Teatro

'Elektra.25': un retrato del mundo contemporáneo

  • El Teatro Central acoge este fin de semana una nueva versión del montaje que Atalaya realizó hace 25 años y que supuso su primera inmersión en el universo de la tragedia griega

Patricia Garzón, la única actriz presente en el montaje anterior, debuta en el papel de Elektra.

Patricia Garzón, la única actriz presente en el montaje anterior, debuta en el papel de Elektra. / Elena Davidson

El dramaturgo alemán Heiner Müller, uno de los autores de referencia del director de la compañía sevillana Atalaya, Ricardo Iniesta, decía que la tragedia griega ofrece uno de los mejores retratos de la sociedad contemporánea.

Su carácter, absolutamente intemporal, fue sin duda uno de los motivos por los que, en 1995, tras casi 20 años de profesión, Iniesta decidió sumergirse en ella eligiendo, para empezar, el conocido personaje de Elektra. Era un momento político diferente pero también convulso, y los temas del rencor y la venganza estaban tan de actualidad como ahora, 25 años después de su primera puesta en escena (de ahí el nuevo título), y 25 siglos después de que los griegos inventaran un mito que hoy sobrevive incluso en forma de complejo.

Uno de los factores del éxito del proyecto fue sin duda la aportación del desparecido Carlos Iniesta, doctor en Lenguas Clásicas y experto en Esquilo y Sófocles, además de hermano del director. Él fue el responsable de la traducción rítmica, absolutamente fundamental en los textos clásicos, así como de la adaptación y la dramaturgia. Esperanza Abad, por su parte, fue la encargada de empastar unos coros que pronto se convertirían en el santo y seña de los espectáculos de Atalaya.

Los ensayos del montaje tuvieron lugar en 1995, aunque la obra se estrenó en julio de 1996, en la Feria de Teatro en el Sur de Palma del Río. Desde el primer momento obtuvo un éxito tal que la obra estuvo de gira por el mundo durante siete años, llegando a pisar escenarios de 158 ciudades de cuatro continentes. Incluso a la ciudad india de Trichur viajaron los 11 actores que la protagonizaban junto con las simbólicas bañeras de metal diseñadas por Iniesta –precisamente de 25 kilos de peso cada una– que constituían y constituyen la escenografía de la obra. Movidas por los propios actores, éstas poseen la virtud de transformarse en cunas, prisiones, lechos, úteros, barcos y en todo cuanto la acción pueda necesitar o sugerir, dando lugar a esas poéticas y poderosas imágenes que, junto con la energía y el ritmo, constituye una de las características estilísticas de la compañía.

No es extraño pues que, 25 años más tarde, al afrontar su vigesimoquinta producción –Iniesta es un apasionado de los números y las efemérides– pensaran en reponer este clásico, al que luego seguirían otros, siempre con nombre de mujer, como Medea o Ariadna. Este año, además, se cumplen 25 años del suicidio de Müller (1929-1995).

Un ejemplo de las sugestivas imágenes generadas por las bañeras en el montaje de 'Elektra.25'. Un ejemplo de las sugestivas imágenes generadas por las bañeras en el montaje de 'Elektra.25'.

Un ejemplo de las sugestivas imágenes generadas por las bañeras en el montaje de 'Elektra.25'. / Elena Davidson

A pesar de su homogeneidad formal, esta Elektra.25, protagonizada por ocho actores –entre los que destacan Silvia Garzón en el papel titular, Raúl Vera (Egisto) y María Sanz (Klitemestra)– presenta bastantes novedades. En primer lugar, Iniesta, encargado esta vez de la dramaturgia, ha añadido alrededor de un 40% de textos nuevos. Basada siempre en el mito creado por Esquilo y Sófocles, con la mediación posterior de autores como Hoffmansthal y Heiner Müller, la pieza llega al Central enriquecida con otras escenas y otros parlamentos. Los más relevantes, quizá, son los textos procedentes de la película húngara Elektra, My Love, que Miklós Jancsó dirigió en 1974.

En su nueva visión, Atalaya ha querido dar más protagonismo a Orestes, el hermano supuestamente asesinado de Elektra, cuyo regreso espera esta con ansia para que vengue la muerte de su padre, Agamenón, a manos de Egisto (ahora regente debido a su unión con Klitemestra). Orestes aparece ahora en la primera escena, logrando así una mayor complicidad con el público mientras que, al final, se verá obligado a marcharse de nuevo al destierro perseguido por las Erinias.

Por otro lado, se ha querido suavizar el carácter profundamente maniqueo de la primera versión de la pieza y de las tragedias clásicas en general. Porque si bien es cierto que los malvados siguen siendo el tirano Egisto y Klitemestra (madre de Elektra, Orestes y Crisótemis), en descargo de esta última se subraya el hecho de que su asesinado marido Agamenón –tan llorado por sus hijos– había sacrificado a otra de sus hijas, Ifigenia, para ganar una batalla y, tras pasar diez años de guerra en guerra, había regresado a su hogar muy ufano, en compañía de su amante Casandra. En cualquier caso, ahora, al igual que hace 25 años y 25 siglos, el odio y el rencor siguen siendo las causas principales de la locura que aqueja a los seres humanos y que constituye la causa principal de su autodestrucción y de la destrucción del mundo que habitamos.

También son nuevos el vestuario de Carmen y Flores de Giles, casi toda la música (de Luis Navarro, con temas populares de los Balcanes, Bielorrusia y Armenia), numerosos coros y algunas coreografías realizadas por Juana Casado y por su hija Lucía You.

A pesar de la pandemia y de las dificultades que supone en la actualidad moverse y trabajar con un equipo tan amplio de personas, Atalaya mantiene en gira cinco montajes: Celestina, Madre Coraje, Rey Lear, Así que pasen cinco años y Marat/Sade. A estos se suma ahora Elektra.25, que logró estrenarse el pasado 8 agosto en el Teatro Romano de Sagunto para llegar el 16 al prestigioso Festival de Mérida y ahora, con carácter de estreno en Andalucía, al Teatro Central (este sábado y el domingo, ambas funciones a las 12:00).

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