Carlos Navarro Antolín
Ese ratito diario del cura del Porvenir
Aventuras, EEUU, 2010, 140 min. Dirección: Ridley Scott. Guión: Brian Helgeland. Fotografía: John Mathieson. Intérpretes: Russell Crowe, Cate Blanchett, William Hurt, Max Von Sydow. Música: Marc Streitenfeld. Cines: Ábaco, Al-Andalus Bormujos, Aljarafe, Arcos, Avenida, Cervantes, Cineápolis, Cineápolis Montequinto, Cinesa Plaza de Armas 3D, Cinesur Nervión Plaza 3D, CineZona, Los Alcores, Metromar.
Aunque aparece en relatos populares desde el siglo XIV, Robin Hood es convertido en un héroe de la literatura de aventuras tras su aparición en Ivanhoe de Walter Scott (1820) y en Las alegres aventuras de Robin Hood de Howard Pyle (1883). El cine se lanzó sobre el personaje, dedicándole un centenar de películas serias, bufas, musicales, de animación o televisivas. De verdad de verdad, convincentes, gloriosos, magníficos, y por ello inolvidables por su heroísmo o su humanidad, Robin Hood sólo ha habido tres en la historia del cine: el de Douglas Fairbanks en 1922, el de Erroll Flynn en 1938 y el de Sean Connery en 1973. Los dos primeros fueron dirigidos por Alan Dwan y Michael Curtiz, dos de los más grandes artesanos de la historia del cine, y en ambos casos sus intérpretes fueron grandes estrellas en la cumbre de sus carreras. El de Fairbanks siguió a su triunfo en Los tres mosqueteros y precedió a El ladrón de Bagdad. El de Flynn fue rodado tras La carga de la Brigada Ligera y precedió a El Halcón del mar. El tercero, el bellísimo, romántico, melancólico y otoñal que interpretaron Sean Connery y Audrey Hepburn, fue el último fulgor genial de la carrera de Richard Lester, comparable en intensidad emocional a su anterior melodrama pop Petulia; y el magistral trabajo interpretativo que, tras La ofensa y Supergolpe en Manhattan de Lumet y El hombre que pudo reinar de Huston, afianzó la carrera de Connery como actor dramático tras abandonar a James Bond.
Grandísimas películas rodadas por grandísimos directores e interpretadas por grandísimos actores que figuran entre lo mejor, más popular y más recordado de la historia del cine. Por debajo de ellas viven o han sido olvidadas ese centenar de versiones. Entre ellas acabará esta adaptación de Ridley Scott a la que cabe augurar un éxito pasajero y un largo olvido. Como previsiblemente sucederá con casi toda su obra con excepción de Alien y Blade Runner por sus calidades, de Thelma y Louise por su curioso feminismo suicida y de Gladiator por su éxito y el giro (para mí indeseable) que ha dado al cine épico. Tras el fracaso de El reino de los cielos Scott parece haberse querido poner más serio, fundiendo la espectacularidad y el efectismo de Gladiator con un intento de retrato de personajes, situaciones históricas y sentimientos. No lo logra. Crowe vuelve a ser la caricatura de un héroe atormentado por su pasado (esta vez su infancia, no la caída en desgracia ante el nuevo emperador), que lucha por su libertad (en esta ocasión en los bosques de Sherwood y no en la arena de los circos) y por su amor (representado esta vez por una mujer viva pero casi tan inalcanzable como la fallecida esposa del gladiador) en un mundo convulso (no el Imperio Romano en el inicio de su caída, sino la confusa Inglaterra posterior al Rey Ricardo, en manos de Juan sin Tierra y acosada por sus enemigos del otro lado del Canal).
Cosida con retazos propios de Gladiator y de Blackhawk derribado y con retazos tomados prestados de Braveheart y Salvad al soldado Ryan, afectada por un feísmo oscurantista pseudo realista, dañada por los efectismos de cámara, ayudada por las buenas interpretaciones de un reparto caro y bien seleccionado, esta nueva incursión de Robin Hood en el cine no hará historia ni se convertirá en leyenda. En cuanto a presentar como novedad la humanización o desmitificación de los héroes, es algo que el cine viene haciendo desde hace medio siglo; y que en el caso de este personaje tendrá ya para siempre el rostro de Connery agonizando mientras Hepburn le hace una de las más bellas declaraciones de amor de la historia del cine. ¿Original? No. ¿Espectacular? Sí, pero con exceso de efectismo. ¿Emocionante? En ningún momento. ¿Personal? No. ¿Entretenida? Sí, pero lo habría sido más de durar menos.
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