva pax americana que propone el jefe de la Casa Blanca, Donald Trump, ya que va en línea con el principal dictado de la política exterior del Kremlin: divide y vencerás.

"Siempre hemos apoyado y apoyaremos cualquier esfuerzo encaminado al fortalecimiento de la estabilidad internacional", comentó Putin en alusión a la Junta de la Paz para Gaza, a la que ha sido invitado por Trump.

Poco importa que algunos países, incluidos Ucrania y los europeos, hayan puesto el grito en el cielo, al considerar que esa nueva estructura intenta, en realidad, suplantar a la ONU.

Rusia está dispuesta a abrazar el desorden mundial multipolar. No desea una militarización del Ártico, pero si el problema de Groenlandia supone el primer paso de la ruptura en las filas de la OTAN, bienvenido sea.

Un matrimonio de conveniencia

Las escasas y comedidas declaraciones que ha realizado Putin desde principios de año demuestran el vértigo que han causado en los pasillos del Kremlin las acciones de Trump en la arena internacional.

Venezuela e Irán son estrechos aliados del Kremlin, pero Moscú no parece ni dispuesto ni capacitado para defender ni diplomática ni militarmente -las baterías antiaéreas rusas fueron inutilizadas en los ataques de Estados Unidos- a esos regímenes autoritarios de la ira estadounidense.

Al recibir las cartas credenciales de los embajadores, criticó, sin mencionar a Trump, la ley del más fuerte y la imposición unilateral de sanciones y aranceles en la arena internacional.

Con todo, Putin es consciente de que necesita a Trump para lograr aunque sea una victoria pírrica en Ucrania, lo que sería imposible en caso de desplante a la Junta de la Paz.

"Me gustaría agradecer antes que nada al presidente de Estados Unidos por su propuesta", comentó, y encargó al Ministerio de Exteriores "mantener consultas con los socios estratégicos y sólo entonces podremos dar una respuesta a la invitación".

Aunque Trump dijo que Putin ya había aceptado, el líder ruso aún tiene que consultar con China, que sospecha que Washington utilizará dicha junta para entrometerse en otros conflictos como el de Taiwán.

Yalta y la teoría del caos

En Rusia, la Junta de la Paz y otras iniciativas de Trump se han interpretado como el primer paso para la creación de un mundo multipolar, en el que varias potencias decidirán el futuro del planeta.

En ese contexto, la zona de influencia que le correspondería al Kremlin sería el espacio postsoviético: Ucrania, el Cáucaso y Asia Central. Mientras, Estados Unidos se quedaría con América y China e India con el continente asiático.

Poco importa que Europa rechace ese nuevo reparto, ya que la fuerza militar será uno de los factores claves de la geopolítica del siglo XXI. La guerra es un instrumento de la política exterior y justifica cualquier acción, incluido el bombardeo de infraestructuras civiles.

Rusia confía en su potencial nuclear y sus armas hipersónicas para obligar a Europa a aceptar un papel de convidado de piedra. El nuevo Gran Juego incluirá un tablero de potencias militares como en el siglo XIX, no de bloques como la OTAN o uniones económicas como la UE.

Es lo que el Club Valdái, muy cercano al Kremlin, llamó Teoría del Caos. Aunque Putin es abogado de formación y le gusta defender públicamente el derecho internacional, éste siempre estará supeditado en el caso de Rusia a la seguridad nacional.

En realidad, este consenso multipolar se parece más al Pacto de no agresión Molotov-Ribbentrop entre la URSS y la Alemania nazi (1939) que a las cumbres de Teherán, Potsdam y Yalta tras la derrota de Hitler.

En este nuevo marco geoestratégico, el Ártico sería territorio neutral. Necesitada de inversiones, Rusia está dispuesta a cooperar con Estados Uniods y China en la explotación de los recursos del Ártico.

Groenlandia, luz verde a la anexión

Por ello, Putin y sus colaboradores se han andado con pies de plomo a la hora de comentar la agresiva política de la actual Administración estadounidense en relación con Groenlandia.

"No es asunto nuestro", dijo Putin, que ha pasado de condenar la independencia de Kosovo, que llamó caja de pandora, a ponerle precio al territorio ártico: entre 200 millones y 1.000 millones de dólares.

Rusia no ha criticado en ningún momento a Trump por presionar a Dinamarca para que le venda la isla y, de hecho, lo ha comparado con la venta de Alaska en 1867 a Estados Unidos por parte del zar Alejandro II.

Sea una compra o una anexión, el Kremlin ve con buenos ojos un trato que convertiría en papel mojado las críticas a la anexión de la península ucraniana de Crimea en 2014.

"Crimea no es menos importante para la seguridad de Rusia que Groenlandia para la de Estados Unidos", comentó el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov.

Además, Moscú confía en que un acuerdo sobre Groenlandia preceda al reconocimiento por parte del Congreso estadounidense de las conquistas territoriales rusas en Ucrania, tanto sobre el terreno como sobre el papel de la Constitución rusa.

stats