El futuro de la Orquesta Sinfónica de Sevilla

ROSS, una empresa sin dirección y en permanente quiebra técnica

  • El autor de esta tribuna de opinión, miembro del Consejo de Administración de la ROSS a propuesta de IU, reclama una reflexión sobre las recurrentes crisis en el seno de la orquesta

  • Ante la reunión este martes del Consejo de Administración de la Sinfónica, sostiene el autor, urge analizar por qué las administraciones no logran la rentabilidad del proyecto pese a su envergadura artística

John Axelrod dirige a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla durante el Concierto de Año Nuevo de 2017. John Axelrod dirige a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla durante el Concierto de Año Nuevo de 2017.

John Axelrod dirige a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla durante el Concierto de Año Nuevo de 2017. / Víctor Rodríguez

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Este martes 14 de nuevo se ha convocado a los miembros del Consejo de Administración de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) para ver qué se hace con su creciente déficit. Ahora la gobierna el Partido Popular (PP) desde la Junta de Andalucía, otros años le ha tocado al PSOE, desde la Junta o desde el Ayuntamiento de Sevilla. Poco o nada ha variado la gestión de uno u otro partido.

En ambos casos, quienes toman las decisiones al más alto nivel son representantes políticos que poco o nada saben de empresas de estas características y que, para colmo, no han sabido poner a una persona experta en la dirección-gerencia de una orquesta de tan alto nivel artístico como la Sinfónica de Sevilla. La ROSS se merece un buen profesional al frente de su gestión, que la saque del agujero donde la han metido el PSOE y el PP, que atraiga inversores y que gestione a la orquesta con visión de futuro partiendo del valor de su plantilla.

Que la orquesta de nuestra ciudad es de un altísimo nivel artístico nadie lo discute. Todos los medios de comunicación –locales o no– califican sus actuaciones con la máxima puntuación de sus críticos, así la dirija el estadounidense John Axelrod (su actual director artístico) o cualquier otro maestro invitado.

Pero a pesar de ello ninguno de sus propietarios –50% la Junta de Andalucía y 50% el Ayuntamiento de Sevilla– ha acertado a poner al frente de su gestión a una persona experta para sacarle rentabilidad a tan buen producto. Así es fácil entender que, año tras año, la empresa entre en quiebra técnica y sea salvada sólo por una operación de ingeniería financiera de última hora. Se pasa del apuro y hasta el año próximo que nos volveremos a ver...

Mientras esto pasa, una plantilla de indudable valor artístico, con músicos profesionales llegados de numerosos países y afincados en nuestra ciudad en su mayoría desde los años 90, se pregunta atónita cómo puede pasar esto año tras año sin que nadie ponga orden en este desaguisado. Cualquier empresario sabe que no hay nada peor para el devenir de una empresa que la falta de motivación de su plantilla.

Y en este panorama desolador, en el que urge sacar a esta empresa de la crisis financiera en la que se encuentra, la última ocurrencia del recién llegado dirigente del PP a las orquestas andaluzas no ha podido ser peor. Tras años consecutivos en los que un representante sindical de la plantilla ha venido participando en todas las reuniones del Consejo de Administración, ahora ha decidido dejar de invitarlo sin que sepamos aún qué pretende obtener con esta medida, más allá del tufillo antisindical que destila. En vez del diálogo se opta por el desprecio y la confrontación.

En este escenario urge que la nueva Corporación Municipal que surja el 26 de mayo de las urnas se tome en serio a su orquesta y podamos a partir de entonces disfrutar de verdad de esta maravilla que tenemos en el Paseo de Colón.

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