Cultura

Muere Juan Goytisolo, la voz del exilio permanente

  • El escritor fallece a los 86 años en Marrakech. El autor de ‘Señas de identidad’ ó ‘Reivindicación del conde don Julián’ deja una obra marcada por su espíritu disidente

El escritor Juan Goytisolo El escritor Juan Goytisolo

El escritor Juan Goytisolo / D.S.

"Cuando me conceden un premio, dudo de mí mismo. Cuando me declaran persona non grata, sé que tengo razón". La frase de Juan Goytisolo, fallecido ayer a los 86 años, retrata un espíritu heterodoxo, esquivo, disidente y siempre autoexiliado y presto a la polémica que, sin embargo, ha quedado instalado en el núcleo del canon literario español del siglo XX.

Delicado de salud desde hace un año y medio, cuando se rompió la cadera, el escritor murió en Marrakech, donde vivía desde 1996. El pasado mes de marzo sufrió un ictus que le fue minando cada vez más, hasta que la madrugada del sábado al domingo acabó con su vida, según explicó su editor desde 1984, Joan Tarrida.

La larga y prolífica carrera del novelista y ensayista nacido en 1931 en Barcelona fue reconocida por muchos de esos galardones a los que restaba importancia mientras se quejaba de que se los dieran casi siempre fuera de España. Le llegaron no obstante también en su país, aunque muy tarde, cuando realmente no los necesitaba ya para avalar sus méritos; entre los principales, el Premio Nacional de las Letras que obtuvo en 2008 y la coronación en 2014 con el Cervantes, máximo galardón de las letras en español que recogió saltándose a la torera el protocolo –vistió traje de calle, en lugar del ceremonioso chaqué– y lanzando guiños de adhesión a Podemos en su discurso.

"La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa", sentenció en ese discurso de aceptación del Cervantes, ya en 2015. "Al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacionalcatólico, no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez". "De nacionalidad cervantina", como le gustaba decir, Goytisolo se inscribió con rotundidad en ese españolísimo linaje de raros, herejes, apestados o incomprendidos al que pertenecieron muchos otros antes que él, entre ellos Fernando de Rojas, el Arcipreste de Hita, José María Blanco White, Américo Castro o Luis Cernuda.

Juan Goytisolo perteneció a una familia de origen vasco-cubana profundamente marcada por la literatura. Hermano del poeta José Agustín Goytisolo (1928-1999) y del novelista Luis Goytisolo (1935), con tan sólo 15 años el autor tenía ya por costumbre escribir tres novelas por verano, según confesó una vez. Antes de cumplir los 22 publicó la primera, Juegos de manos (1954), en plena dictadura, de la que fue un crítico acérrimo y que lo marcó a hierro desde niño: en 1938, un bombardeo del bando franquista sobre Barcelona en plena Guerra Civil mató a su madre. En 1955 publicó la segunda novela, Duelo en el paraíso, y dos años después se marchó a París, dejando atrás una España tradicional y conservadora que le repelía y a la que no dejaría de dedicar críticas feroces, tras las cuales se intuía, junto con su indisimulada vocación de ir a contracorriente o tal vez sólo por libre, un fondo herido.

En la capital francesa trabajó como asesor literario de la editorial Gallimard mientras terminaba su trilogía El mañana efímero y escribía obras como La Chanca, sobre el depauperado barrio de Almería, que nunca dejó de frecuentar y donde era tratado por sus vecinos, la mayoría gitanos, no como un escritor eminente sino como un amigo más. En París conoció a la también escritora y actriz Monique Lange, fallecida en 1996. Se casó con ella y, pese a la declarada homosexualidad del autor, fue ya siempre la mujer de su vida. Su carácter nómada lo llevó en 1969 a Estados Unidos, donde ejercería durante algunos años como profesor de Literatura en varias universidades de California, Boston y Nueva York.

Autor de más de medio centenar de obras, la mayoría traducidas al inglés, Goytisolo cultivó la novela, el ensayo, la literatura de viajes, el cuento y el memorialismo. Títulos como Campos de Níjar (1960), Fin de fiesta (1962) y una de sus obras míticas y de mayor impacto, Señas de identidad (1966), y, tras ellas, Juan sin tierra (1975), Disidencias (1977), Makbara (1980), Paisajes después de una batalla (1982) y Coto vedado (1985), donde habla abiertamente de su homosexualidad, lo ratificaron como un escritor difícil de clasificar y de ubicar en las letras españolas, no sólo porque su obra estuviera prohibida en España durante la dictadura.

Libros como el citado Duelo en el paraíso, Reivindicación del conde don Julián (1970), Crónicas sarracinas (1982), Las virtudes del pájaro solitario (1988), Carajicomedia (2000) y Telón de boca (2003) dejan también constancia de una obra que atraviesa géneros y fronteras y que llevó a muchos escritores jóvenes, rompedores o con inquietudes vanguardistas de hace no mucho -aquella ruidosa Generación Nocilla, por ejemplo- a reconocer como uno de sus maestros a Goytisolo, que como tantos hijos de la Guerra Civil practicó un realismo social más o menos convencional, aunque él abrazó luego una escritura más atrevida, heterodoxa e híbrida.

Defensor de los derechos de las mujeres, de los homosexuales, de los desposeídos del Tercer Mundo y de todas las minorías, el autor fue un célebre y militante descreído de todas las religiones, además de un apasionado defensor de la cultura árabe, lo que, junto a su autoexilio en Marruecos durante sus últimas décadas de vida (primero en Tánger y por último en Marrakech), lo convirtió en un símbolo del diálogo de la cultura española con todas las demás del arco mediterráneo. Según contaron ayer sus allegados, el escritor había dejado clara su voluntad de ser enterrado en Marruecos, pero no en un camposanto católico. La agencia Efe aseguró que Goytisolo recibirá sepultura en Larache (norte de Marruecos), por lo que no será repatriado a España.

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