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Crítica de Flamenco

Apolo por Dionisos

Méndez es un superdotado. La naturaleza le ha concedido una voz poderosa que él ha sabido trabajar hasta convertirse en uno de los intérpretes más demandados del cante actual. Anoche volvió a demostrar que no se equivocan los que apuestan por él. Pero no lo confía todo a su tremendo poderío vocal. Perfila las melodías clásicas a la perfección, como pudimos comprobar en la solemne malagueña del Mellizo, que siguiendo a Aurelio Sellés introdujo por granaínas. En la rotunda seguiriya, austera y directa, feroz, el momento más emotivo de la noche. En las cantiñas estuvo generoso y recorrió buena parte de la geografía de este cante. Igual que en los tangos con los que remató sus tientos. Para la bulería por soleá contó con un invitado de lujo, el baile efectivo de un mago del compás como El Farru. En la bulería final caracoleó como quiso, después de acudir al legado jerezano del siglo XX.

Diego del Morao, que se peleó con el sonido al principio de la noche, ofreció un acompañamiento ejemplar. Es uno de los grandes del toque actual. Ha sabido actualizar el legado de su casa de manera que pudimos escuchar falsetas de su tío abuelo y de su padre, además de las suyas propias. Diego del Morao hace una versión singular de este inmenso legado tocaor, quitándole solemnidad, apostando por la frescura, la naturalidad. Una música cercana, del siglo XXI, de uno de los grandes músicos flamencos de hoy. De todos los tiempos.

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