Diego Guerrero | Crítica La euforia del encuentro

Diego Guerrero inició en Sevilla su gira internacional. Diego Guerrero inició en Sevilla su gira internacional.

Diego Guerrero inició en Sevilla su gira internacional. / Cortesía Diego Guerrero

En el concierto suenan con naturalidad lenguas diferentes y distintos lenguajes musicales. Ahora una bulería, después un guaguancó. Una rumba, un tango, un estándar de la música popular brasilera, una variación jazzística. Portugués con acento andaluz, castellano con acento andaluz, italiano. El público está muy cerca, y no sólo físicamente. El público se identifica con unas melodías que buscan, de vez en vez, una solución armónica desusada para un texto recién parido. Canciones de hoy para gente de hoy. Que hablan del desarraigo, del aprendizaje, de la euforia del encuentro, de la desazón del desencuentro. Diego Guerrero no es sólo una voz. Una voz flamenquísima, con unos deliciosos armónicos secos. No es solo un guitarrista versátil, imaginativo. Es, ante todo, un autor, eso que tanto se echa de menos hoy en la escena jonda. La letra y la melodía suenan frescas, pero están pulidas hasta sacarles todo el brillo.

Vengo caminando es un himno a ritmo de tangos, el título de su primer disco, nominado a los premios Grammy Latino. Una oda a la mezcla, al ir de aquí para allá, a escuchar y juntarse con este y aquel que es la esencia del mensaje de Guerrero y de su música. Suave, suave es una rumba cubana de poderoso tumbao. La canción que yo quería hacer es una novedad en el repertorio en directo aunque estaba incluida en su disco de 2016: se presentó desnuda y con la complicidad del público, con el que el cantante compartió confidencias toda la noche. Y con un brillante solo funk a cargo del Petaca. La invitada de la noche fue la cantante Agnese Carruba que nos inundó de energía y calidez en sus dos intervenciones.

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