Cultura

Antonio Garrido conquista el Premio Fernando Lara con 'El último paraíso'

  • La obra, un 'thriller' que también contiene una historia de amor, narra la peripecia de los ciudadanos norteamericanos que se instalaron en la Unión Soviética tras el 'crack' del 29

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El escritor jiennense Antonio Garrido (Linares, 1963) recibió ayer en una cena en el Real Alcázar de Sevilla el XX Premio de Novela Fernando Lara, dotado con 120.000 euros, por la obra   El último paraíso, una intriga ambientada entre Estados Unidos y Rusia con el crack del 29 como punto de partida.  Un jurado formado por Fernando Delgado, Pere Gimferrer, Ana María Ruiz-Tagle, Clara Sánchez y Emili Rosales otorgó a Garrido el galardón, organizado por la Fundación José Manuel Lara y el Grupo Planeta  con el patrocinio de la Fundación AXA. 

 

El premio, en el que Garrido se impuso a los 234 manuscritos presentados a la convocatoria, consagra a un autor que ya había llamado la atención con sus libros anteriores, La escriba (Ediciones B, 2008) y El lector de cadáveres (Espasa, 2011), con los que había demostrado su interés por episodios del pasado: el primero estaba ambientado en la Alemania del siglo VIII, con un preciado manuscrito como premisa, y el segundo en China en el siglo XII, sobre el primer forense del que se tiene conocimiento. En ambas narraciones, por las que logró en Francia el Prix des Lecteurs Sélection 2010 y fue finalista del Prix Fulbert de Chartres o se hizo con el Premio Ciudad de Zaragoza de Novela Histórica, se aprecia su afán por seducir al público con aventuras vibrantes. "Este libro lo tiene todo para cualquier lector. Historia, misterio y suspense, pero también aventura y crecimiento personal", aseguraba Garrido cuando promocionaba El lector de cadáveres. Una lección que ya aprendió el escritor en la infancia, cuando devoraba ficciones de Julio Verne y Walter Scott que avivaban su imaginación y fantaseaba con dedicarse a la literatura. Su vocación se torcería cuando como premio por un concurso de redacción recibiría un Mercedes de juguete que le encaminaría hacia otra profesión, la ingeniería.

 

Sobre la obra galardonada, Garrido opinó ayer que cuenta "una historia formidable" que arranca tras la crisis de1929, cuando "millones de ciudadanos norteamericanos pasaron de vivir en el mejor país del mundo a la miseria". En un escenario dramático en el que la gente "perdió el trabajo y la casa, las mujeres se prostituían y los hombres se volvían criminales", muchos de estos sujetos desesperados "volvieron su mirada a una noticia que publicó el New York Times, que hablaba de la Unión Soviética como el último paraíso". El protagonista de la novela, Jack, un individuo que "cerraba los clubs de jazz", es acusado "de un oscuro crimen" y encuentra la salida en el otro lado del mundo, donde asomaba esa "promesa de felicidad", explicó el autor, que tiene una gran proyección en el extranjero:  con El lector de cadáveres alcanzó en Estados Unidos el puesto número uno de ventas en Amazon y cuya obra ha sido traducida al inglés, ruso, alemán, francés, italiano, portugués, polaco, croata, serbio, rumano y brasileño, entre otros idiomas. 

 

 Garrido, que alterna su faceta de escritor con la de docente en la Universidad Politécnica de Valencia y en la Universidad Cardenal Herrera-CEU de la misma ciudad, añadió que el argumento transcurre entre el año 31 y el 34 y que el protagonista, que "tiene nociones de automoción", empieza a trabajar en una fábrica de automóviles que pretende ser "la más grande del mundo. En esa fábrica se producen sabotajes, actos terribles, y se acusa de ellos a los extranjeros". Así, El último paraíso, anticipa su creador, acaba adoptando las hechuras de un thriller, en el que no obstante también hay una historia de amor, para la que Garrido se inspiró, según contó anoche, en una vivencia de su propia abuela. El escritor sabe que tiene entre las manos, esta vez, un material que puede conmover hondamente al lector. "Hay historias que cuentas para entretener y otras con las que tienes algo que contar, aunque tengas que hacerlo de manera amena. Y ésta podía perdurar en el lector", valoró Garrido.  

 

Durante la cena en el Alcázar también se entregaron otras distinciones promovidas por la Fundación José Manuel Lara, como el Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos, que fue a parar a Anna Caballé, con Pasé la mañana escribiendo. Poéticas del diarismo español, y el Premio de Biografías Antonio Domínguez Ortiz, que obtuvo Antonio Astorga con Francisco Ayala. Conversaciones en el jardín de las delicias. El trabajo de Caballé fue reconocido por ser "un exhaustivo balance de la tradición diarística española", mientras que el libro de Astorga mereció el premio por hacer un "retrato humano del escritor [Francisco Ayala] y los sucesivos balances que nos dejó en la última etapa de su vida".

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