José Guirao: la cultura como encuentro
José Guirao era un hombre de la cultura. De todas las culturas. Tuvo como ocupación principal el arte, pero le interesó todo: el cine, las letras, la música, las artes escénicas, el patrimonio histórico… A cualquiera de esos ámbitos se asomó siempre con curiosidad e inteligencia, quizás dos de las cualidades que mejor lo definían. Su inesperado fallecimiento lo aparta de los actos conmemorativos del 50 aniversario del fallecimiento de Pablo Picasso que, sin embargo, dejó encauzados, con ese sello de excelencia que caracterizó su labor como gestor cultural.
Siempre encontré en él a un amigo sabio y cómplice. Lo conocí al poco de ser nombrada consejera de Cultura y Patrimonio Histórico. Nos habíamos citado la mañana de 2 de febrero de 2019 en el Museo Arqueológico de Sevilla. En el transcurso de una conversación plácida y extensa, ambos coincidimos en la urgente tarea de abordar la rehabilitación del antiguo pabellón de las Bellas Artes de la Exposición Iberoamericana, diseñado por Aníbal González, para situar, por fin, a la institución museística a la altura de su colección y de su historia. Ahí pusimos las bases de un proyecto inaplazable que hoy avanza a buen ritmo.
Desde aquel día, tuvimos un constante diálogo. De forma frecuente, coincidíamos en actos públicos o conversábamos por teléfono e intercambiábamos ideas sobre la cultura y el patrimonio histórico de Andalucía. De la responsabilidad de la política para atender las demandas de los sectores creativos y mejorar el ámbito de lo público. De apartar los intereses particulares y de encontrar espacios de encuentro para el bien común. En definitiva, de la capacidad de la cultura para transformar la sociedad y amplificar la calidad de vida de los ciudadanos.
En estos años, además, me encontré con un andaluz profundamente interesado (y apasionado) por su tierra. Este pulpileño conocía de primera mano qué se estaba gestando en la cultura y el patrimonio histórico de Andalucía y, de esta forma, observaba con satisfacción cómo culminábamos proyectos de gran interés, como el Museo del Sitio de los Dólmenes de Antequera, o se avanzaba para poner fin a otros con dificultades en su gestión, como la reforma integral de las Reales Atarazanas de Sevilla y el Museo Íbero de Jaén.
José Guirao, Pepe Guirao, fue un gran gestor cultural. Reunía las cualidades que debía poseer un excelente profesional de la cultura, tan necesarios para impulsar y formar buenos creadores. Siempre le caracterizó una amplia curiosidad vital sustentada en una aguda inteligencia y educada sensibilidad que aunadas hacían surgir un firme y atinado criterio, además de poseer una gran capacidad de trabajo entusiasta. Todo ello animado por una predilección por la búsqueda del consenso. Acaso su mejor lección: trabajar juntos para construir juntos.
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