TEMPORAL
Así está Matalascañas tras los destrozos por la borrasca este fin de semana

Malevaje, ecos porteños en la Sala Cero

Antonio Bartrina, una de las más deliciosas anomalías de la Movida, llega hoy con su grupo a Sevilla

Fernando Gilabert, Antonio Bartrina y Sacri Delfino: Malevaje en modo trío.
F. Camero Sevilla

02 de mayo 2013 - 05:00

Antonio Bartrina nació en los años 50 y creció escuchando tango, zarzuela, cuplés, la "música de moda", dice, que sonaba en los mejores reproductores de la época, llevados a casa por un padre que se dedicaba a "las cosas electrónicas" y que fue, además, amigo de Carlos Acuña, el otro Gardel, como se le llegó a conocer en España, que solía visitar con frecuencia a la familia Bartrina en su domicilio de Madrid. La pasión por el tango de este cantante argentino, fallecido en 1999, marcó para siempre a un muchacho que años después, en plena explosión de la nueva ola, tiempos de rock, punk y electrónica con alma pop, formó un grupo que se convirtió en una de las más grandes y saludables anomalías de lo que no tardó en conocerse como la Movida.

A punto de cumplir 30 años y con más de una decena de discos publicados, algunos de ellos verdaderamente hermosos, y los últimos No me quieras tanto (quiéreme mejor), de 2008, y el pack A mi modo y con mi acento, de 2009, que reunía tres discos de sus primeros tiempo, Malevaje, el grupo siempre envuelto en el carisma y la reciedumbre porteña hecha suya por Bartrina, sigue en activo y con ánimo batallador, en los últimos tiempos defendiendo en sus conciertos un repertorio "divertido e irónico" de canciones de los años 40 y 50 que "podrían haberse escrito ayer mismo", dice el músico madrileño, viejo compadre de Alberto García Alix, porque a fin de cuentas "la especie humana ha vivido esta situación tantas veces...".

Hoy, en formato de trío, con Bartina cantando, Fernando Gilabert al contrabajo y Sacri Delfino a la guitarra, Malevaje llega a la Sala Cero (apertura de puertas a las 21:00, entradas a 15 euros) para seguir predicando la grandeza de un género, dice el primero, "que triste no es, por mucho que se diga". "En todo caso, muy duro. Y a veces melancólico. Y otras, lleno de diversión y picaresca"; íntimo y hondo, pero también, sin conflicto alguno, expansivo, nocturno y gamberro, "como la vida misma, ¿no?", dice Bartrina, que de pequeño se sabía todas las letras de los grandes, de Roberto El Polaco Goyeneche, de Edmundo Rivero, de su gran amigo Rubén Juárez, fallecido hace tres años, de Julio Sosa, por supuesto de Carlos Gardel, "antes de saber qué decían en realidad, así que no te digo nada cuando empecé a comprenderlas: ¡madre mía!".

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Solistas ROSS | Crítica

El gran maestro y los teloneros

Lo último