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Nino Bravo, un eco que no se apaga

Música

Este domingo se cumple medio siglo del accidente de tráfico que le convirtió en mito con solo 28 años.

El legado del cantante ha encontrado un aliado en internet, donde sus canciones acumulan millones de oyentes

Nino Bravo (Ayelo de Malferit, 1944 - Villarrubio, 1973). / D. S.
Carlos Bazarra (Efe)

15 de abril 2023 - 10:26

El eco de la inconfundible voz de Nino Bravo crece sin freno 50 años después de su muerte, con un sinfín de homenajes y reivindicaciones hacia una figura de la cultura popular que ha marcado la banda sonora de varias generaciones y cuyo legado musical sigue imparable en plataformas virtuales y redes sociales.

Este domingo se cumple medio siglo del accidente de tráfico que le convirtió en mito con solo 28 años y lo hace nada menos que en el Año Nino Bravo declarado solemnemente en la Comunitat Valenciana, pero también repleto de conciertos y giras nacionales de tributo, el título de Hijo Adoptivo de Valencia y hasta un jardín con su nombre en la capital valenciana, donde también marca el ritmo festivo y emocional de dos de sus citas más populares, las Fallas y el fútbol.

Luis Manuel Ferri Llopis, que era su nombre real, nació en un pequeño pueblo del interior de Valencia, Aielo de Malferit, el 3 de agosto de 1944, pero allí solo vivió los dos primeros años de su vida antes de que su familia se asentara en Valencia, en la calle de la Visitación.

Allí creció el niño al que llamaban Manolito, que de adolescente empezó a trabajar en una joyería mientras apuntaba ya maneras en el cante melódico, según relatan sus biógrafos y recoge la web oficial del artista, para posteriormente formar con varios amigos Los Hispánicos y, después, Los Superson.

Ya como Nino Bravo -nombre artístico elegido por su entonces representante, aunque sobre este asunto no hay un criterio unánime-, el cantante editó cuatro discos entre 1970 y 1972: Te quiero, te quiero, Nino Bravo, Un beso y una flor y Mi tierra, aupado por compositores como Manuel Alejandro, Augusto Algueró y El Dúo Dinámico, y supo aprovechar su magnetismo en directo con actuaciones televisivas de gran audiencia y participaciones en festivales por España, Latinoamérica y Europa.

En esos apenas tres años se convirtió en un ídolo de masas tanto en España como en el extranjero, y no solo en la América de su célebre canción: sus canciones fueron editadas en países como Alemania, Francia, Angola, Turquía y Holanda, y aún hoy sigue siendo una de las voces españolas más influyentes, reproducidas e imitadas (no solo en karaokes) del mundo dentro del género melódico y latino.

Además, su imagen fue impoluta esos años: era un marido y padre de familia ejemplar, vestía y se peinaba a la moda de los primeros 70 y no protagonizó ninguna polémica relacionada con la política. Todo le sonreía, se sentía querido por doquier y afrontaba su vida con humildad pero también orgulloso de la cima que estaba escalando.

En 1973, Nino Bravo preparaba su quinto álbum de estudio y quería abrir una sala de fiestas en Valencia centrada en Julio Verne que, además, sirviera de plataforma para dar a conocer a artistas y grupos de esta tierra, como el dúo Humo, a quien iba a producir su primer disco en Madrid.

Viajaba precisamente con ellos y con su guitarrista y amigo Pepe Juesas cuando, en la madrugada del 16 de abril, su BMW se salió de la carretera a la altura de Villarrubio (Cuenca). Este pueblo, por donde antes pasaba la carretera N-III, tiene una calle con el nombre del cantante y un monolito junto a la Cruz de Nino Bravo, instalada junto al punto kilométrico donde tuvo lugar el accidente. El cantante sufrió unas heridas tan graves que le causaron pocas horas después la muerte en Madrid.

A su entierro, en el Cementerio General de Valencia, acudieron más de 10.000 personas, según sus biógrafos, y su muerte causó una gran conmoción en la cultura y la sociedad del universo latinoamericano, que desembocó en festivales y homenajes póstumos, además de la publicación de su último elepé de estudio que no sería sino el inicio de una inacabable riada de recopilatorios, discos de tributo, de versiones y hasta de remezclas para oyentes del siglo XXI.

Además de los millones de discos que ha vendido, la carrera musical de Nino Bravo ha encontrado otro aliado en internet, no solo por la posibilidad de escuchar en todo momento sus grandes éxitos, de recordar sus actuaciones en vivo o entrevistas durante sus tres años de gloria o de ensayar para el karaoke, sino por el uso imparable de sus himnos en redes sociales como Instagram o TikTok.

En Spotify acumula ya 1,3 millones de oyentes mensuales y 737.000 seguidores y su tema estrella es, con gran diferencia, Un beso y una flor, con 72 millones de reproducciones; le siguen Libre (26 millones), Noelia (19 millones), Te quiero, te quiero (17 millones) y Cartas amarillas (7 millones).

En cuanto a los vídeos, el de Un beso y una flor vuelve a dominarlos a todos en YouTube, con 100 millones de reproducciones entre los dos más visionados del artista valenciano: uno de ellos fue su único videoclip oficial, rodado en Baleares en 1972, aunque recientemente la Filmoteca de Valencia ha recuperado otro corto, hasta ahora inédito, con tres canciones grabado en 1971 por varias zonas de Madrid para su emisión en Argentina.

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