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Neurosis familiar a ras de asfalto

Un fotograma del filme de la directora suiza Ursula Meier.
Manuel J. Lombardo

10 de noviembre 2009 - 05:00

Drama, Sui-Fra-Bel, 2008, 95 min. Dirección y guión: Ursula Meier. Fotografía: Agnès Godard. Intérpretes: Isabelle Huppert, Olivier Gourmet, Adelaida Leroux, Madeleine Budd. Cine: Alameda.

El primer largometraje de la suiza Ursula Meier se propone ya desde sus primeros instantes como una narración en clave alegórica con tintes de teatro del absurdo, sátira y mucho humor negro.

La familia protagonista vive a pie de una autopista vacía, una carretera muerta que les sirve de campo de juegos y de gran jardín privado para su experiencia de vida alternativa. Una cámara inquieta, fluida y observadora, cortesía de la gran Agnès Godard, habitual de Claire Denis, escruta los espacios abiertos, colores y horizontes del paisaje (con Jeff Wall en la retina) y se detiene en la cotidianidad de la familia, padre (Olivier Gourmet), madre (Isabelle Huppert), dos hijas y un hijo que parecen haber creado un pequeño oasis de armonía, libertad e independencia lejos del mundanal ruido, aislados en su pequeño e inmóvil pedazo de tierra.

Sin embargo, pronto llegarán a la autopista los operarios que anuncian su inminente apertura al tráfico. La familia sufre entonces los primeros síntomas de ansiedad, conscientes del final de su arcadia, preparándose para la invasión de la civilización exterior en forma de ráfaga, estruendo (el trabajo sonoro es excelente) y caravana de coches tras cuyas imágenes y movimientos no es difícil adivinar un guiño a Weekend, de Godard.

A partir de ese momento, la cinta mira paulatinamente hacia adentro, apaga sus tonos y encierra con ella a sus criaturas, que no encontrarán otra solución para protegerse que la de tapiarse literalmente en el interior de la casa como aquella otra familia a la deriva de El séptimo continente, de Haneke, o como el Michel Piccoli de la surreal y olvidada Themrhoc de Claude Faraldo.

Impecablemente puesta en imágenes y sonidos, Home ¿dulce hogar? funciona como metáfora sin que nunca quede del todo claro el objeto de la misma. Es precisamente su ambigüedad, su oscilación tonal, su coherencia conceptual, la que la hace más interesante si cabe, abierta como está a diversas interpretaciones sobre la alienación, el fracaso de las utopías libertarias, la dinámica de la resistencia o la neurosis familiar en el mundo contemporáneo.

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