Celebrando a Haendel
El 250 aniversario de la muerte del compositor anglo-germánico da pie al festival para revisar, de la mano de reconocidas formaciones y solistas, sus cantatas y su música instrumental de cámara
La conmemoración de los 250 años de la muerte de Georg Friedrich Haendel (Halle, 1685 - Londres, 1759) es sólo una de las múltiples efemérides musicales que coinciden en 2009, aunque sin duda se trata de una de las más sonadas, pues la música del compositor anglo-germánico se encuentra en un punto álgido de su apreciación por parte de programadores, intérpretes y públicos de todo Occidente, como muestra su presencia constante en los principales teatros de ópera del mundo.
La música operística (y el oratorio, su revés sacro) queda al margen del recuerdo que del músico hace este año el Femàs, pero otras facetas de su poliédrica figura están bien representadas, fundamentalmente sus cantatas y su música instrumental de cámara. Formado como organista en su ciudad natal, pronto marchó Haendel a Hamburgo, que a principios del siglo XVIII era el principal centro operístico de Alemania. Allí escribió sus primeros títulos escénicos antes de cumplir los 20 años, pero al poco (en 1706) se fue a Italia para un viaje de cuatro años que iba a ser crucial en el desarrollo de su estilo. En la patria de Petrarca, el compositor produjo más óperas y sus primeros oratorios, pero escribió también muchas otras obras, entre ellas multitud de cantatas de cámara, que eran auténticas óperas en miniatura, como bien muestra una de las más conocidas y dramáticas, La Lucrezia, escrita en Roma en 1708. El joven y brillantísimo conjunto asturiano Forma Antiqva acompañará a la soprano argentina Soledad Cardoso en esta pieza seminal del Haendel joven, en un programa que completan con otra de sus cantatas juveniles y otra más compuesta por uno de sus más célebres contemporáneos, Domenico Scarlatti. El contratenor sevillano José Carrión cantará también dos cantatas haendelianas en un programa junto al conjunto Avla degli Orfei que se comenta en el ciclo de matinales.
Por no abandonar la música vocal, cabe destacar muy especialmente el programa que ofrece el grupo recientemente formado en torno al clavecinista y fortepianista brasileño Nicolau de Figueiredo que, con la soprano Julia Kogan de solista, interpreta las muy infrecuentes 9 arias alemanas, piezas escritas por Haendel sobre poemas de Heinrich Brockes en los años 20, cuando su principal dedicación era la producción de óperas para la Royal Academy de Londres, cuyo estilo virtuoso contamina estas obras de entraña panteísta. El concierto se completa con tres sonatas en trío del compositor, un género, el de la música de cámara, que Haendel cultivó a lo largo de toda su vida, aunque la dispersión y falta de control de las ediciones nos ha legado un repertorio algo caótico, de múltiples versiones diferentes, lo que, en cierto sentido, acentúa su riqueza.
Sobre la música de cámara incide también el recital de Zefiro, extraordinario conjunto dirigido por el oboísta italiano Alfredo Bernardini, que contextualiza la producción haendeliana con música de otros compositores de su tiempo: Zelenka, Marcello, Vivaldi, Philidor y los hermanos Plà, ofreciendo así una completa panorámica de la producción europea del Barroco tardío. Bernardini es también el director del primer concierto que la Orquesta Barroca de Sevilla ofrece en esta edición del Festival, un recital que se organiza en torno a una de las suites de la famosa Música Acuática como plato fuerte, otro sector del repertorio de Haendel, el orquestal, que también se ofrece convenientemente contextualizado, con suites francesas y conciertos italianos de algunos de los más brillantes maestros de la escritura orquestal de la época: Bach, Telemann, Zelenka, Fasch.
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