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Fisiología de Berlín

Corrientes subterráneas | Crítica

Kirsty Bell publica en Errata naturae 'Corrientes subterráneas. Una historia de Berlín', ensayo sobre la ciudad del Spree donde se presta particular atención a los condicionantes materiales como constructores urbanos

La escritora británico-estadounidense Kirsty Bell
Manuel Gregorio González

02 de julio 2023 - 06:00

La ficha

Corrientes subterráneas. Una historia de Berlín. Kirsty Bell. Trad. Elena Pérez San Miguel. Errata naturae. Madrid, 2023. 328 págs. 22 €

Según Maravall, el gran invento, la incontestable novedad del barroco es el Estado. Pero ello corre en paralelo a su escenificación urbana. Quiere decirse que, tanto como el Leviatan de Hobbes, es la urbe, la Babilonia levítica, la Torre de Babel, figurada con insistencia por los Brueghel, aquello que determinará la marcha y la estructura misma de los siguientes siglos. La metrópoli es el sino vital del XVII, que el XVIII consignará mediante la veduta y que el XIX convertirá en personaje literario. Lo que aquí ofrece la ensayista Kirsty Bell, con retazos biográficos, al modo confesional anglosajón, es una “fisiología” de Berlín, donde se expone su desarrollo orgánico, su corpulencia en mutación, como una entidad casi autónoma, extraída de una ciénaga ancilar (según Bell, el origen del término Berlín, de linaje eslavo, significa 'ciénaga').

Bell ha querido dar un retrato de Berlín, pero con algo de la manera de Arcimboldo. Esto es, a través de sus expresiones físicas

Inevitablemente, al tratarse de Berlín, Bell acude a dos de sus “inventores” más conspicuos: Franz Hessel y Walter Benjamin. De ahí extraerá, no tanto la ciudad porvenirista y centelleante que ambos glosaron, como ciertas nostalgias que llegan al Berlín ilustrado y su posterior escenografía romántica. En cualquier caso, y como queda dicho, Bell ha querido dar un retrato de Berlín, pero con algo de la manera de Arcimboldo. Esto es, a través de sus expresiones físicas (jardines, canales, cloacas, sumideros, etcétera, que ofrecen una idea muy inmediata de su naturaleza, circunstanciada y frágil. ¿Es esa la razón por la que Doblin y su Berlin Alexanderplatz no comparecen en este ensayo? Es difícil decirlo. Desde Lenné y Menzel y Albert Speer al Berlín posterior a la caída del Muro, lo que Bell parece trasmitir, deliberadamente, es cierta idea de transitoriedad; esto es, cierta idea de basculación y de equilibrio. El mismo título de la obra, que remite con facilidad a Heráclito, va en apoyo de esta impresión, de la que se extrae, no obstante, una idea contraria: aquello que permanece y constituye, de algún modo, la imagen valedera de una urbe.

En tal sentido, Bell recurrirá a Sebald para conceptuar este Berlín penúltimo, extraído de la devastación de posguerra. Esta parte postrera, los debates sobre la propia configuración del Berlín actual, son particularmente interesantes. Interesantes en cuanto que muy ilustrativos de lo sugerido por Bell en las anteriores páginas.

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