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Chillar todo el día | Crítica

Esta ópera la estoy viendo mañana

'Chillar todo el día' en el Espacio Turina.

'Chillar todo el día' en el Espacio Turina. / P.J.V.

Que me perdonen los amantes de Cortázar por adaptar como titular aquella famosa frase de Johnny (un trasunto de Charlie Parker), el protagonista de El perseguidor, uno de los mejores relatos de temática musical jamás escritos, pero después de asistir a este nuevo estreno de Proyecto Ocnos, las referencias a la experimentación en las artes escénicas de hace medio siglo (sobre las que tanto reflexionó el gran escritor argentino) se hacen inevitables. Tras Los pecados de las ciudades de la llanura, Hafune y Marie, el conjunto sevillano llegó a la improvisación, para poner en pie una antiópera de esas de las que ya se burlaba Mauricio Kagel (otro argentino) en los años 70 haciendo anti-antióperas.

La performer (¿actriz? ¿cantante?) Isabel Duthoit asume el difícil reto de tirarse más de una hora en ejercicios vocales extremos, de la respiración a los gritos, pasando por jadeos, gemidos, bisbiseos, gorgoteos, ronquidos, rugidos, aullidos, cloqueos, silbidos, algún recitado medio inteligible e incluso rastros de scat. Mientras, con un fondo de imágenes cinéticas en las que cabe casi todo (películas clásicas de Dreyer a Pasolini, Buñuel, Hitchcock o Lynch, fragmentos documentales y publicitarios de todo tipo, de los panteras negras a la revolución de los claveles o Maradona –más argentinos– e incluso proyecciones en vivo desde la calle Arguijo, en el flanco oeste del Espacio Turina) y con la escena llenándose de cajas de cartón con rostros esquemáticos dibujados, seis músicos se mueven entre las disonancias del free jazz, los ritmos del trash metal, la música concreta instrumental (Lachenmann al fondo), el noise o el bruitismo para articular casi setenta minutos de manchas sonoras informales que van de la saturación acústica al silencio. Como los músicos son buenos, hay momentos de auténtico vértigo y otros de verdadero refinamiento instrumental, aunque más de una hora quizás resulte un poco excesivo.

En cuanto a la significación de todo esto, el punto de partida es un relato de Kafka (Josefina la cantora o el pueblo de los ratones), el de llegada yo aún no lo he alcanzado, aunque supongo que Proyecto Ocnos quiere decirnos algo sobre las relaciones del individuo con la masa. En último término resulta estimulante esta acumulación de trabajos con los que el grupo viene desde hace dos años y medio explorando los límites de la expresión en las artes que les son propias, mientras se entretienen divagando por la ciudad de la gracia.

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